lunes, 28 de febrero de 2022

Ejercicio 7B Monólogo. Purificación Mallén

 

LA LLAMADA


Pues sí, me ha ocurrido. A mis cuarenta y nueve años, me ha ocurrido. Mira que yo me había marcado como objetivo que, si llegaba a los cincuenta y no pasaba nada, que ese era mi sino. Sí, mi sino. Yo creo en el destino y ese sería mi destino. Yo asumiría que había venido al mundo para conformarme, para no sacar los pies del plato, para hacer lo que los demás deseen, para complacer a todos, para que nadie sufriese modificaciones en su zona de confort. Ya me había acostumbrado a no solo no ir al cine, sino a no proponerlo. “Como en casa, en ningún sitio”, decía Pepe, mi marido. Ya había tomado la determinación de no decir entre dientes que cualquier día me iba de casa, que cualquier día no iban a encontrarse la comida preparada, que cualquier día no iban a encontrar la ropa en los cajones, que cualquier día cogía las maletas y me iba. Claro, todo eso lo decía bajito, tan bajito que a veces no me oían, o, quién sabe, fingían que no me oían. Tal vez consideraban que esas amenazas formaban parte de un ritual de madres y, para Pepe, de esposa. Él a veces me decía que, con esa carita de ángel, ese pelito rubio y esos ojillos azules, no me pegaba reñir, ni aunque fuera por lo bajini, que era demasiado buena para quejarme tanto. Y me recordaba cuántas veces, de pequeña, me habían escogido para hacer de Virgen María en el portal de Belén. ¿Lo creéis? Por tener esta cara, no podía reñir. Tal vez me faltara fuerza, porque, la verdad, yo quería que reaccionaran y no lo hacían. Pero ha ocurrido, el caso es que ha ocurrido antes de cumplir cincuenta años. Anteayer me llamaron por teléfono. La verdad es que no iba a cogerlo porque ya no tenemos costumbre de coger el teléfono fijo. Lo cogí con cierta resistencia porque ya sabéis que muchas veces quieren venderte algo. Se presentó una chica que dijo mi nombre completo y mi DNI. Eso me impactó. Me explicó que llamaba desde el SAS, del Servicio Andaluz de Salud. Yo no he ido al médico, le dije. No, señora, es para ofrecerle un contrato de trabajo de seis meses conforme a su solicitud de trabajar como Administrativa y estar incluida en la bolsa de trabajo con el número tal y tal. ¿Bolsa de trabajo? Y recordé que hacía muchos años había ido una mañana con mi vecina y su sobrina al SAS para inscribirse en una bolsa de trabajo y que tuvimos que esperar una larga cola, tan larga, como mis fines de semana en el sofá con Pepe. Recordé también que ellas me insistieron en que, ya que estaba allí, que la echara yo también. 

 Ya llevo un día trabajando en un centro de salud. No está al lado de casa y cojo el autobús por las mañanas. Ahora desayuno con compañeras y los viernes me han comentado que quedan para comer y después van al cine o a tomar copas o a algún concierto. Me han dicho que si me apunto. Ellas no saben que no suelo tomar decisiones, que es Pepe quien marca dónde ir siempre, que es a ningún sitio que no sea el bar de debajo de casa y el sofá. El viernes iré a comer con ellas y a lo que surja. ¿No es emocionante? 

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