MIGUEL- RAQUEL
En el escenario está RAQUEL, tranquila, esperando a que salga su novio para despedirse.
MIGUEL. —¡Me ha dicho que sí, me ha dicho que sí!
(Entra MIGUEL en la escena corriendo abrazando a su novia).
RAQUEL. —¿Qué ha ocurrido? Cuéntamelo todo.
MIGUEL. —Tu padre ha accedido a dejarte venir a trabajar a París. Le he dicho que de momento no nos casamos pero que vamos a vivir juntos, que cuidaré de ti y que te quiero con toda mi alma. Al principio no paraba de decir que eres su única hija, que no quería que te fueras tan lejos, que quería tenerte cerca, que no sabemos francés, que si los franceses odian a los españoles, que si no te ha pagado la carrera de enfermería para alejarte,...Me ha lanzado una extensísima retahíla de inconvenientes, pero cuando yo le he contado lo que ganaremos en París y las facilidades que nos da el propio hospital para tener un apartamento cerca es cuando he visto que se ablandaba. Me pareció incluso que se le humedecieron los ojos, un poco, tú sabes lo duro que es, que no muestra nada. Le he contado que será temporal, que viviremos allí el tiempo imprescindible para ahorrar y tener puntos para trabajar en la sanidad pública española.
RAQUEL suelta una carta cuando lo ve abalanzarse sobre ella abrazándola y levantándola. Raquel se suelta y quiere entrar.
MIGUEL. — ¡No entres por favor! Ha dicho que sí y no le vamos a dar más vueltas no sea que cambie de opinión. Nosotros vamos a continuar con nuestros planes de irnos a París mon amour
Miguel dibuja un corazón con sus dedos y los pone en el corazón de Raquel riendo.
No obstante, ella lo besa y entra.
Miguel encuentra la carta. Es de un hospital. No sabe si abrirla o no. Está a nombre de Raquel. La lee.
Ella sale llorando del interior de la casa.
Miguel la abraza.
MIGUEL.—¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloras? ¿Ya ha cambiado de opinión? ¿Hablo de nuevo con él? ¡Como entre se va a enterar! —comenta con gesto agresivo.
RAQUEL.—No—responde secándose las lágrimas—. Está muy enfadado. Me ha dicho que me vaya y no vuelva más. No quiere saber nada de mí. ¿Y a ti qué te pasa, ya no estás contento?
MIGUEL. — Ahora mismo entro y le canto las cuarenta. Al final te echa de casa. ¡Es un egoísta traicionero! A mí me pone una cara y a ti otra. Y le voy a contar lo que pone en esta carta. ¡Palurdo, que es un palurdo!
Raquel intenta quitarle la carta y forcejean un poco.
RAQUEL. —Dame la carta. No le vas a decir nada. Él no tiene la culpa de nada. Solo está muy enfadado. Si lo supiera sufriría mucho.
MIGUEL.—Y yo sí sufro. No me habías dicho nada de esto. ¿No confías en mí? ¿No soy yo tu amor y pensamos vivir juntos el resto de nuestras vidas? ¿Qué soy yo para ti Raquel? ¿No merezco saber esto? ¿Tengo que enterarme por casualidad?
Miguel anda por toda la escena con la carta en la mano de un lado para otro.
RAQUEL. —Perdóname. La recibí esta mañana y no sabía qué hacer. Decidí dejarme llevar por lo que pasara, por lo que mi padre y tú dijerais sin saber esto. Haré lo que pensábamos hacer.
MIGUEL. —Pero...pero...los médicos los tienes aquí. Tendrás que hacer tratamiento, operaciones, más tratamientos, quimio, radio, ...quien sabe. Mejor aquí, pienso yo.
RAQUEL. —En París también hay oncólogos. Me trataré allí si tú estás dispuesto a vivirlo conmigo. Si no, me quedaré aquí. Haré feliz a mi padre con la noticia de que me quedo, aunque infeliz con la de mi tumor. ¿Qué me dices? Dame la carta, por favor.
Miguel le devuelve la carta muy triste.
MIGUEL. —Esto me sobrepasa. No entiendo cómo estás tan contenta. Pareces una roca impasible, parece que el cáncer lo tiene una desconocida. Ahora mismo estoy perdido.
MIGUEL llora y mira al cielo.
RAQUEL .—No tienes que decidir nada ahora. Puedes dejarlo para mañana o pasado. Tú me contestas cuando puedas, pero no lo retrases, ya sabes que empezaríamos en París dentro de cinco días.
Raquel lo mira sonriendo. Ella está llenita de amor. Miguel la abraza y se va.
No hay comentarios:
Publicar un comentario