En el escenario Massaca, un adolescente de catorce años, está sentado sobre el tronco de un árbol seco en un suelo de arena, en su regazo una bolsa de plástico negra. En un rincón del fondo del escenario un tenderete, compuesto de un mostrador al aire libre y una especie de tienda grande campaña detrás, con las letras “Milicias de Angoche”. Del tenderete sale el hermano de Massaca, Bioko, un adolescente de diecisiete años. Le faltan la pierna izquierda y la mitad de la pierna derecha, para andar se ayuda de dos viejas muletas.
BIOKO. — (Con una sonrisa de oreja a oreja). ¡Mira, mira, mira! Ya han
llegado hermano. Llegaron, llegaron. (Ondea
una de las muletas, dándole tres vueltas sobre su cabeza). Traen piernas…Las
dos, las dos, me van dar las dos… (Tararea
una canción). Me pondré zapatos. Bailaré, bailaré con Nampula, como antes, ella
volverá conmigo. (Mira en el suelo de arena
las huellas de las muletas). En la arena, …dibujos de suelas… de… …zapatos, zapatos, por fin…zapatos. Cuidaré
de tí. Tu hermano mayor te cuidará… (Hace
un redoble de tambor con la boca) Y entonces…
MASSACA. —Bioko, Bioko… escucha. Ven
y siéntate…, Bioko, ellos no regalan nada. ¿Recuerdas? Dime qué te han pedido?
¿Te han pedido lo mismo? (Massaca deja la
bolsa negra sobre la arena).
BIOKO. — ¡No me han pedido nada!
¡Nada hermano! ¡Esta vez nada! ¡Te lo…
MASSACA. —Ya sabes lo que decía
mamá, no se puede jurar. Así no Bioko, no lo jures… Esos no regalan nada, no son
buenos, dime, dime que quieren…(Massaca coge a su hermano del brazo con
suavidad).
BIOKO. — ¡Mira ya te lo he dicho!
¡Nada! Me conocen y ya está...¡Déjame!
(Da un tirón del brazo y se quita la mano de Massaca).
MASSACA.- (Se levanta). Voy a verlos.
(Bioko intenta sujetarlo, pero Massaca se zafa y se dirige hacía la
tienda de campaña. La bolsa negra permanece al lado del tronco del árbol. Bioko
al apoyar las muletas tropieza con la bolsa negra, la abre y saca del interior dos
trozos de madera muy tosca. Uno tallado con la forma de una pierna entera y el
otro con la mitad. La recorre con sus dedos, los levanta y se dirige al
público.
BIOKO. - ¡Miren, miren! ¿Las ven?
¿Pueden verlas desde ahí?... Esto podría ser cualquier cosa… mi hermano de dos
piernas, mi querido hermano pequeño, el que me da de comer… ese, ese quiere que
me levante. ¡Qué con esto sea un hombre! Por los pedregales, en los caminos de tierra,
de vuelta a casa…Aquí, aquí (Señala en la
finalización de la pierna de madera, en el pie o algo parecido) … mi nombre
tallado…BI…O…KO orgulloso de este palo…Ridículo… ¿Lo entienden?. Viendo a Nampula
con este palo…ridículo… (Las mira otra
vez con más detenimiento) … Quizás…servirían…pero solo mientras me dan las
de verdad… cuando no me vea nadie, en la casa…(Bioko las guarda y deja la bolsa negra donde estaba).
Massaca regresa de la tienda de
campaña, sus pasos son firmes, tiene los puños cerrados.
MASSACA.— Bioko, lo prometiste, me lo prometiste.
Juraste que no lo harías más… que era la última vez.
BIOKO. — ¡Hermano, hermano! Mira,
mira, han pasado tres años. No me sirven las piernas que me dieron. No me pasará
nada, nada. (Bioko revuelve el pelo de su
hermano pequeño). Solo es mirar la
senda de Chibuto en las afueras…comprobar y ya está. Y ya …después ya…los
zapatos. La cara de Nampula cuando me vea. (Se
pone a tararear y le enseña las dos maderas).
MASSACA. — (Gritando) ¡La senda de …! Esa zona ni siquiera se empezó a
desactivar, ni…
BIOKO. — ¡Claro, claro! Por eso
me necesitan, necesitan a Bioko, con su superpoder.
MASSACA. — ¿Superpoder? Te
necesitan porque pasarán armas por allí. ¡Necesitan que explotes tú antes que
ellos!
BIOKO. — ¡Explotar, explotar! Nadie
va a explotar. Tú ya lo sabes…Mi
baraka…. No me pasó nada hace tres años, los ayudé, adiviné dónde estaban enterradas, fui un héroe…y
ellos me regalaron las dos piernas.
MASSACA. — (Suspira se sienta le pasa el brazo por los hombros y, le habla como a
un niño) Bioko, piensa, piensa por una vez, piensa en antes, en antes de
los tres años, cuando podías correr detrás de mí, cuando tiraste la piedra y estalló
Bioko, te estalló…Esa, esa mina también
la pusieron ellos.
BIOKO. — No lo sabes, lo dices
siempre y tú no lo sabes. Te crees muy listo, hermano pequeño. Además, me pude
haber muerto y solo se murieron las dos piernas… Ves, ves, mi baraka. ¿Qué
dices ahora, eh? (Sonríe)
MASSACA. — (Intentando sollozar) No puedes ir Bioko, no puedes ir a la senda. Tienes
que cuidar de mí, eres el mayor.
BIOKO. — Volveré hermano, volveré
entero. Tengo el superpoder, ya sabes… la mina se quedó con mis piernas y yo …yo
me quedé con su olor y…
MASSACA. —…y descubrí su secreto,
lo sé, ya lo sé. Me lo dices todos los días, todas las noches…Bioko (le coge la cara) es un cuento, es un
cuento para niños. Yo no lo soy, ya no… Mira,
mira… (Abre la bolsa negra) ¿Qué te
parecen? No están acabadas, le quedan poco…podrás andar… Después te conseguiré
otras mejores, te lo prometo. Me han dicho que con neumáticos…
BIOKO. — ¡Estás loco! (Saca de la bolsa las piernas de madera).
¿Qué hago con esto?
(Massaca se tapa la cara con las manos y empieza a llorar, esta vez de
verdad, moviendo lo hombros con grandes sollozos).
BIOKO. — Perdona, perdona Massaca.
Me las pondré, te prometo que me las pondré. (Guarda las piernas en la bolsa, se cuelga la bolsa del hombro) y las de neumáticos también…pero ahora tengo que conseguir las
otras… tengo que ver a Nampula.
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