NACIMIENTO Y GUERRA
Veo tu vientre crecido incapaz de guardar el
secreto. Lo acaricio, pero tengo miedo a que su piel, tan fina y delicada, se quiebre.
Deseo que aguardes, mas cuando lo miro me pregona, con ligeros movimientos, el
doloroso empuje. Los tanques avanzan
mientras los cuerpos tiemblan y las mentes se nublan. La vida llama, los dolores se aceleran, las contracciones son cada
vez más intensas. Quieres gritar, llorar, sientes miedo. Las fuerzas civiles y militares se organizan para ser puestas bajo el
comando militar. Agitas la respiración con intensos jadeos. Piensas que no
aguantarás mucho, tienes ganas de apretar, pero aguantas, un poco más, un
poquito más. Maniobras navales controladas
por estados ambiciosos. Alguien te seca el sudor por el esfuerzo de ayudar a empujar desde dentro. Lo hace despacio, aprieta con fuerza, arañando las
paredes en busca de su libertad. El
despliegue de contingentes hostiga las fronteras. ¡Ya está! grita alguien
cuando sientes que ya ha pasado. El llanto del recién nacido aviva tus lágrimas,
calla tu voz y ansías abrazarlo. Tu cuerpo ha quedado flácido, inerte, nada
parece que lo pueda despertar. Estás agotada, pero cuando te lo acercan,
extiendes los brazos. Alguien lo ha dejado sobre tu pecho y tú intentas
mirarlo, lo acaricias, lo hueles, lo besas. Fuerzas contrapuestas que acosan con sus cercos, matando ilusiones,
conquistando fronteras.
Precioso!
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