UNA TARDE
Escena: una calle peatonal del centro de una ciudad a media tarde de un
día de primavera. En el centro del escenario, hacia la izquierda, hay un banco
que mira a la derecha, desde el que se ve una línea de comercios que se pierde
hacia el fondo. Detrás del banco hay un árbol que le da sombra. B con una bolsa
en la mano, sale de un comercio de la
acera derecha, su paso es pausado, se dirige al banco y se sienta en él, parece
tranquilo.
A.- (Se escuchan pasos
cortos de mujer. A aparece en escena tapándose la boca con su mano derecha,
corriendo hacia B) ¡Dios mío, Dios mío! ¡No sabes!.. ¡No sabes lo que he
visto!
B.- No mujer, no sabré lo que has visto hasta que no me lo
cuentes.
A.- (Se sienta en el
banco al lado de B) Pues verás, antes de buscar la blusa, he echado un
vistazo a ver si veía algo original para llevar de recuerdo a los niños, pero
como no veía nada…
B.- Al grano. Deja la paja para después.
A.- ¡Hijo, que impaciencia! Venga sigo, Te decía…
B.- ¡Al grano! (En
tono alto y enfadado)
A.- Bueno, pues me pongo a buscar una blusa y escucho algo
que llama mi atención. Miro alrededor, pero no veo a nadie. Sigo viendo blusas,
pero vuelvo a escuchar algo, me pareció un suspiro. En ese momento, levanté la
vista hacia donde me pareció que venía el sonido. Me acerqué y conforme iba andando
oía con más nitidez lo que indudablemente eran jadeos. Me asomé por encima del
perchero que había delante de la pared ¿Y qué te crees que vi?
B.- Vamos mujer, habla de una vez.
A.- Estaban en el suelo, él debajo, ella encima ¡Estaban
haciendo el amor! He salido corriendo para contártelo.
B.- (Se levanta del
banco) Voy a verlo.
A.- (Cogiéndole el
brazo) No vayas, no vayas.
(B se zafa de la mano de A y sale de escena. A mira a su alrededor. Ve
la bolsa que B ha dejado en el banco. La abre y con enojo descubre que es una
cámara fotográfica. Levanta la cara para ver la calle, cruza y descruza las
piernas varias veces mientras, también entrelaza los brazos bajo su pecho. Tras
unos minutos, B entra de nuevo en escena con paso lento y desgarbado).
A.- ¿Lo has visto? ¿Lo has visto?
B.- No
A.- Seguro que no has mirado donde te he dicho ¡Si es que no
me escuchas! Es en el fondo, donde está la ropa de mujer.
B. Que sí, no insistas en eso, no tienes razón. Me he puesto
a mirar ropa de mujer, he buscado por encima de todos los percheros hasta que
ha venido una dependienta y me ha preguntado qué quería. En ese momento se me
fijó una sola idea y sonreí. La dependienta volvió a insistirme y he tenido que
salir.
A.- Claro, el pensamiento único.
B.- No seas tópica, no es único, es solo insatisfacción.
A.- ¿Acaso crees que cuando me casé prometí tu satisfacción?
B.- Yo prometí la nuestra (cogió las manos de A)
A.- No la has cumplido, normalmente estoy sola.
B.- El trabajo me aleja de la familia, lo sé, por eso hago
estos viajes contigo. Solo contigo, porque es contigo con quien quiero estar. No
es el viaje, me da igual la ciudad, el hotel, el avión, el barco o el coche.
Quiero vivir estos días contigo. Sin que los niños, tu madre o, la mía, estén
presentes. Este es nuestro momento, así lo siento.
A.- Necesito sentir que eso que has dicho es verdad.
B.- ¿Ahora eres tú la insatisfecha? Mejor no hablo del
pensamiento único ¿de acuerdo?
A.- (Poniéndose de pie)
Voy a entrar, tengo que comprarme una blusa.
B.- Dame esa bolsa.
A.- (escondiendo la
bolsa detrás de ella) ¿Otra cámara? ¿Es que no tienes bastantes? ¿Acaso te falta algún modelo en la
colección?
B.- Se me ha olvidado en casa, lo siento, quiero guardar
recuerdos de este viaje.
A.- Tenemos una cámara como recuerdo de cada sitio que
visitamos.
B.- No exageres mujer, cuando seamos viejos nos gustará ver
estas imágenes y eso no tiene precio.
(A da la bolsa a B y sale de escena por la izquierda. B toma la bolsa y
se sienta en el banco a esperar a A)
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