miércoles, 23 de marzo de 2022

ejercicio 10 - REESCRITURA - JUANA

Ejercicio 10 - REESCRITURA - JUANA

 

SIN TÍTULO borrador de José Manuel Higes. 

Comentario

Se echa en falta info sobre edad del hijo (si adolescente o adulto) y sobre por qué la madre tiene pedrada con la hora. Info sobre lugar y situación. Detalles concretos sobre espacio, personajes, momento vital o temporal... que los acerque al lector, los haga más cercanos, menos fríos.

La relación madre - hijo no presenta ningún cambio, ni alternancia ni evolución: todo el rato es tú eres tonto por parte de ella; y tú me dejas en evidencia y te mataría, por parte del hijo.

Me gustaría más info sobre la pedrada del hijo, de dónde le viene y qué quiere.  Y también más detalles del porqué la madre ve de ese modo al hijo. Si es que lo odia, lo desprecia, le da igual... Qué le ha hecho el hijo en el pasado a la madre para mostrar ese desapego hacia él. O qué no ha hecho.

Como la relación es entre madre e hijo, es decir, una relación muy fuerte y potente, se podría jugar a la conexión y desconexión, que haya algún momento de acercamiento, de cierta intimidad o detalle de ternura aunque sea fugaz... Y también alguna broma inocente, una acción cotidiana que sirva para reírse los dos juntos de algo o de alguien, de un tercero que los haga cómplices momentáneamente.

 El juego de la hora asociada a personas concretas, me resulta muy interesante y sugerente. Igual podía estirarse este hilo y darle más cuerda a quiénes son esas horas y personajes y llevarlo más lejos, a abrir historias dentro de la historia y relaciones paralelas con la madre o con el hijo o con otros. Igual no hay que amontonar tantos personajes con sus horas, y en cambio contar más de dos o tres de ellos, con sucesos vinculados a ellos dos y a su pasado.

Y no sé cuál podría ser la manera de llegar a un cierre de la historia, al objetivo. Pero sí falta un punto de llegada, aunque no haya una resolución.

 


Ejercicio 10- Reescritura (opinión texto JM)- Rocío de Juan


Enlace al texto corregido 


ANÁLISIS PARA REESCRITURA

1.      ¿Tema? ¿Qué quiero contar?

La idea más interesante que veo en el relato es la de que existe un mundo del que el narrador no parece ser consciente. Él es una especie de narrador no fiable (por ingenuo), que no termina de enterarse, y que a pesar de que vive en un mundo de coordenadas reales (son las diez de la mañana, un reloj sintonizado por satélite), no percibe otros elementos no menos reales, pero muchos más sutiles; los que, sin embargo, sí que es capaz de captar, por ejemplo, el imbécil de Guillermo. El tema está aquí en quién es el verdadero ciego o el verdadero loco, o quizá el contraste entre el mundo de las percepciones y el mundo de lo tangible.

 

2.      ¿Estructura? ¿Qué estructura estoy usando? ¿Qué aspectos positivos tiene?

Veo descompensada la estructura. El inicio me lleva a una historia que no es la que al final se cuenta. El verdadero meollo llega cuando la madre hace enumeración de las horas, y el hijo se da cuenta de que utiliza los nombres de los vecinos. Ese es el quid del relato, porque el narrador empieza a atisbar la lógica que está aplicando su madre.


3.      ¿Problemas en la estructura? 

Hay dos párrafos muy extensos, que merece la pena dividir. Echo de menos más detalles de los vecinos.

4.      Personajes: ¿Está bien construida la voz? ¿Están bien construidos los personajes?

Hay que pulir la voz del narrador. Sobra el personaje de Marisa (para mi gusto, sobra toda la anécdota de los reyes magos, no le veo el aporte). Más que un personaje crédulo, haría del narrador un personaje empírico, para contrastarlo con el mundo intuitivo de su madre. Eso implica corregir también las palabras que le dirige su madre al inicio.

5.      Observaciones:

a.      Las menciones al mandoble y a la taladradora respecto a asesinar a la madre son muy pasionales, buscaría algo más cerebral si se le quiere dar una vuelta al personaje narrador.

b.      “Para ir de compras es mejor la hora Javier, porque como es policía, no pueden robarte el dinero. Tú siempre ibas a la frutería en la hora Guillermo y te engañaban como al tonto que eres”. Este comentario y otro que hace al inicio definen mucho el pensamiento que tiene la madre acerca del hijo. Me planteo qué edad tiene este, por qué aguanta este tipo de comentarios, cómo se siente con una madre viuda y excéntrica. He tenido la sensación en algún momento de la conversación de que ella pretende retenerle, que su intención es darle “pautas” de comportamiento usando a los vecinos como modelos, lo cual me parece muy original. Pero me parece cruel e innecesario que le llame tonto o crédulo. Me parece importante trabajar cómo es la relación madre-hijo, porque en realidad es el soporte de toda esta historia.

c.      Unido a lo de arriba, habría que justificar la hora Manolita de la madre. ¿Es que llega su momento? ¿Considera que él ha aprendido la lección? ¿O estaba enferma? La muerte de la madre no debería ser arbitraria, me parece.

Una idea muy original.


martes, 22 de marzo de 2022

EJERCICIO10 CORREGIR UN RELATO Aurora Palomo

CORREGIR UN RELATO Aurora Palomo



Tema: Convivencia o no entre un hijo con una sexualidad ambivalente y una madre manipuladora, peculiar que no le tiene mucho aprecio al hijo, la comunicación entre ellos es conflictiva. Y la muerte como telón de fondo.


Estructura del relato es en red, no hay conflicto. Con muchas metáforas y  subtextos en la historia. Muy ingenioso llamar a las horas con los nombres de los vecinos y vecinas.


Voz de los dos personajes están bien construidas, con humor un poco cínico. La personalidad del hijo está desvaída, ha desarrollar.


Narrador  en primera persona, poco fiable.


Ritmo muy bueno, se lee queriendo saber más.


Diálogos ágiles y frescos.


Intensidad va creciendo con el relato, aunque el final lo encuentro muy frío, el hijo no expresa sentimientos.


He tachado las partes y florituras que creo mejorarían el texto. Lo del semen me parece muy explícito. ¿Dónde se encuentran? ¿El hijo sigue viviendo con la madre o está de visita? ¿La copistería es su negocio? Muchos ¿Qué hora es ahora?



Relato corregido


SIN TÍTULO.


 

(Eran) Dieron las diez cuando (alguien) (Era) mi madre, que siempre me contradecía, me dijo que no eran las diez. (Reestructurar la frase)

—Pero mamá, el reloj(electrónico) marca las diez, y es() (un reloj electrónico) sintonizado con el satélite —le dije con voz condescendiente. Aunque por dentro me daban ganas de (comprar un mandoble y decapitarla muy despacio) (Reescribir las frases). Decapitarla con un mandoble. 

—Satélites, satélites, siempre has sido un crédulo, como con los reyes magos, hasta los dieciséis creyendo en esos payasos barbudos, y ahora en satélites. No son las diez y punto.

— ¿Ah no? ¿Y qué hora es? —Lo de los reyes magos era un golpe bajo. (Siempre) Se lo contaba a todo el mundo, (y a veces lo) adornándolo con detalles de mi vida sexual. Por ejemplo, cuando le presenté a Marisa le dijo que con dieciséis años, la noche de reyes, manché las sabanas (de semen) porque tenía (unas) fantasías eróticas (muy turbias). Desde ese día, mi relación con Marisa fue cuesta abajo, incluso me preguntó si quería que se pusiera barba blanca o se pintara la piel de negro cuando nos lo montáramos. Así era mi madre y por eso, lo del mandoble estaba plenamente justificado—. Venga, ¿qué hora es ahora, Mamá?

—Pues cual va a ser, la de toda la vida, la de siempre, la hora que siempre ha sido.

—Pero tendrá un número, ¿no? La una, las dos, las siete y cuarto…

—Números, números, las horas no tienen números, esos son tonterías y fantasías, las horas tienen nombre, como tú y como yo.

—Mamá, por Dios.

—Ni mamá, ni dioses, esta hora es la hora de siempre y se llama Maricarmen.

—Maricarmen, ¿como la vecina del segundo? ¿La que está liada con un universitario con acné?

—(Es que es) Sí, la vecina del segundo. Las horas tienen vida propia, (y esta horas de) ahora mismo, de toda la vida, es Maricarmen. La vecina del segundo, tan golfa ella y tan mala cocinera, (un poco zorra, y) muy descarada, con ganas de juerga, pero al final sola, triste y amargada como el café torrefacto.

—Dices unas cosas mamá, entonces siempre es la hora Maricarmen, ¿a todas horas es la hora Maricarmen?

—Pues no, también está la hora Javier, la hora Andrea, la hora Guillermo y por supuesto la hora Manolita. La hora Manolita es la peor, en la hora Manolita murió tu padre.

Me quedé mirándola sin saber si reír, llorar o llamar al psiquiátrico. Todos los nombres eran de vecinos y vecinas. Javier era el del séptimo, un policía retirado que jugaba a la petanca, se emborrachaba y hacía juegos de magia a los niños del parque, Andrea era nuestra vecina de enfrente, propietaria de una papelería, una mercería y una tienda de animales, mi padre siempre dijo de ella que podría venderle al diablo un mechero (nuevo) (viejo), Guillermo era el imbécil del segundo, se empeñaba en decir que éramos novios porque de niño le había regalado mi colección de cromos de monstruos japoneses. Y Manolita, la del primero,  Manolita era un tema aparte, de Manolita no se hablaba en mi casa nunca. Era siete años mayor que yo, y tenia un aire risueño, y una tendencia a mordisquear su pelo pelirrojo. Una vez, con catorce años, le dije a mi madre que me había encontrado a Manolita en el ascensor y que me había dicho que estaba a punto de terminar psicología y mi madre me soltó una bofetada, así, sin más, (luego) me dijo que nunca hablase de Manolita delante de ella y luego se encerró en el dormitorio de matrimonio. (a solas. y ya) Nunca más hablé de Manolita. Lo único que sé, es que cuando murió mi padre, no vino al tanatorio, lo cual me sorprendió, porque vino hasta el imbécil de Guillermo.

—Mira mamá, son las diez, la hora de (que me vaya) ir a la copistería, ¿te vienes o no?

—A la hora Maricarmen no es bueno ir(se) a la copistería, la hora Maricarmen es buena hora para desayunar con tu madre.

—Pero si yo ya he desayunado, Mamá


—Para ir de compras (a) es mejor la hora Javier, porque como es policía, no pueden robarte el dinero. (Tu siempre)  En la hora Guillermo ibas a la frutería  y siempre te engañaban, como (a) el tonto que eres.(Reescribir)

—En fin, Mamá, me voy —le dije, porque sabía que iba acabar (yendo a la caja de herramientas, sacando la taladradora y)(floritura) haciendo un disparate. Me puse el abrigo y me dirigí a la puerta.

—Jorge —me llamó.

—¿Qué, Mamá?

—Sólo decirte que cuando (vuelvas) (regreses), volverá a ser la hora Manolita —lo dijo sin mirarme, con la vista clavada en el retrato de mi padre. Pude distinguir un destello de odio o furia en sus ojos. (Cómo puede distinguir el destello, si no lo mira)(reestructurar la frase)

—Lo que tú digas, Mamá —y me largué. Fue la última vez que la vi con vida.

Lo curioso es que esa tarde, mientras venían los de la ambulancia, se me acercó Guillermo y (me) juró que había visto a Manolita entrar en mi casa por la mañana.

—¿A qué hora? —le pregunté.

—Justo después de la hora Maricarmen —me dijo el imbécil y me plantó un beso en la mejilla, que no aparté.


lunes, 21 de marzo de 2022

Ejercicio 10. ATREVIMIENTO, DESAFÍO, OSADÍA. Purificación Mallén

 SIN TÍTULO. 

  

Eran las diez cuando alguien me dijo que no eran las diez. Fue mi madre. que siempre me contradecía. 

—Pero mamá, el reloj marca las diez, y es un reloj electrónico sintonizado con el satélite —le dije con voz condescendiente.,aunque por dentro me daban ganas de comprar coger un mandoble y decapitarla. muy despacio. 

¡Satélites, satélites, siempre has sido un crédulo!, ,como con los reyes magos. Hasta los dieciséis creyendo en esos payasos barbudos, y ahora en satélites. ¡No son las diez! Y punto. 

Lo de los reyes magos era un golpe bajo. Siempre Se lo contaba a todo el mundo, y a veces lo adornaba con detalles de mi vida sexual. Por ejemplo, Cuando le presenté a Marisa le dijo que, con dieciséis años, la noche de Reyes, manché las sábanas de semen porque tenía unas fantasías eróticas muy turbias. Desde ese día, mi relación con Marisa fue cuesta abajo, incluso me preguntó si quería que se pusiera barba blanca o se pintara la piel de negro cuando nos lo montábamos. Así era mi madre. y por eso, lo del mandoble estaba plenamente justificado—.  

— ¿Ah no? ¿Y qué hora es? Venga, ¿qué hora es ahora, Mamá? pregunté alterado. 

—Pues cuál va a ser, la de toda la vida, la de siempre, la hora que siempre ha sido. 

—Pero tendrá un número, ¿no? La una, las dos, la siete y cuarto… 

—Números, números, las horas no tienen número. Eso son tonterías y fantasías. Las horas tienen nombre, como tú y como yo. 

—Mamá, por Dios. 

—Ni mamá, ni dioses. Esta hora es la hora de siempre y se llama Maricarmen. 

—Maricarmen, ¿como la vecina del segundo? ¿La que está liada con un universitario con acné? 

—Es que es la vecina del segundo, las horas tienen vida propia, y esta hors de ahora mismo, de toda la vida, es Maricarmen, la vecina del segundo, tan golfa ella y tan mala cocinera, y un poco zorra, y muy descarada y con ganas de juerga, pero al final, sola, triste y amarga sola y amarga, como el café torrefacto. 

Dices unas cosas mamá, Entonces siempre es la hora Maricarmen, ¿a todas horas es la hora Maricarmen? 

—Pues no, también está la hora Javier, la hora Andrea, la hora Guillermo y por supuesto, la hora Manolita., la hora Manolita es la peor, en A la hora Manolita murió tu padre. 

Me quedé mirándola. sin saber si reír o llorar o llamar al psiquiátrico.  

Todos los nombres eran de vecinos y vecinas. Javier era el del séptimo, un policía retirado que jugaba a la petanca, se emborrachaba y hacía juegos de magia a los niños en el parque. Andrea era nuestra vecina de enfrente, propietaria de una papelería, una mercería y una tienda de animales. Mi padre siempre dijo de ella que podría venderle al diablo un mechero nuevo. Guillermo era el imbécil del segundo, se empeñaba en decir que éramos novios porque de niño le había regalado mi colección de cromos de monstruos japoneses. Y Manolita, la del primero, Manolita era un tema aparte, de Manolita no se hablaba en mi casa nunca. Era siete años mayor que yo, y tenía un aire risueño, y una tendencia a mordisquear su pelo pelirrojo, una vez, Con catorce años, le dije a mi madre que me la había encontrado en el ascensor y que me había dicho que estaba a punto de terminar psicología. Mi madre me soltó una bofetada., así, sin más, Luego me dijo que nunca hablase de Manolita delante de ella y luego se encerró en el dormitorio. de matrimonio, a solas. y ya nunca más hablé de Manolita. Lo único que sé, es que Cuando murió mi padre, Manolita no vino al tanatorio., lo cual me sorprendió, porque vino hasta el imbécil de Guillermo. 

—Mira mamá, son las diez, la hora de que me vaya a la copistería, ¿te vienes o no? 

—A la hora Maricarmen no es bueno irse a la copistería,  la hora Maricarmen Es buena hora para desayunar con tu madre. 

¿Mejor a la hora Javier?Pero si yo ya he desayunado, Mamá 

—No, la hora Javier es la mejor hora para ir de compras, porque, como es policía, no pueden robarte el dinero. Tú siempre ibas a la frutería en la hora Guillermo y te engañaban como al tonto que eres. 

—En fin, mamá, me voy —le dije, pensando de nuevo en el mandoble porque sabía que iba acabar yendo a la caja de herramientas, sacando la taladradora y haciendo un disparate. Me puse el abrigo y me dirigí a la puerta. 

—Jorge —me llamó. 

—¿Qué, Mamá? 

—Sólo decirte que cuando vuelvas volverá a ser será la hora Manolita —lo dijo sin mirarme, con la vista clavada en el retrato de mi padre. Pude distinguir un destello de odio o furia en sus ojos. 

—Lo que tú digas, Mamá —y me largué. Fue la última vez que la vi con vida. 

Lo curioso es que Esa tarde, mientras venían los de la ambulancia, se me acercó Guillermo y me juró que había visto a Manolita entrar en mi casa por la mañana. 

—¿A qué hora? —le pregunté. 

—Justo después de la hora Maricarmen —me dijo, el imbécil y me plantó un beso en la mejilla que no aparté.