martes, 15 de febrero de 2022

EJERCICIO 5 B) ESCENA DE TEATRO Aurora Palomo

EJERCICIO 5 B) ESCENA DE TEATRO



El DESCAMPADO



La señorita Soldes,  profesora del instituto ha convencido a Liliana, una de sus alumnas más pusilánime, para que vaya con ella al suburbio de la ciudad para repartir comida entre las personas que viven allí, al pie del vertedero.

Como cada sábado, colocan unas mesas en medio de un descampado y sacan del coche enormes ollas llenas de frijoles y gachas, cestas con pan y leche.


En el escenario dos mesas con grandes ollas, escudillas, cestas con pan y una cántara con leche. Detrás de las mesas se encuentran la profesora y Liliana que comienzan a llenar las escudillas de comida.





Profesora.—Me alegro que hayas venido para ayudar a los pobres.


Liliana.—Esto está desierto, ¡que mal huele aquí!


Profesora.—Ves esas dunas de ahí, son de basura y esas sombras negruzcas que suben y bajan, son niños y jóvenes que rebuscan entre ella.


Liliana.—¡Tienen todos el color del estiércol!, ¡nadie camina erguido!.


Profesora.—Ahora vendrán, cuando vean las mesas.


Liliana.—Pero… ¡las casas están hechas de latón y cartones!.


Profesora.—Si, todo lo consiguen del vertedero y ves allí lejos, hay un grifo que les proporciona agua.


Liliana.—¿Cómo pueden vivir así?


Profesora.—Hay mucho que hacer, cuando llegue la revolución…



Una vez servida la comida, aparecen hordas de mujeres y niños tiznados  apestando a descomposición. Están contentos con la comida. Delante de las chabolas ardían fogatas alimentadas por trozos de maderas podrida, zapatos  viejos o trapos deshilachados


Liliana.—¿De qué sirve darles de comer una vez a la semana? ¡Necesitan más pan y salchichas!


Profesora.—Cierto. Pero hasta que llegue la revolución y compartamos todo, cualquier ayuda es buena.


Liliana.—No sé que quieres decir con la revolución.


Profesora.—Recojamos las ollas y nos marchamos. Menos mal que no pareces escrupulosa y has dejado que los niños te tocaran. Estaban felices del tacto de tus zapatos brillantes y del rumor de tu vestido. Gracias.


Liliana.—Me crié en un pueblo minero. Había mucho polvo.


Profesora.—¿Vendrás el sábado que viene?

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