Poema – Retrato
de un personaje
Iluminada
Garabato, así
le llaman
desde niño con
papel y lápiz
antes de saber
que la tierra es redonda,
antes de saber
que la gente cambia,
antes de
descubrir américas y pólvora,
al caminar por
el sendero que le toca.
Cubre de formas
desconocidas,
de negro y de
mugre,
de sangre y
jabón,
hojas y hojas,
con el vuelo
de sus
ensoñaciones inciertas,
titubeantes,
detrás de cualquier sombra,
de cualquier
luz.
Garabato, así
le llaman
por el trazo
que atraviesa su cara,
hecho en caída
libre
desde los
brazos de su madre.
“Un aire de
enfant terrible” dijo una,
seducida, como
todas, por sus trazos,
- “dibújame”, le dicen – por su mirada triste
y sus extrañas
palabras de poeta.
Grandes ojos
negros con brillo de brasas,
barbilampiño
con rubor infantil,
coleta rizada color
canela,
labios de
emisión dulce,
huye de
confidencias,
incita cuidados
maternales.
Un día, su
abuela respondió a la policía:
“también soy su
madre y su padre,
desde que tenía
cinco años.
Solo le gusta
pintar, se pasan semanas sin que le vea,
no sé dónde va;
vuelve silencioso, como siempre.
Es dócil y
bueno cuando no tiene arrebatos”
Pintar con un
lápíz o un Bic azul,
solo ese es su
interés.
Garabatear la
vida, sin llegar a probarla.
Garabato, le
llaman
y también Gara
o Garabito,
y a veces,
Pedro
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Poema 7 A
De semblante
altivo, poderoso
roza a sí mismo
con su torpeza;
Caballero de
los leones,
andante de
flacas piernas,
de cuerpo
avellanado,
de larga y
picuda barba;
de ademanes
finos, altas ideas,
mirada de
fiebre lanza al entorno,
que trastoca,
adorna o emborrona
todo lo que ve
o figura.
Con la espada
presta al embate
busca, más bien
vaga, por tierras
tranquilas que
siente hostiles,
buscando a su
amada
de quimera
vestida.
Hidalgo y
fantoche
en cruzada
noble y estúpida
grandiosa,
loca, alucinada,
que guarda
valentía sin más
en los pliegues
de su capa,
en el almagre
de su armadura
cubriendo un
junco endeble
Rosa de
esencias guarda
en su triste
aventura,
dejando el
mensaje adusto,
sacando fuerzas
de flaqueza,
con el empuje
del deseo
y la fuerza del
empeño:
Alonso todos,
todos Aldonzas, Dulcineas,
Sanchos y, hasta Rocinantes,
Gigantes o Molinos,
por los
senderos secos
y ásperos, a
ratos floridos,
de la aventura
infinita y breve.
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Ala 2. Muy bien
ResponderEliminarMe dijo José Manuel que pusiera los dos.
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