lunes, 7 de febrero de 2022

EJERCICIO 4C AMELIA ALONSO

 

ESPIAS

Ayer, domingo, tuvo mala suerte. Por la mañana temprano fue hasta el campo de futbol donde entrena él. Se había puesto el chándal del equipo del que él es socio. Tenía pensado hacer running delante de la entrada, simular unos estiramientos y esas cosas, pero él no apareció. Dio tres vueltas alrededor —solo corría al pasar por la parte del acceso— y nada. Se tuvo que ir sin conseguir resultados. A la tarde llamó a su hermana —para pedirle unos apuntes— y esta le confirmó que habían tenido una comida familiar fuera.


Hoy, lunes, se ha puesto las medias de rejilla y los zapatos tacón. Sabe que le gustan porque un día que los llevaba puestos, al pasar delante del banco donde estaba sentado con sus amigos, la miró. Está segura. Captó las señales. Él estaba hablando y cuando ella paso, se calló. Sintió sus ojos recorriéndole la espalda y las piernas.

Hoy seguro que lo encuentra en la biblioteca. Se sentará en un sitio desde donde él la pueda ver. Abrirá los libros y se mostrará concentrada. De vez en cuando morderá el lápiz, se quitará las gafas, se frotará el puente de la nariz o se colocará un bucle rebelde. En algún momento se acercará a buscar un libro a la estantería más próxima y se estirará para alcanzarlo y la falda o el jersey se le subirán un poco.

Luego puede que coincidan en el autobús de vuelta y en la parada si sale antes que él, oirá sus pasos sobre la acera siguiéndola. Ella caminará derecha, ni muy rápido, ni muy despacio, con pasos elegantes y balanceará un poco la mano derecha. Quizás se sacuda la melena un par de veces, sin exagerar. Se parará en el escaparate de la pastelería. No, en ese no. Mejor en el de la lencería. Tampoco. Ya verá donde. Se parará en algún escaparate para darle tiempo, para que la vea y la mire, para que la observe.

Puede que entonces deje caer una pequeña rosa amarilla que antes habrá cogido del jardín de la calle Ayala, que habrá olido y deslizado por sus labios. Y quizás él la recoja y la guarde en su libro preferido o en el bolsillo de la camisa cerca del corazón.


Mañana, martes, se olvidará de correr las cortinas mientras se viste frente al espejo Se pintará los labios de rosa melocotón y las uñas de azul prusia, se perfumará con vainilla y mandarina. Bailará aquella canción de Colajets que le vio tararear en la fiesta de Navidad: “ Tú fuiste la única espía que me amó”. Y él la podrá ver desde su balcón. Y quizás decida espiarla, seguirla, amarla.

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