domingo, 30 de enero de 2022

EJERCICIO 3B Andrea Sanz

  ESCENARIO.— Una terraza en un pequeño parque en un rincón de una zona comercial. En una mesa está sentado Hector, tomando una cerveza , girando entre sus manos un reloj de pulsera Patek Philippe.


   HÉCTOR.—dirigiéndose al público— Esta vez, Cora, ha estado soberbia. Creo que es la mejor pieza que ha conseguido robar en su vida. Un ejemplar parecido se subastó en otoño y alcanzó un precio de 31 millones de dólares. ¡Ole Corita, esta vez te has lucido!


Transcurridos unos minutos aparece Cora bastante alterada.


   CORA.—Héctor, por Dios, no te imaginas lo que ha pasado.


   HÉCTOR.—No me lo imagino, pero seguro que no tardarás en contármelo.


Cora se atusaba el pelo repetidas veces, se estiraba el borde de su falda sobre las rodillas y, de un trago, se bebió el resto de la cerveza que quedaba en el vaso de Héctor.


   CORA.— El dependiente mayor de toda la vida hoy estaba conmigo especialmente amable y yo no he sospechado nada. Pidió a un compañero nuevo que me enseñara los pendientes que yo estaba buscando, y él salió diciendo que iría al almacén a buscar unos especiales para mí. 

Por favor, pide otra cerveza que no puedo ni hablar de lo seca que se me ha puesto la boca con el susto.

Bueno, sigo. Al cabo de unos minutos aparece con un segurata king size, que me dice haga el favor de acompañarle. ¡Menos mal que lo hizo con mucha discreción y no se enteró nadie! En un despacho aparte me pidió que vaciara mi bolso. Ante mis preguntas en tono histérico me dijo que había desaparecido un reloj de altísima gama y que yo era la última persona que lo había tenido entre sus manos.

¡Menos mal que no te han debido relacionar conmigo!

Me he puesto a llorar y casi a gritar que se las tendrían que ver con mis abogados y que, por supuesto, se enterarían algunos de sus mejores clientes, amigos nuestros, de como tratan a una señora.

Al final, con la boca pequeña, me han tenido que pedir disculpas. ¡Creí que iban a pedirme que me desnudase!


   HÉCTOR.—Ah no, esto si que no lo voy a consentir. No puedo permitir que alguien se acuerde de nuestra relación, o que se den cuenta de mi presencia a través de cámaras de seguridad y tener vetada la entrada en este establecimiento para el futuro. ¡Ni hablar! Ha sido siempre una fuente de ingresos excelente, y aunque tú, está claro, que no puedes volver, yo sí pienso hacerlo.


   CORA.—Héctor, ni se te ocurra, por favor, vámonos a casa, que con el trabajo de hoy, tenemos para vivir mucho tiempo.


   HÉCTOR.—No insistas, voy a entrar. Tú tranquila, confía en mí, no habrá ningún problema.


   CORA.—Vale, pero dame el reloj que lo guardo en mi bolso, ¿No se te ocurrirá entrar con él?


Héctor metió el reloj en el bolso y se soltó de la mano de Cora que, aún, trataba de retenerle.

Al cabo de unos minutos vuelve a ocupar su silla en la terraza.


   HÉCTOR.—Bueno, ya está. Solucionado. Me he dirigido al dependiente mayor y le he pedido que me haga una limpieza del Franck Muller que, casualmente, me había puesto hoy. Me ha atendido muy correctamente y me ha dicho que vuelva en una semana a recogerlo. Nadie pensará que, si tuviera algo que ver con el robo del Pateck Philippe, iba a volver tan campante al establecimiento esta mañana. Además, para tu tranquilidad, te diré que he oido al dueño decir al empleado, muy discretamente, que no tenía que haber hecho las cosas así. Que si no estaba seguro al cien por cien, era mejor dejarlo pasar que la mala prensa para el establecimiento. El dependiente insistía en que sí estaba seguro. Así pues, lo que está claro es que tú no puedes volver.

Bueno, ahora devuélveme el reloj que me voy a acercar a ver a quién tú ya sabes. Quiero que me lo valore exactamente y que me diga que estrategia vamos a seguir para su venta que, supongo, no podrá hacerse muy pronto.


Cora se terminó su cerveza y Héctor siguió dando vueltas el reloj, admirándolo, entre sus manos, mientras, despacio, se terminaba la suya.


 

1 comentario:

  1. un trabajo rentable muy original aunque no se si tiene todos los pasos que pide el profe

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