SUEGRAS
Buenas noches.
Anoche recibí una sucesión de chistes acerca de las suegras: suegras buenas, suegras malas, nueras sumisas, nueras rebeldes.
Me atrevo a dirigirme a vdes esperando que pueda alguien ofrecerme una solución al dilema en el que me hallo. Escucho de vez en cuando su programa SOLUCIONES AL ALBA y considero que, todos los que participan aportando ideas a situaciones imposibles, son personas inteligentes y racionales de gran ayuda.
Mi suegra, a sus cuarenta y cinco años es una mujer joven que no ha perdido la esbeltez a pesar de sus tres embarazos. Cuidadosa con su melena castaña, desfilada y tintada de mechas rubias, y siempre maquillada con esmero pero sin excesos, presenta un aspecto impecable. No llama la atención con sus atuendos y elige por sistema trajes de chaqueta, vestidos, pantalones, faldas, blusas y jerséis alegres sin ser llamativos. Lo único que la caracteriza es que jamás se baja de sus tacones de aguja de diez centímetros. Esto, unido a una altura ya considerable, le otorga una imagen imponente. Cariñosa siempre y muy protectora con sus hijos, según cuenta mi marido, el mayor de ellos, mima a mi pequeño, su primer nieto al que viene a ver todas las mañanas. Esto me supone un gran desahogo. Por las tardes, llueva o truene, se dedica a la labor social y ha puesto en marcha hace muchos años un ropero en un barrio marginal. La quiero casi más que a mi madre.
Mi suegro también es un buen hombre, reservado y muy trabajador es el fundador de un bufete de prestigio. Es feliz con sus legajos y con la asistencia continua a los juzgados donde suele ganar con la defensa de sus clientes más adinerados.
Hasta aquí puede decirse que les he presentado a la pareja perfecta. Pero la perfección no existe. Hace unos meses he sabido de forma fehaciente que mi suegra es una ninfómana. En paralelo a su ropero es la estrella indiscutible del mejor prostíbulo de la capital. Perpetuamente insatisfecha nunca dice que no a ninguna proposición a partir de mediodía, horario en el que, al parecer, su cuerpo ya no puede soportar la tensión. Todas estas circunstancias me han sido reportadas con gran secretismo por una persona de mi confianza que ha mantenido varias citas con ella. Una vez finalizadas sus sesiones vespertinas, ya desfogada, vuelve tranquilamente a su hogar. Nadie sospecha nada.
Su marido salva a los clientes y ella los consuela o los felicita.
He dudado varios días acerca de la postura que yo tendría que adoptar; en sí debería, o no, referir esta historia a mi marido y malograr la estabilidad de la familia. Al fin y al cabo, mi suegra no hace daño a nadie y es seguro que la paz del hogar se vería seriamente perjudicada si se paseara todas las tardes por nuestros domicilios sin poder apagar su furor.
Pero la situación, la semana pasada, se ha vuelto insostenible. Mi hermano, de veinte años que acudió, en mala hora, invitado por su padrino al prostíbulo, no solo se ha topado con mi suegra, que no ha podido resistir el deseo de probar carne joven y jugosa, sino que se ha enamorado perdidamente de ella siendo correspondido, por lo menos en lo que se refiere al amor sexual. Planean fugarse juntos a una isla griega hasta que el ardor se extinga.
¿Qué consideran vdes que debo hacer? ¿Destapar la historia, desenmascarar a mi suegra y que los hombres de la familia impongan el orden? ¿Dejarles marchar, y, cuando se sepa, hacerme la tonta y esperar que el amorío pase pronto apoyando al resto de la familia en guardar el secreto? ¿Intentar hacerles desistir y entrar en razón? Pueden seguir su historia en la ciudad y así todos tan felices. No veo la necesidad de dar la campanada.
Espero que, con su buen criterio, sepan aconsejarme al respecto.
Estimada MAR DE DUDAS
Nos ha dejado vd bastante confusos a todos los contertulios de este programa. Desde las ondas y después de valorar su situación, hemos llegado de común acuerdo a la siguiente valoración que esperamos le sirva de ayuda.
Por una parte, muestra vd una extraña inclinación a proteger a su suegra y no llegamos a entender si se trata de un afecto real o de la necesidad que siente de relajarse por las mañanas dejando a su hijo en manos de esta ninfómana caritativa. La verdad es que esta señora reparte bienestar a toda clase de necesitados tanto material como espiritual y físico. Es una gran aportación a la sociedad y cortarle las alas sería una necedad y, si se le permitiera la huida, también se vería la ciudad privada de sus extraordinarias aportaciones.
Su suegro de vd nos da una imagen de despreocupación bastante lamentable. Un señor ocupado exclusivamente de sus legajos que no aprecia las necesidades de su esposa es un señor de conducta sexual endeble o, quién sabe, si extraviada.
Su hermano, en cambio, nos cae estupendamente. ¿qué quiere vd pedirle a un chaval de veinte años? Esta conducta viene de serie entre los adolescentes tardíos que la sociedad actual está creando.
Así es que, señora, nuestro consejo unánime es que les pida encarecidamente a los amantes que continúen con sus revolcones en la ciudad y que sigan todos vdes con sus ocupaciones cotidianas.
Pregonemos la libertad sexual y de pensamiento.
Muy bueno, Marta. ¡Eso es una suegra!
ResponderEliminarSuegra casta por la mañana que luego se desmelena...Jajaja. Muy divertido
ResponderEliminarQué me gusta ese humor de mirada de reojo que te gastas.
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