martes, 8 de febrero de 2022

Ejercicio 4B - Iluminada

   

Iluminada

TEATRO 4

 

JAVIER y LAURA se encuentran en la calle. Cerca hay terraza. Son ex novios. Se encuentran por casualidad.

JAVIER. —¿Laura?

LAURA. —¡Javier! Qué sorpresa ¿Cómo te va?

JAVIER. —Bien, normal, sin novedades. Sigo en el mismo curro. Me cambié a la Guindalera. ¿Y tú? ¿Cómo te va? ¿Cuánto tiempo ha pasado, cinco años, no? ¿Sigues en Malasaña?

LAURA. —No. Me casé hace un año y vivo en una casita en Algete.

JAVIER. —¡Vaya! ¡Como los ricos, en un chalet!

LAURA. —Ya ves… No, nada ostentoso ni grande, solo queremos estar fuera del barullo de la ciudad cuando vengan los niños. ¿Y tú qué tal?

JAVIER. —(Mira el reloj) ¿Nos tomamos un café aunque no tengo mucho tiempo, pero… un ratillo y nos ponemos al día? (Se sientan en la terraza) Pues…yo, nada nuevo en el horizonte. Ya sabes que lo mío no es el compromiso, tal como me reprochaste cuando decidiste dejarme.

LAURA. —Dirás, decidimos. No íbamos a nada; nos aburríamos.

JAVIER. —¡Eh! ¡Habla por ti! Yo siempre me lo pasé bien contigo y hubiese seguido. ¿Recuerdas aquellos domingos en pijama todo el día y nuestras salidas a la sierra, nuestras exploraciones de pueblos en bici?

LAURA. —Ya lo creo que lo recuerdo: domingos enteros que no había quien te moviera del sofá, las idas a la sierra a comer a casa de tus padres, las rutas en bici donde me adelantabas y no te veía hasta que llegaba al pueblo… y también recuerdo otras cosas, como verte coquetear con cualquier escoba con pañoleta. (Ríe)

JAVIER. —(con tono zalamero y descaro) Bueno… Bueno… tus puntos de vista siguen un poco negativos ¿eh?; tú también tenías tus cosillas.

LAURA. — (ríe a carcajada) Ay, Javier, qué recuerdos me traen tus comentarios. Ese puntillo de sinvergüenza sigue ahí. Y, cosillas tenemos todos, es cuestión de sintonizar o no.

JAVIER. —Sí, cierto, pelillos a la mar, a estas alturas del partido…

LAURA. —¿Qué quieres decir? Ahora me río, pero entonces lo pasé mal con esas cosas y muchas otras en esa línea; al final lo daba de paso, esperando que cambiaras ¡Qué ilusa!

JAVIER. —Yo también lo pasé mal ¿qué te crees? No tienes el monopolio de la queja. Me hacías desplantes delante de tus amigas, en tono de humor sí, pero yo sabía que ahí estaba el reproche y tú quedabas como la reina que soportaba al inmaduro.

LAURA. —Quizás porque lo eras. No me digas que dejarme sola cuando ocurrió aquello. Todavía me indigno. Y traté de no tenerlo en cuenta.

JAVIER. —(Bajando la cabeza) Ya sabes que me arrepentí mucho de eso y te pedí perdón muchas veces. No te acompañé a Londres, reconozco que no me atreví, tampoco teníamos dinero para los dos billetes. Sí, sí ya sé que hubiese podido pedir un préstamo. Pero… Éramos muy jóvenes, aun estábamos en tercero de la uni, ni se me ocurría cómo, ni a quién recurrir.

LAURA. —Tienes razón, perdona tú, no sé porque he sacado esto, si ya es agua pasada y afortunadamente todo salió bien.

JAVIER. —Nos quisimos mucho…

(Aparece una mujer que JAVIER conoce) - ¡Hola Carolina! Disculpa, ya sé que me estaba retrasando, pero me encontré a…Te presento a Laura, somos amigos desde la facultad.

CAROLINA. —¡Ah! encantada… te he visto y me he acercado, a lo mejor interrumpo vuestra conversación, pero como habíamos quedado aquí cerca y no llegabas… En verdad, te he visto aquí porque ya me iba. Pensé que no habrías podido venir.

LAURA. —Qué típico que se entretenga y llegue tarde.

JAVIER. —Bueno, si queréis me voy y así me ponéis verde sin problemas. Yo iba con tiempo de llegar puntual, ha sido una casualidad…

CAROLINA. —No creo que haya problema alguno en ponerte verde en vivo y en directo.

(Las dos ríen con ganas)

JAVIER. —¡Vaya eso me pasa por torpe! Por dar ideas (Ríe) Aquí hay que tener cuidado porque se dispara a quema ropa.

LAURA. —si lo pones a huevo, sí. Bueno, no está bien hacer leña del árbol caído.

JAVIER. —Al menos os compadecéis.

CAROLINA. —No sé Laura, yo desde luego no. Llevaba un cuarto de hora esperándole.

LAURA. —Os conocéis hace poco por lo que veo; un cuarto de hora es algo muy natural, dentro de lo que él llama puntualidad. (Ríe)

JAVIER. —Sí, eso es cierto, tenemos criterios diferentes con la puntualidad. Sois muy estrictas; un cuarto de hora arriba abajo no va a ninguna parte.

LAURA. —Bueno, he de reconocer que la flexibilidad es un valor. Mira, hemos podido, gracias a eso, saludarnos y he averiguado que no hay nada nuevo, que aquel chico de la uni sigue ahí tal cual.

JAVIER. —Ay, una de cal y otra de arena, como en nuestros mejores tiempos ¡Eh?

(JAVIER y LAURA ríen con el chiste privado)

CAROLINA. —En fin… yo me voy, creo que tenéis mucho que hablar.

LAURA —No, no. La que se va soy yo; tengo cosas que hacer y vosotros habíais quedado.

JAVIER. —Quedaros las dos. Siéntate Carolina y nos tomamos algo los tres.

LAURA. —No. En serio, tengo que irme. Que os vaya bien.

JAVIER. —Como quieras, me ha gustado verte.

LAURA. —Y a mí, aunque no lo parezca.

(Se despiden, CAROLINA Y JAVIER se quedan)


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