EL ECRIPSE
En el escenario: un gran templo maya,
abierto al exterior por dos enormes ventanales y el techo también abierto, donde
se puede ver todo el cielo.
En escena: el REY sentado sobre él
trono y el MAXIMO SACERDOTE de pie frente a él.
MAXIMO
SACERDOTE. – Majestad la gente está nerviosa, no han salido a trabajar….
EL REY. –No existe
motivo para que no lo hagan. Hacer venir
al jefe del ejército y ordenar a los soldados hagan de entrar en razón al
pueblo.
MAXIMO
SACERDOTE. – Si existe motivos. La selva se ha quedado muda, los monos aulladores
han dejado de hacerlo, el pueblo está asustado
EL REY. – Habla con los dioses, que te digan
que sacrificios debemos de realizar.
Entra el comandante con mucha celeridad,
señalando al cielo.
EL COMANDANTE.
– Majestad. El cielo se está oscureciendo, el sol parece desaparecer. El pueblo
esta enloquecido y viene hacia aquí, el ejército no puede detenerlo” Mirar majestad
le falta un trozo al sol”
EL REY. – Dinos
sacerdote, ¿cómo podemos aplacar la ira
de los dioses?
MAXIMO
SACERDOTE. –Un sacrificio, un gran sacrificio.
EL REY. - ¿Qué
clase de gran sacrificio quieren?
MAXIMO
SACERDOTE. –Un miembro de la realeza, tal vez su hija, están enojados por su
belleza y la quieren junto a ellos.
EL REY. – Como
osas a pedirme que sacrifique a mi hija “con mi puñal arrancare tu corazón”
EL COMANDANTE.
–“Majestad el sol” ha desaparecido la mitad del sol y el día se hace noche, la muchedumbre
quiere entrar en palacio y el ejército ha huido.
EL REY. –
Traer a mi hija y prepararla para el sacrificio.
EL MAXIMO SACERDOTE.
Tiende a la hija del REY en la mesa de sacrificios, tapando su cara
con un velo, mientras EL REY se
sienta en el suelo y mira para otro lado
EL
COMANDANTE. – El sol ha desaparecido, las tinieblas invaden todos los campos,
la selva y el palacio. El fin del mundo está cerca.
EL REY. –
Realizar la ofrenda, del sacrificio y acabar con esta noche eterna.
EL MAXIMO
SACERDOTE. Alza el cuchillo de ceremonias
mirando al cielo y reza una oración.
EL COMANDANTE. – Majestad el sol vuelve a nosotros, los
dioses han aceptado nuestro sacrificio
EL REY. – Detén
el cuchillo sacerdote. Es evidente que los dioses, no desean aún la vida de mi
hija.
Fin
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