martes, 8 de febrero de 2022

EJERCICIO 4 C) RELATO Aurora Palomo

EJERCICIO 4 C)  RELATO  Aurora Palomo


EL COCHE



A ella le encantaba ir a trabajar y dar algo de cariño a las personas que cuidaba, pero ese día no quería ir. María había luchado por descansar el día de San José, pues celebraba el santo de su novio. Estuvieron toda la tarde en la cafetería que tanto les gustaba, porque allí fue donde se habían conocido. 

No consiguió que le dieran el día libre.  Trabajaba en el turno de noche  del geriátrico que estaba en la salida norte de la ciudad. Allí, a las 21,30  José Ramón, su novio, la dejó en la puerta principal. El coche, un Jeep blanco nuevo, era la alegría de María, que lo había comprado con su primer sueldo, aunque su novio lo conducía llevándola y recogiéndola del geriátrico.  Él lo usaba para su trabajo. Se despidieron con un beso y una sonrisa. José Ramón salió del aparcamiento apresurado. 


María, con la cara seria y arrastrando los pies  entró en la sala de estar de enfermería. Allí estaban ya Nieves y Sara, que con ella completaba la plantilla de la noche.

Sonó el teléfono, Nieves le dijo es para ti y le entregó  el auricular a María, su cara  iba  cambiando de color, del rojo al blanco, mientras estaba escuchando la voz que le hablaba.  Cuando colgó les dijo a sus compañeras que su madre había tenido un desmayo y que iba a ir a ver que ocurría.

Se cambió el uniforme por ropa de calle,  intranquila, montó en el taxi que había llamado y le dio una dirección, cuando llegaron no vio su coche y le dijo que fueran a otro sitio. Allí tampoco estaba el coche y le dio otra dirección. María iba contenida y crispada, aunque el taxista que de vez en cuando la miraba por el espejo retrovisor, la notaba tranquila. Cuando el taxi iba por las grandes avenidas vio el Jeep en sentido contrario y le dijo al taxista que diera la vuelta y siguiera a aquel coche. Al llegar al primer semáforo en rojo,  pagó  y sin esperar vuelta, se dirigió al coche, la puerta tenía el seguro echado y golpeo el cristal. 


José Ramón con cara asustada, abrió la puerta asombrado y le preguntó que qué hacía allí. Ella le contestó —tú ya lo sabes. Reyes me llamó al trabajo para pedirme explicaciones de dónde estabas y que te dejara tranquilo. ¡Hasta aquí! ¡Me juraste que todo eso se había terminado! ¡Me lo juraste! Y con rabia siguió diciendo— Así que solo quiero que me des las llaves de mi coche y desaparezcas de mi vida. 

Él comenzó a dar explicaciones absurdas, que mañana le entregaría el coche, que ella estaba muy nerviosa y podía tener un accidente, que si tenía papeles del trabajo en el maletero, que todo se había terminado con la otra… Si has terminado con la otra ¿qué hace ese regalo ahí? Señalando un paquete envuelto en papel de regalo. Cogió el paquete, que estaba en el asiento de atrás y lo revoleó fuera del coche. María seguía diciéndole enfadada—dame las llaves de mi coche y desaparece de mi vida. 


José Ramón cada vez  más nervioso, bajó del coche con las llaves en las manos y recogió el paquete. Aparcó al lado de la acera, no había ni un alma por allí. A José Ramón nada le estaba saliendo bien esa noche, también había discutido con Reyes. Todas las mentiras y la doble vida le estaban explotando en los intestinos, que le sonaban ruidosamente. No quería dejar a ninguna de las dos mujeres. No conseguía que María entrara en sus razones, solo escuchaba el soniquete—dame las llaves de mi coche y desaparece de mi vida. 

Estuvieron un tiempo discutiendo, cuando José Ramón comenzó a quejarse y a decirle que lo habían liado, que no quería romper con ella y  que él a quién quería era a ella. Al oírlo, María se revolvió en el asiento como una serpiente y con rabia  le clavó las uñas en la cara,  dejándole  tres  marcas

—no mientas más, deja de jugar con mis sentimientos. Devuélveme mi coche y olvídame.

Comprendiendo que ya todo estaba perdido, a las doce de la noche José Ramón aparcó el coche en la puerta del geriátrico, abrió el portón del maletero, cogió las dos cajas de papeles del trabajo y le entregó las llaves a María que sin mirarlo entro en el edificio.

Cuando María llegó al vestuario su respiración era entrecortada,  se sentó en una banqueta, soltó toda la tensión gritando en silencio y golpeando con los puños al aire. Poco a poco fue serenándose. Se lavó la cara, se maquilló levemente y caminó hacia  el puesto de enfermería, al llegar, la máscara de  paz reinaba en su cara y les dijo a sus compañeras— Bueno, mi madre está bien, solo ha sido un susto, una bajada de tensión al dejar el coche. Ya está todo en orden. 

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