BUENOS DÍAS
En una cocina la madre está trajinando y entra el hijo a desayunar. El hijo se sienta a la mesa sin dirigir la mirada a su madre.
MADRE.— Buenos días.
HIJO.— Depende...
MADRE.— No depende de nada, sólo te deseo buenos días, sin más, aunque no te lo merezcas.
HIJO.— Ya empezamos ¿Por qué no me lo merezco?, a ver...
MADRE.— Yo no he dicho eso, pero es muy posible que así sea.
HIJO.— Bueno, vamos a dejarlo. ¿Qué puedo desayunar?
MADRE.— Te puedo hacer unos huevos con bacon y te he hecho el bizcocho que tanto te gusta para el café.
HIJO.— Ya decía yo que olía fenomenal. Tomaré solo café con bizcocho, no tengo el estómago para más.
MADRE.— ¿Qué harías anoche para tener así el estómago?
HIJO.— Mamá, eres increíble, no pierdes oportunidad de tirar alguna pullita.
Estuve con mis amigos charlando y en toda la noche me tomé sólo una cerveza. Y, por favor, si quieres saber algo, pregunta directamente, que estoy harto de que todas las mañanas del fin de semana sean iguales.
MADRE.—Hijo, que susceptible eres. Nunca me cuentas nada, vienes a casa como si fuera a un hotel.
Se acerca a servirle el café y le revuelve el pelo con una mano. Se lleva esa mano a la nariz y se vuelve hacia su hijo.
MADRE.— ¿A qué te huele el pelo?
HIJO.— A lo que pudiera haber en el ambiente en el Pub, te he dicho mil veces que yo no fumo Maria. Mamá, no consumo ningún tipo de droga, no sigas con el interrogatorio.
MADRE.— Por cierto ayer me crucé en el portal con la vecina del quinto, está guapísima.
HIJO.— Se llama Inés, y lo sabes. No salgo con ella, para que te enteres, le gustan las tías. Si algún día tengo novia, cosa que dudo, te lo contaré.
MADRE.— ¿Por qué dices que lo dudas? Mi niño es muy guapo y puede conseguir la chica que quiera.
HIJO.— Ya pero tu niño, cada vez que se le acerca una chica con intenciones de futuro, piensa en su madre y retrocede a toda velocidad.
MADRE.—¿Qué quieres decir?
HIJO.— Está clarísimo, lo que he dicho.
MADRE.— Bueno, vamos a dejarlo que tengo que hacer la comida. Por cierto, ¿vienes a comer o me vas a dejar colgada otra vez? Porque si es así, no vuelvo a hacerte comida ni un solo fin de semana.
HIJO.— Mira mamá, broncas preventivas, ¡NO! Estaba claro que no iba a ser un buen día. Con tus insinuaciones, te encargas, siempre, de estropearlo.
Me voy a la ducha.
Cuando ya está sola en la cocina, grita dirigiéndose hacia el pasillo:
MADRE.— A ver cuánto tiempo tienes abierto el agua caliente, que todos los gastos de esta casa salen de mi pensión.
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