A mi tía
Creció caprichosa,
Altiva, soberbia,
Como los ropajes que cubrían su nacarada desnudez.
Enamoró, se atrapó,
no supo de mejores puertas.
Enarbolada de laureles ficticios,
por una infancia equivocada.
Pregonó sus ideales moribundos,
En libertades machacadas.
Los hijos pesan toneladas,
Cuando caen sobre el cuerpo apagado.
Silenciado en la penumbra,
Por una muerte temprana.
La soledad abruma tu espíritu,
Cargado de niños que agitan sus almas.
Ríen, cantan, lloran y gritan
Tapas tus oídos, cierras los ojos.
Imaginas otros mundos,
Ahora eres libre, la paga te sustenta.
Pero los niños pesan,
Añoran la ausencia.
Niegas otro amor, estás escarmentada.
Los niños crecieron,
Salieron del nido.
La soledad te ahoga
Tu espalda libre de peso
Busca con quien llorar.
Recuerdas tu infancia
A tus padres que ya no están.
Buscas consuelo en tus hijos
Que no te lo pueden dar.
La comida de los domingos se pierde en una semana más.
Y de nuevo a esperar…
Quizás, a que llegue el final.
Muy bonito y triste. Extenso como los de Antonio Castilla.
ResponderEliminarMuy bueno,Esperanza.
ResponderEliminarGracias a los dos. Animan mucho vuestro comentarios
ResponderEliminarMuy bueno. Una vida en cuatro líneas. Enhorabuena.
ResponderEliminar