lunes, 7 de febrero de 2022

EJERCICIO 4B AMELIA ALONSO

 

Una sala de estar de concepto abierto, cocina americana, una mesa y cuatro sillas. Dos puertas una hacia el interior de la casa y otra, una cristalera que da a un jardín descuidado. Lucia, una mujer mayor, está planchando en pijama y despeinada. Canturrea y baila al ritmo de la música que sale de un altavoz moderno. Suena una canción de Amparanoia: “El día que me dijiste adiós mu buenas me voy de aquí dejaste mi alma en pena por los rincones llorándote a ti, ahora que ha pasado mas de un año, ya te he olvidado me deseo buena suerte no volver a verte y que me vaya bien. Adiós mi corazón, y que te den,que te den por ahí, que no, me supiste dar, ni un poquito lo que te di a ti!! ¡¡QUE TE DEN!!


LUCÍA.— (Golpea con la plancha la tabla de planchar) ¡¡QUE TE DEN!!

PILAR.— (Entra arreglada como para salir)Te has levantado con marcha. Vaya escandalera que tienes montada. (Baja el volumen de la música)

LUCÍA.— (Repite el final de la canción) ¡¡QUE TE DEN!! (hace una peineta al aire)

PILAR.—Vale. Vale. ¿Quieres un café? ( Se sirve un café de la cafetera americana)

LUCÍA.— (Deja la plancha y se agarra a la tabla como si fuese un atril desde donde soltar su discurso) ¿Cuánto hace que nos conocemos? ¿Treinta años? Y todavía no sabes que no tomo café. Así sois vosotras. Nunca os importé una mierda. Me teníais de … ¿De qué me teníais?

PILAR.— No empieces. Eras y eres nuestra amiga. Lo sabes. Te lo hemos demostrado muchas veces. (Prueba el café, pone cara de asco y le echa azúcar ) ¡Uf! He dormido fatal en ese colchón. Me duele todo el cuerpo. (Se estira)

LUCÍA.— (Ha vuelto a planchar)Ya te dije que no era buena idea que te quedases aquí. Hubieses estado mejor en un hotel.

PILAR.— No me voy a ir a un hotel pudiendo estar contigo. A la cama me acostumbraré, aguantar tu mal genio por las mañanas va a ser más difícil.

LUCÍA.— Ya, claro. (Coge un montón de ropa planchada y sale por una puerta. Vuelve con más ropa)

PILAR.(Rebusca en los armarios y coge un par de galletas de una lata. Se sienta en la mesa con el café) Así que planchando

LUCÍA.— Sí. Le he cogido gusto. Ahora me plancho hasta las bragas.

PILAR.— Total no te las va a ver nadie.

LUCÍA.— Tú que sabes. A lo mejor me surge algo en el mercadona, en la cola de la pescadería.

PILAR.— (Se ríe) ¿Cómo es eso? Y yo ligando on line.

LUCÍA.—Fuera bromas. Entre besugo y besugo puede saltar una liebre. (Se ríe)

PILAR.— Cambiando de tema. ¿Vienes a verla?

LUCÍA.— No. (Desenchufa la plancha y sale por la puerta que da al jardín. Empieza a hacer una especie de tai-chi desastroso)

PILAR.— (La sigue con la taza de café en la mano, desde la puerta sigue hablando) Es su cumpleaños. Estaría bien que fuésemos las dos.

LUCÍA.— (Sigue con sus ejercicios) Está en coma. ¿No te has enterado? Estado vegetativo. No conciencia. No reacción. (Para y mira a Pilar) Game over.

PILAR.—Estoy segura de que lo percibe de alguna manera. Va a salir de esta. Te lo digo yo.

LUCÍA.— (Cara a cara) No seas ilusa. Además, casi es mejor que no salga, ¿te has planteado como puede quedar?

PILAR.— Paso a paso. Ahora solo quiero que se despierte. (Vuelve hacia la mesa, se seca unas lagrimas. Triste)

LUCÍA.— (La abraza por detrás) Tranquila. Tranquila que ya voy a ir. Si ya me conoces. Estoy enfadada. Enfadada por todo. Enfadada con todo el mundo. Para mí no fue fácil cuando os fuisteis. Primero tú, luego lo de Jon y cuando más hecha polvo estaba, se va ella. Y me quedé sola y sola sigo.

PILAR.— (Se sientan en el sofá, muy cerca) Te dije que te vinieras conmigo a Paris y no quisiste.

LUCÍA.— No podía. Quería estar cerca de Jon. Una vida entera en el cementerio, de luto como una vieja idiota. «Es un hipócrita y además mentiroso». Eso es lo que me deberíais haber dicho, pero no me lo dijisteis. «Te está engañando y no te das cuenta. Te miente cada vez que te mira con ojos de cordero». Si me lo hubieseis dicho, entonces, todo hubiera ido mejor. No hubiese desaprovechado mi juventud tejiendo coronas. Porque sabíais. Sabíais que me estaba engañando y no me decíais nada. Os conté que había encontrado una pulsera de plata junto a la almohada. Os dije que estaba feliz por el regalo y el detalle de dejármela así , como quien no quiere la cosa . Os hablé de su timidez cuando le di las gracias y os dio un ataque de tos. Y yo, palmadas en la espalda. ¿Era un ataque de tos o de risa? Decíais «Te quería. Eras su alma gemela, el amor de su vida».

PILAR.— Estabas muy mal. Para qué añadir sufrimiento.

LUCÍA.— Claro que era un mal momento para decírmelo, pero ¿había momento bueno? ¿No era mejor desengañarme de una vez? ¿Abrirme los ojos aunque hubiese sido a la fuerza? No, no os lo perdono. Tampoco a él, tampoco. Y a la que menos perdono es a mi misma, por idiota, por crédula, por gilipollas.

PILAR.— Venga, déjalo ya. Prepárate y nos vamos a ver a Lola y luego de ligue, a la pescadería del mercadona. Que eso me lo tienes que enseñar. Que no se diga. Vamos. (Se levanta y pone otra vez la canción de Amparanoia a todo volumen) (Y si pasas por mi puerta verás 7 u 8, esperándome. para bailar, ir a la discoteca, o tomarme una cerveza. O tomarme un té. Y yo sonrío coqueta. Hoy tengo jaqueca no voy a salir. Mañana volvemos preciosa con 4 rosas todas para ti, Adiós mi corazón, y que te den, que te den por ahí, que no, me supiste dar, ni un poquito lo que te di a ti!! ¡¡QUE TE DEN!!

LUCÍA.— (Repite el final de la canción) ¡¡¡QUE TE DEN!! (hace una peineta al aire) (Se van las dos bailando hacia el interior de la casa).

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