miércoles, 9 de febrero de 2022

4C.- Relato MªCarmen Gamero

 

4C.- Relato

¿Cuántos espías?

Juan disfrutaba en la granja que su padre cuidaba con esmero. La producción le daba justo para las necesidades básicas con pocos extras, por este motivo no lo dejaba aproximar al gallinero cerca de los huevos.

Pero el chico de 8 años era muy curioso e imaginaba cómo sería por dentro, más aún cuando en la escuela la profesora les dijo:

—¡Los del gallinero expulsados de clase diez minutos!

Una valla metálica lo cercaba y una encina daba parte de sombra al tejado antiguo. Pensó que su padre aventaba los animales por la mañana temprano porque alborotaban demasiado. Imaginaba sillas pequeñas donde se sentaban, igual que sus compañeros de clase.

Harto de imaginar, decidió esconderse detrás del árbol para vigilarlos después de que su padre las encerrara. Las oía cacarear, esperó dos horas, hasta que dejaron de hacer ruido. Pensó que al día siguiente no saldrían porque se habían portado muy bien.

Sin embargo, a la misma hora, fueron empujadas al corral y, engañadas con comida mientras el padre robaba los huevos. Repitió lo mismo todos los días durante una semana. El último día, se asustó al ver acercarse a un zorro que curioseaba alrededor.

El animal solitario bordeaba con sigilo la alambrada de aquellas ruidosillas. Juan salió de su escondite para hacerle compañía. Lo llamó bajito para no despertarlas y solo consiguió que se alejara con velocidad.

Su padre lo observaba, tras la cortina con motivos florales que cubría la ventana de la rústica cocina, con la luz apagada evitando ser descubierto.

Al día siguiente cuando fue a la escuela, la profesora se disponía a invitarlos a salir otra vez al pasillo interrumpida por Juan que gritó:

—¡Ponga una valla!

La profesora se extrañó del comportamiento del chico, y siguió la clase sin dar más importancia. El jefe de estudios se presentó en clase rodeando a los alumnos con mal comportamiento y éstos se quedaron paralizados.

Entonces, Juan pensó en voz alta:

—¡Es el zorro!

Todos miraron al niño con espanto mientras él pensaba que su comentario era correcto. Después de la reunión de profesores decidieron vigilarlo por si existía algún problema de salud o alteración del comportamiento del que no se hubieran percatado antes. Para ello, un profesor daba la clase, y otro miraba sentado al lado como ayudante

De vuelta a la granja, se escondió detrás de la encina y esperó hasta que de nuevo apareció el curioso zorro. Llevaba un trozo de pan y poco a poco se hicieron amigos.

Un frio atardecer, Juan quiso que su nuevo amigo encontrara refugio con las gallinas. Abrió la valla, se alborotaron al verlo y huyeron despavoridas. Así tuvo la oportunidad de descubrir cómo era por dentro.

No encontraba las sillas, sí varios maderos atravesados, agujeros con huevos y mucho excremento. El zorro rompió varios, uno de los cuales tenía unas plumas dentro. Ante el jaleo, el padre corrió para encontrar por sorpresa a los dos amigos.

Juan dejó de espiar a las gallinas y se alejó del zorro por prohibición de su padre, aun pensando que, si los niños podían sentarse en el gallinero, porqué él no podía estar allí.

En la escuela seguían observando su comportamiento hasta el día en que las familias conversaban con los profesores. Uno de ellos le dijo al padre que su hijo lo insultó llamándole zorro. La tutora se quejó porque dijo que encerraran a los demás con una valla.

El padre de Juan, sorprendido ante esta actitud insospechada de su hijo, lo cogió del brazo con firmeza para que pidiera disculpas y explicara el motivo de sus comentarios.

—Papá, no me dejas entrar en el corralito, y la seño dice que los del gallinero se tienen que callar o salen al pasillo, y...

Una carcajada general sonó en la sala de reuniones con la cara de sorpresa del niño. El padre lo llevó de vuelta a casa sin parar de reír. Al día siguiente en clase, la profesora les mostró como era una granja y le explicó el motivo por el que los comparaba con un gallinero.

Se cree que algunos no entendieron nada. Lo cierto fue que Juan, esa noche, volvió detrás de la encina y, al ver acercarse al zorro, le susurró que no las molestara porque el gallo les enseñaba a no romper los huevos.

 

 

1 comentario:

  1. Sé que tiene conflicto. Hice 4 y solo me ha gustado un poco éste. Va de espías, eso sí, creo.

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