4C.- Relato
¿Cuántos espías?
Juan disfrutaba en la granja que su padre cuidaba con
esmero. La producción le daba justo para las necesidades básicas con pocos
extras, por este motivo no lo dejaba aproximar al gallinero cerca de los
huevos.
Pero el chico de 8 años era muy curioso e imaginaba cómo
sería por dentro, más aún cuando en la escuela la profesora les dijo:
—¡Los del gallinero expulsados de clase diez minutos!
Una valla metálica lo cercaba y una encina daba parte de
sombra al tejado antiguo. Pensó que su padre aventaba los animales por la
mañana temprano porque alborotaban demasiado. Imaginaba sillas pequeñas donde
se sentaban, igual que sus compañeros de clase.
Harto de imaginar, decidió esconderse detrás del árbol para
vigilarlos después de que su padre las encerrara. Las oía cacarear, esperó dos
horas, hasta que dejaron de hacer ruido. Pensó que al día siguiente no saldrían
porque se habían portado muy bien.
Sin embargo, a la misma hora, fueron empujadas al corral y,
engañadas con comida mientras el padre robaba los huevos. Repitió lo mismo
todos los días durante una semana. El último día, se asustó al ver acercarse a
un zorro que curioseaba alrededor.
El animal solitario bordeaba con sigilo la alambrada de
aquellas ruidosillas. Juan salió de su escondite para hacerle compañía. Lo
llamó bajito para no despertarlas y solo consiguió que se alejara con
velocidad.
Su padre lo observaba, tras la cortina con motivos florales
que cubría la ventana de la rústica cocina, con la luz apagada evitando ser
descubierto.
Al día siguiente cuando fue a la escuela, la profesora se
disponía a invitarlos a salir otra vez al pasillo interrumpida por Juan que
gritó:
—¡Ponga una valla!
La profesora se extrañó del comportamiento del chico, y siguió
la clase sin dar más importancia. El jefe de estudios se presentó en clase
rodeando a los alumnos con mal comportamiento y éstos se quedaron paralizados.
Entonces, Juan pensó en voz alta:
—¡Es el zorro!
Todos miraron al niño con espanto mientras él pensaba que
su comentario era correcto. Después de la reunión de profesores decidieron vigilarlo
por si existía algún problema de salud o alteración del comportamiento del que
no se hubieran percatado antes. Para ello, un profesor daba la clase, y otro
miraba sentado al lado como ayudante
De vuelta a la granja, se escondió detrás de la encina y
esperó hasta que de nuevo apareció el curioso zorro. Llevaba un trozo de pan y
poco a poco se hicieron amigos.
Un frio atardecer, Juan quiso que su nuevo amigo encontrara
refugio con las gallinas. Abrió la valla, se alborotaron al verlo y huyeron
despavoridas. Así tuvo la oportunidad de descubrir cómo era por dentro.
No encontraba las sillas, sí varios maderos atravesados,
agujeros con huevos y mucho excremento. El zorro rompió varios, uno de los
cuales tenía unas plumas dentro. Ante el jaleo, el padre corrió para encontrar
por sorpresa a los dos amigos.
Juan dejó de espiar a las gallinas y se alejó del zorro por
prohibición de su padre, aun pensando que, si los niños podían sentarse en el
gallinero, porqué él no podía estar allí.
En la escuela seguían observando su comportamiento hasta el
día en que las familias conversaban con los profesores. Uno de ellos le dijo al
padre que su hijo lo insultó llamándole zorro. La tutora se quejó porque dijo
que encerraran a los demás con una valla.
El padre de Juan, sorprendido ante esta actitud
insospechada de su hijo, lo cogió del brazo con firmeza para que pidiera
disculpas y explicara el motivo de sus comentarios.
—Papá, no me dejas entrar en el corralito, y la seño dice
que los del gallinero se tienen que callar o salen al pasillo, y...
Una carcajada general sonó en la sala de reuniones con la
cara de sorpresa del niño. El padre lo llevó de vuelta a casa sin parar de reír.
Al día siguiente en clase, la profesora les mostró como era una granja y le explicó
el motivo por el que los comparaba con un gallinero.
Se cree que algunos no entendieron nada. Lo cierto fue que
Juan, esa noche, volvió detrás de la encina y, al ver acercarse al zorro, le
susurró que no las molestara porque el gallo les enseñaba a no romper los
huevos.
Sé que tiene conflicto. Hice 4 y solo me ha gustado un poco éste. Va de espías, eso sí, creo.
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