lunes, 7 de febrero de 2022

Ejercicio 4C- RELATO- Marta sanz

EL PUEBLO DE LAS HADAS

 

Llegué de noche al pueblo tranquilo metido en el valle iluminado de fiesta. El autobús me dejó a las puertas del teleférico, solitario a esas horas. En la gran cabina, apta para transportar a veinte esquiadores, entré sola. Hacía un frio infernal y con el gorro de lana calado hasta las cejas, gafas, braga por encima de la nariz y anorak apropiado tenía el cuerpo caliente; en cambio las piernas con el maldito pantalón vaquero estaban heladas y tiritaba “Ya me lo dice mi madre ——pensé—— el vaquero ni para invierno ni para verano. Se pasa frio o calor ——nunca hago caso a mi madre.”

La oscuridad me envolvía y me dejé llevar hacia las alturas; diez minutos de subida ininterrumpida. Suspiré “sea lo que dios quiera ——me dije—— como en los aviones. Aunque no creía mucho en dios. Ya estoy aquí metida”.

A la llegada todo el suelo estaba cubierto de nieve blanda que aprisionaba los pies y no dejaba andar con soltura. Divisé unos metros más allá un local abierto. Proyectaba un halo de luz y me así a ello como a un faro. Se trataba de una bolera y aquello me produjo una sensación de extrañeza ¡Una bolera solitaria en una estación de esquí colgada de las montañas! Estaba lleno de gente “¿Estará aquí metida toda la gente de la estación?” Pero me dio tranquilidad y me salvaron la vida llamando a un medio de transporte que me permitiera llegar a mi apartamento.

A los cinco minutos un trineo tirado por un caballo de crines rubias frenó en seco delante de mí. La conductora una joven enfundada en un abrigo guateado me instó a subir y, con un murmullo acariciador, hizo andar al caballo “Vamos Doncel, bonito, que vea esta señora lo bien que trabajas”. Creo que, en ese instante, supe que cualquier cosa sería posible.

El lugar estaba dormido, pero los bloques de apartamentos iluminados se convirtieron en un espejismo. Todo igual. Estaba construido de listones de madera como palillos de polos y creaba un mundo de cuento. La nieve que alfombraba unas calles sin aceras, sin señalización alguna, hacía reverberar las luces, como fuegos fatuos. Tanta similitud, tanta ilusión de belleza otorgaba a la estación un aire espectral que me hizo respingar, sin motivo.

El apartamento donde debería esperar a mi familia un par de días me resultó muy acogedor. La bienvenida fue calurosa con una cata de quesos y un vino caliente que me reconfortó. Una chimenea de leños irradiaba un sentir de hogar y olía a familia y a amistad. Me sentí reconfortada y deseché los malos pensamientos que me habían perseguido desde mi llegada.

     Poco después, cansada, me sumergí bajo un edredón nórdico y no fui capaz de pasar más de cinco páginas de mi libro. Caí en el sueño.

     Un sonido de respiración sosegada me despertó a media noche. “No puede ser. Estoy soñando”. No quise encender la luz para que la conciencia no despertara sobresaltada, pero agucé el oído. Retuve el aliento hasta ahogarme. No era mi respiración. La otra, ahí seguía. Palpé la cama de matrimonio. “Por supuesto estaba sola ¡Qué tontería!” Si encendía la luz y había alguien de pie cerca, ya no habría escapatoria. Había echado la llave, estaba segura, y había cerrado a cal y canto la ventana cegándola con los espesos cortinajes “Mejor esperar. Hacerse la dormida”. Y la respiración sosegada continuaba a mi lado, sin alterarse lo más mínimo. Y tracé un plano mental de la habitación, del resto de habitaciones, del pasillo. Mi mente pragmática debía encontrar el motivo. No podía respirar nadie más que yo en la habitación. El ruido tendría que provenir de los vecinos “Imposible ——me dije——este hálito pausado no corresponde a ningún ronquido, este susurro melódico no puede traspasar paredes aunque estas sean de pladur.

     Finalmente encendí la lámpara de la mesilla. La respiración desapareció. Estaba sola. Me levanté. Había poco que inspeccionar en este apartamento con un solo dormitorio y salón con cocina americana. Mis maletas seguían en el mismo lugar, sin deshacer, como las había dejado. Todo estaba en calma.

     Volví a la cama y me puse a leer. Estaba convencida de que, si apagaba la luz, la respiración pausada reaparecería y no estaba dispuesta a permitir que el alma de la estación durmiera conmigo.

1 comentario:

  1. Me he metido de lleno en el personaje. Sentía cada acción. Me encanta <3

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