ENCUENTRO POST
JUBILADOS
Escena: Hall de una
gran empresa. Al fondo, ocupando casi toda la pared color garbanzo, el nombre
de la empresa en color cian. Delante, un mostrador de madera de roble
custodiado por plantas de un verde
exuberante. A la derecha, en hilera, algunos sillones tapizados en color cian,
entre los que han insertado dos mesitas también de roble. El suelo de mármol
travertino refleja las siluetas.
Personajes: ANSELMO, FEDERICO y JOSEFINA
(Anselmo da una vuelta mirando con interés la decoración. Enseguida
entra Federico)
FEDERICO.- Hombre, Anselmo ¡Cuánto tiempo! (sonriendo le estrecha la mano con energía)
ANSELMO.- Federico, ¡por Dios! Estás igual (sacudiéndole la mano y devolviéndole la
sonrisa)
FEDERICO.- Me sigo cuidando, ya me conoces, nada de excesos.
ANSELMO.- Siempre has sido un figurín, el ligón (suelta una carcajada)
FEDERICO.- Nunca he dejado de hacer deporte y eso se nota,
pero uno ya no está como antes.
ANSELMO.- Me enteré de lo de tu mujer, pero… como ya habían pasado varios meses, tuve dudas
sobre si llamarte o no y al final, ya sabes, las cosas se dejan y no se hacen.
FEDERICO.- Si, fue un palo duro. Después de cuarenta y cinco
años de matrimonio me dejó solo. Muy solo.
ANSELMO.- Si debe ser terrible, yo no quiero pensar que le pasara lo mismo a mi Angustias,
vamos… que prefiero irme yo antes que ella.
(FEDERICO vuelve la cabeza en busca de más compañeros, pero no hay
nadie más)
FEDERICO.- Bueno ¿tú sabes para que nos han convocado?
ANSELMO.- No tengo ni idea, a lo mejor es para darnos otro
reloj. El que nos dieron en la jubilación ya tiene diez años y el mío ha dejado
de funcionar.
FEDERICO.- ¡Hombre! cámbiale la pila (y se ríe).
ANSELMO.- Pues a lo mejor va a ser eso, como de esas cosas
se encarga Angustias, yo ni idea.
FEDERICO.- Claro, yo en cambio, me tengo que ocupar de todo.
ANSELMO.- No me digas que no te has echado una novía.
FEDERICO.- Bueno si,
pero es distinto, no es como tu mujer.
ANSELMO.- Claro, seguro que es más joven y está más buena.
FEDERICO.- Pues mira, ya que lo dices sí. Tiene diez años
menos y me tiene entregado.
ANSELMO.- Ya te entiendo. Así estás que pareces un chavalín.
Ten cuidado que los años están ahí y por mucho que queramos revestirlos con
pastillitas… asoman cuando menos te lo esperas.
(FEDERICO vuelve a mirar hacia atrás y ve entrar a JOSEFINA)
FEDERICO.- Josefina ¡qué alegría verte! Estás guapísima (se acerca a ella y le da dos besos).
JOSEFINA.- ¡Ay este Federico! Siempre tan adulador…
FEDERICO.- Es la verdad, yo te veo así.
ANSELMO.- Ven a mis brazos Josefina, dame dos besos (la agarra del brazo para acercarla a él).
JOSEFINA.- Hola Anselmo ¡qué efusividad! Veo que los años no
te han amainado.
ANSELMO.- Qué va, si me vieras, soy un tigre.
JOSEFINA.- (riéndose) Mejor
no te veo.
FEDERICO.- Hemos pasado buenos tiempos aquí. ¡Qué recuerdos!
Anselmo, tú llevabas Radares y yo Comunicaciones.
ANSELMO.- La de viajes que hemos hecho con motivo de las
averías en aquellas tartanas, porque coches, lo que se dice coches, no los
podíamos llamar.
JOSEFINA.- ¡Y Lo que han escuchado mis oídos en aquellas
líneas! Cuando tenía que conectar las llamadas en esa centralita que ya era
antigua cuando llegué. Hoy debe estar en
el museo de historia, cogiendo polvo.
ANSELMO.- ¡Y fuera de la centralita! Que tú siempre has
estado mu buena.
JOSEFINA.- Mira, tigre de Bengala, déjate ya de historias
que lo nuestro se enterró junto con la centralita.
FEDERICO.- O sea que vosotros… Y yo sin enterarme. En fin (se oyen voces a lo lejos) voy a saludar
a los demás que ya escucho que llegan.
ANSELMO.- Si, vamos todos (cogiendo a Josefina de la cintura para ir juntos).
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario