domingo, 6 de febrero de 2022

EJERCICIO 3b – JUANA – CONSIGNA: Escena de teatro con indicaciones previas de entradas y salidas de los personajes A y B.

ESCENA PARA LECTURA 2 DE ABRIL DE 2022 – POLIEDRO 2.

EJERCICIO 3b revisado – JUANA - CONSIGNA: Escena de teatro con indicaciones previas de entradas y salidas de los personajes A y B. Recomendación del Profesor: Podar y ajustar el final. 

TENDRÁS GUERRA

El pasillo de un instituto de enseñanza. La LIMPIADORA se ha detenido con su carrito de limpieza a la puerta de un aula. Está ojeando un cuaderno pequeño. Un boli asoma del bolsillo delantero. Suena la sirena y sale del aula el PROFESOR, de manera precipitada. La LIMPIADORA se guarda rápida el cuaderno, pero cae inadvertidamente al suelo).

 

LIMPIADORA.— iHola, profe! ¿Qué? ¿Superado el pánico del primer día de clase?

PROFESOR.— Yo… Esto… No. No, mucho. Todavía estoy en vilo.

LIMPIADORA.— Tranquilo. No es tan fiera la bestia, como la pintan, profe.

PROFESOR.— ¿Que no? Están todas locas.

LIMPIADORA.— Son quinceañeras, profe. La edad del pavo, ya se sabe.

PROFESOR.— Me parece que algo más. Voy a dar parte a Dirección.

LIMPIADORA.— ¿Qué ha pasado?

PROFESOR.— Que cuando iba a pasar lista, se han puesto todas a corear “Profe, guapetón, te queremos un montón”. Y ya no ha habido manera de hacerme oír, hasta que ha sonado la sirena.

LIMPIADORA.— Pues lo que le digo. Niñatas en la edad del pavo. Seguro que faltaba alguna y no querían que lo anotara. Si lo sabré yo.

PROFESOR.— Pues peor me lo pone. Ahora mismo voy a la oficina de la Directora a informarle.

LIMPIADORA.— No sea tonto. Y perdóneme la expresión. Déjeme a mí. Les hecho un rapapolvo y arreglado. Ya lo verá.

PROFESOR.— No, no. No entre ahí, por favor.

LIMPIADORA.—Mejor que no llegue la sangre al río, ¿no le parece? No son malas chicas... Ya las irá conociendo.

PROFESOR.— Ya, pero eso es asunto mío. Y tengo otra clase con ellas en 10 minutos.

LIMPIADORA.— Mire, profe. La paz del centro es cosa de todos. Si las chicas se alteran, no vea cómo me dejan luego los baños de pintadas. Así que, espérese aquí un momentito.

(El PROFESOR se queda solo, nervioso. Ve el cuaderno que se le ha caído a la LIMPIADORA en el banco corrido junto a la puerta del aula. Lo coge con curiosidad. Lo ojea. Se le ponen ojos como platos. Pasa las páginas. Sale la LIMPIADORA medio riéndose).

LIMPIADORA.— ¿Qué le decía? Están encantadas con usted. Les ha caído muy bien. Que lo que cantaban era “Bienvenido, profesor. Aprenderemos un montón”. Eso me han dicho. ¡Qué chicas, estas!

PROFESOR.— Pues qué bien (lo dice con retintín). Ahora mismo se lo pregunto yo, en persona, y salimos de dudas. (Subraya lo que dice, moviendo la mano con la que sujeta el cuaderno).

LIMPIADORA.— Como usted quiera, profe. Eh, ese cuaderno es mío... (La LIMPIADORA extiende la mano para que se lo dé).

PROFESOR.— ¡Ah!, ¿sí? Pues en “su cuaderno” pone “Cuidado con el novato. Parece listo. Elemento peligroso. Bloquear acceso a Directora. Esta noche 2º asalto”. ¿Me quiere explicar a qué viene esto?

LIMPIADORA.— ¡Bah! Novelerías. Aficiones literarias que tiene una.

PROFESOR.— ¡Es usted muy graciosa! O me lo aclara bien, o vamos ahora mismo a ver a la Directora.

LIMPIADORA.— ¡Huy, qué miedo! ¿No me estará tomando por una de sus alumnas, eh, profe? Vamos, devuélvame mi cuaderno y tengamos la fiesta en paz. Que está muy feo eso de fisgar, señor profe.

PROFESOR.— No me voy a achantar, señora limpiadora (arranca la hoja que ha leído y se la guarda). Aquí tiene “su cuaderno”.

(El PROFESOR entra en la clase, la LIMPIADORA menea la cabeza con aire de conmiseración y guarda su libreta en el bolsillo).

LIMPIADORA.— (Sola, para sí misma) Muy bien, profe. Si quieres guerra, habrá guerra.

LIMPIADORA coge la mopa del carrito de la limpieza para seguir con su tarea. 


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EJERCICIO 3b – JUANA – CONSIGNA: Escena de teatro con indicaciones previas de entradas y salidas de los personajes A y B.

 

El pasillo de un instituto de enseñanza. La LIMPIADORA se ha detenido con su carrito de limpieza a la puerta de un aula. Está ojeando un cuaderno pequeño. Lleva un boli en el bolsillo. En ese momento, sale del aula el PROFESOR, de manera precipitada).

 

LIMPIADORA.— iHola, profe! ¿Qué? ¿Superado el pánico del primer día de clase?

PROFESOR.— Yo… Esto… No. No, mucho. Todavía estoy en vilo.

LIMPIADORA.— Tranquilo. No es tan fiera la bestia, como la pintan, profe.

PROFESOR.— ¿Que no? Acabo de salir escopetado. Están todas locas.

LIMPIADORA.— Son quinceañeras, profe. La edad del pavo, ya se sabe.

PROFESOR.— Me parece que algo más. Voy a ir a dar parte a Dirección.

LIMPIADORA.— ¿Qué ha pasado?

PROFESOR.— Pues que iba a pasar lista y se han puesto todas de pie, como por resorte y a cantar a voz en cuello. “Profe, guapetón, te queremos un montón”. Y ya no ha habido manera de hacerme oír, hasta que ha sonado la sirena. Librado por la campana.

LIMPIADORA.— Pues lo que le digo. Niñatas en la edad del pavo. Seguro que faltaba alguna y no querían que lo anotara. Si lo sabré yo.

PROFESOR.— Pues peor me lo pone. Ahora mismo voy a la oficina de la Directora a informarle.

LIMPIADORA.— No sea tonto. Y perdóneme la expresión. Déjeme a mí. Ahora mismo les hecho un rapapolvo y arreglado. Ya lo verá.

PROFESOR.— No, no. No entre ahí, por favor.

LIMPIADORA.—Mejor que no llegue la sangre al río, ¿no le parece? No son malas chicas... Ya las irá conociendo.

PROFESOR.— Ya, pero eso es asunto mío.

LIMPIADORA.— Mire, profe. La paz del centro es cosa de todos. Si las chicas se alteran, no vea cómo me dejan luego los baños de pintadas. Así que, espérese aquí un momentito.

(El PROFESOR se queda solo, nervioso. Ve el cuaderno que ha dejado la LIMPIADORA en el banco corrido junto a la puerta del aula. Lo coge con curiosidad. Lo ojea. Se le ponen ojos como platos. Pasa las páginas. Sale la LIMPIADORA medio riéndose).

LIMPIADORA.— ¿Qué le decía? Están encantadas con usted. Les ha caído muy bien. Que lo que cantaban era “Bienvenido, profesor. Aprenderemos un montón”. Eso me han dicho. ¡Qué chicas, estas!

PROFESOR.— Pues qué bien (lo dice con retintín). Ahora mismo se lo pregunto yo, en persona, y salimos de dudas. (Subraya lo que dice con la mano que sujeta el cuaderno).

LIMPIADORA.— Como usted quiera, profe. Pero devuélvame mi cuaderno, por favor.

PROFESOR.— Ya. Ya. “Su cuaderno” ¡Qué graciosa es usted! Le prohíbo que escriba nada sobre mí en “su cuaderno”. ¿Entendido? (Lo abre y lee). “Hoy llega un profe nuevo. Chico majo. Un poco verde, lo veo yo. Demasiado tímido, pero seguro que aprenderá. Otro personaje para mi obrita. ¡Qué bien!”.

LIMPIADORA.— ¡Oiga! ¡Haga el favor de devolverme mi cuaderno! ¡Hábrase visto! Eso de fisgar está muy feo, señor profe.

PROFESOR.— Y eso de escribir sobre otros sin su permiso, también está muy feo, señora Limpiadora. Así que…(arranca la hoja que estaba leyendo). Aquí tiene “su cuaderno”.

(El PROFESOR le da el cuaderno y regresa de nuevo al aula. La LIMPIADORA menea la cabeza con aire de conmiseración y guarda su libreta en el bolsillo. Coge la mopa del carrito de la limpieza para seguir con su tarea).

 

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