martes, 1 de marzo de 2022

Ejercicios 7 A - Iluminada

 

Poema – Retrato de un personaje                                                Iluminada

 

Garabato, así le llaman

desde niño con papel y lápiz

antes de saber que la tierra es redonda,

antes de saber que la gente cambia,

antes de descubrir américas y pólvora,

al caminar por el sendero que le toca.

 

Cubre de formas desconocidas,

de negro y de mugre,

de sangre y jabón,

hojas y hojas, con el vuelo

de sus ensoñaciones inciertas,

titubeantes, detrás de cualquier sombra,

de cualquier luz.

 

Garabato, así le llaman

por el trazo que atraviesa su cara,

hecho en caída libre

desde los brazos de su madre.

 

“Un aire de enfant terrible” dijo una,

seducida, como todas, por sus trazos,

 - “dibújame”, le dicen – por su mirada triste

y sus extrañas palabras de poeta.

 

Grandes ojos negros con brillo de brasas,

barbilampiño con rubor infantil,

coleta rizada color canela,

labios de emisión dulce,

huye de confidencias,

incita cuidados maternales.

 

Un día, su abuela respondió a la policía:

“también soy su madre y su padre,

desde que tenía cinco años.

Solo le gusta pintar, se pasan semanas sin que le vea,

no sé dónde va; vuelve silencioso, como siempre.

Es dócil y bueno cuando no tiene arrebatos”

 

Pintar con un lápíz o un Bic azul,

solo ese es su interés.

Garabatear la vida, sin llegar a probarla.

Garabato, le llaman

y también Gara o Garabito,

y a veces, Pedro

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Poema 7 A

De semblante altivo, poderoso

roza a sí mismo con su torpeza;

Caballero de los leones,

andante de flacas piernas,

de cuerpo avellanado,

de larga y picuda barba;

de ademanes finos, altas ideas,

mirada de fiebre lanza al entorno,

que trastoca, adorna o emborrona

todo lo que ve o figura.

Con la espada presta al embate

busca, más bien vaga, por tierras

tranquilas que siente hostiles,

buscando a su amada

de quimera vestida.

 

Hidalgo y fantoche

en cruzada noble y estúpida

grandiosa, loca, alucinada,

que guarda valentía sin más

en los pliegues de su capa,

en el almagre de su armadura

cubriendo un junco endeble

Rosa de esencias guarda

en su triste aventura,

dejando el mensaje adusto,

sacando fuerzas de flaqueza,

con el empuje del deseo

y la fuerza del empeño:

Alonso todos,

todos Aldonzas, Dulcineas,

Sanchos y, hasta Rocinantes,

Gigantes o Molinos,

por los senderos secos

y ásperos, a ratos floridos,

de la aventura infinita y breve.

 

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