EJERCICIO 3 C) RELATO CON UNA OBSESIÓN Aurora Palomo
LA URGENCIA
Estaba don Cristobal terminando de confesar a las feligresas e ir a impartir la misa y le preguntó a la señora que estaba en el confesionario.
CURA.—¿Es usted la última, Doña Mercedes?
FELIGRESA.—Sí, soy la última. ¡Ah no espere! viene muy deprisa directa hacia aquí doña Carmen, la viuda.
CURA.— Persignándose. Gracias
Se marcha doña Mercedes y se arrodilla en el confesionario doña Carmen, que hace dos meses que quedó viuda por un accidente con el tractor que mató a su marido.
Dña. CARMEN.—¡Perdóneme padre por que he pecado!
D. CRISTÓBAL.—¡Ave maría purísima!¿Cuál es tú pecado hija?
Dña. CARMEN.— ¡Hay Don Cristóbal! He vuelto a tener pensamientos impuros cuando esta mañana he visto al panadero.
D.CRISTÓBAL.—Ya hemos hablado de eso Doña Carmen, es normal en usted. Rece 13 Aves Marías y 3 Padrenuestros.
Dña. CARMEN.—Pero padre, yo no puedo seguir así. Tengo una urgencia. Ya le dije que mi Alfonso era muy hombre y que cumplía con creces los votos de casados por la noche.— dice llorando.— Y todas las mañana el puto gallo (usted perdone la palabrota, no tiene otra) cuando canta me despierta la necesidad de mi Alfonso. Nosotros éramos de dos diarios. Y aquí estoy de luto por su muerte y por la muerte de mi tesoro. Y es que mi tesoro me despierta un no sé que, y todo mi cuerpo hierve en necesidad de un hombre.
D.CRISTÓBAL.—¿Ha pensado en ir al programa de Juan Imedio?
Dña. CARMEN.—Claro que sí, ya les he llamado varias veces y escrito, pero el contestador solo dice que me llamaran. Pero yo tengo una urgencia.
D.CRISTÓBAL.—¿Hay alguien en el pueblo que le guste?
Dña. CARMEN.—Como gustarme, algunos más que otros, pero están todos casados y yo no quiero entrometerme en sus vidas y los que están libres parecen alelaos. Fíjese que hasta me hace tilín usted.
D. CRISTÓBAL.—Doña Carmen, ¡repórtese por favor!, que la van a oír. ¡Yo te absuelvo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!. Y hace la señal de la cruz.
Dña. CARMEN.—¡Ah! ¡No! ¡Así no me despacha usted! .—dice en tono
enfadado y levantando la voz
D.CRISTÓBAL.— ¡Doña Carmen! que no la estoy despachando, que tengo que impartir la misa, que ya son más de las doce.
Don Cristóbal sale del confesionario y doña Carmen nerviosa se levanta, tropieza con el escalón y al caer se agarra a la sotana del cura que intenta soltarla.
Doña Carmen se agarra a un pie del cura y le dice en voz alta:.— ¡Padre perdóneme que he pecado de nuevo al ver sus tobillos!
Muy gracioso, ¡pobrecita!
ResponderEliminarMuy divertido, que tristeza, pobre mujer.
ResponderEliminarjajajajaja, eso sí que es salirse de los lugares comunes literarios. Solo que has hecho teatro, no es narrativa!
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