Ejer Extra
Ángel,. con sonrisa que parecía dibujada con rotulador permanente para diseño del gato Félix, descubrió la plaza del pueblo el día que se sentó en el gran ventanal de la bonita cafetería. Relajado observaba la distribución de los barrocos forjados de la balconada que adornaba la casa antigua central. Ésta daba explendor al bulevar donde las flores surgian de los setos de diversos tamaños y colores. El agua de la fuente le pareció tan cristalina que pensó en darse un baño prohibido ante la mirada de aquellas divertidas personas que descansaban sobre el banco de piedra, bajo la sombra del lilero.
Su amigo Paco, ese día, se acordó de las maravillas que le contó Ángel y pensó tomar un café. El semblante de pantera Rosa en sus peores momentos, sólo lo dejaban mirar los mosquitos pegados y huellas dactilares grasientas. Los desconchones de la fachada de la vieja casa central la veia a juego con flores secas de los setos esqueléticos. Le olía al cloro de la fuente, incluso dentro de la cafetería y, el ruido de las personas que gritaban en el banco de piedra, que debía estar helado de frio, le amargaron el sabor del café.
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