EL VERGEL
Aparecen en escena dos mujeres jóvenes PAULA y CRISTINA, vestidas con vaqueros, camisetas ajustadas y zapatillas de deporte. Están de cara al público detrás de un marco que simula un mirador acristalado.
PAULA.—— Vaya, me alegro de que te hayas decidido a venir por fin.
CRISTINA.——¿Lo dudabas? Llegó a mis oídos que no estabas de acuerdo en absoluto con mis propuestas.
PAULA.—— Pues no, francamente. Y quería que vinieras a ver como disfrutan todos los mirlos en el observatorio del que se han apropiado en el muro que limita el jardín.
CRISTINA.——Ya veo. Sí, se les ve contentos ¿Y eso que tiene que ver con que podamos construir una pista de padel y aprovechar todo este terreno que pertenece a la comunidad?
PAULA.——Pues, por ejemplo, que habría que cortar los ciruelos morados, lo nísperos que cosechamos, arrasar los parterres de flores, esas preciosas hortensias azules que tanto trabajo nos ha dado conseguir, y convertir este vergel en un polideportivo. Mira bien, por favor ¿no te da pena?
CRISTINA.—— Bueno las flores se podrían plantar alrededor de las alambradas del recinto. Además, queremos poner columpios para los niños, algún trampolín y un arenero ¿Has leído los puntos a tratar en la reunión?
PAULA.—— Claro, ya veo. Y luego seguro que cortaríais los pinos de la parte de delante porque las agujas caerían en la pista y sería trabajoso de limpiar. Pues, no tendréis mis votos en la reunión. Ya sabes que tengo cuatro y sin ellos no podéis cambiar nada en esta urbanización.
CRISTINA.——¿Y se te ha ocurrido pensar, por casualidad, en lo que van a disfrutar tus hijos? Ya sé que solo tienes uno y que acaba de nacer, pero crecerá.
PAULA.——Ya, pues cuando tenga edad para jugar al padel, lo volveré a pensar y le llevaré al parque, mientras tanto, para que juegue, corra y se suba en los columpios. Pienso enseñarle a cuidar y regar las flores.
CRISTINA.—— ¿Y le has preguntado a tu marido que es un enamorado de los deportes si quiere tener en casa una pista de padel? Además, eso de que dispones de cuatro votos habría que verlo. Supongo que seguros tienes dos, el tuyo y el de tu madre, los otros dos son de tus hermanos ¿Les has preguntado?
PAULA.——No tengo nada que preguntar, seguirán mis directrices. Además, habría disputas entre los que quisieran venir a jugar y un ruido infernal. Eso no lo has pensado. Tú lo vas a oír igual o peor que yo.
CRISTINA.——¡No sabes lo equivocada que estás! Hija, este vergel, como tú dices, no le interesa a nadie. Y, la verdad, es que, ahora que lo miro, está preciosa esta parte del jardín. Podríamos haber puesto unos bancos bonitos para bajar a leer. Desde mis ventanas no tengo esta vista.
PAULA.——¡Oye, que buena idea! Incluso pondríamos un cenador en una esquina, con hiedra de cola de ratón que lo envolviera y dejara filtrar los rayos de sol, y algún sillón mullido para reposar.
CRISTINA.——Claro, adormilarnos en la siesta oyendo el canto de todos estos pájaros que vienen a resguardarse en nuestro jardín. Y oler a jazmín. No hemos pensado en los jazmines y las lilas que plantó el jardinero hace unos años. Están espléndidos. Eso sería estupendo y con poco coste.
Un hombre joven aparece en escena. Se pone al lado de PAULA, echándole un brazo por los hombros.
HOMBRE.——¿Bueno, Cristina, has logrado convencer a mi mujer para que se pueda poner aquí una pista de padel?
CRISTINA.——Pues creo, bonito, que mi marido y tú os vais a tener que seguir yendo a jugar a Alcobendas. Hemos decidido de común acuerdo disfrutar de nuestro vergel.
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