3.-B Teatro
Personajes: Braulio y Ana
Braulio se encuentra
en el parque, al lado del gimnasio, con una bolsa de tomates. La balancea de un
lado a otro. Ana sale del gimnasio y se encuentra con él.
BRAULIO. — Buenos días, Ana.
ANA. — ¡Hola, Braulioooo! Eres como el queso y el jamón,
con los años mejoras. ¡Bonito día!
BRAULIO— Parece que ha pasado un vendaval. Vaya cara de
felicidad. ¿Qué te pasa?
ANA. —He conseguido correr, en la cinta, treinta minutos
sin parar. Lo mejor de todo es que el Príncipe de Bel-Air se encontraba de visita
para promocionar el deporte, y me ha seleccionado para ser extra de su próxima
película. Estaba sentado en una esquina, al fondo, en una banqueta alta, como
de bar, y desde allí nos observaba. Lo hemos sabido al final. La amabilidad que
demuestran es lo mejor de todo.
BRAULIO. —Quiero entrar, siempre me ha gustado ser extra.
Además, soy fan de Will. Le pediré un autógrafo.
ANA. —Mejor no. Se
reunieron con el dueño y prefieren que nadie les moleste. Si se enfadan contigo
difícil que consigas algo.
BRAULIO (deja la bolsa en el suelo). —Conozco a
todos ahí, soy amigo del dueño. Referencias y curriculum me sobran. Tengo buena
presencia, habrá algo para mí. Voy a entrar, hasta luego.
ANA. —¡Lo que faltaba! Tan guapo podría quitarme el papel
de extra. Voy a respirar hondo y cruzar los dedos para que no alteren mi
propuesta.
BRAULIO (Dando un portazo al salir del gimnasio). —
¡Serán estúpidos! ¡Los voy a matar a todos por imbéciles!
ANA. —¿Qué sucedió? Ibas tan seguro de conseguir un papel y
feliz por saludar a tus amigos.
BRAULIO. —Intenté hablar con ellos y me dieron un empujón.
Parece una cocina, no un gimnasio. Un chef prepara comida y tapas. El tal
príncipe de las narices me ha tirado pelotas cuando me dispuse a representar un
pequeño papel que tenía preparado desde hace años para alguna ocasión. Si me
hubiera llevado los tomates paso por repartidor o se los tiro a la cara. ¡A la
mierda!
ANA. —¡Comida! El hambre me supera. Espero que se acuerden
de mi cara. Allá voy.
BRAULIO. —Eh, eh. Devuélveme los tomates. Ni un céntimo desperdicio
en esos. Arréglatelas con tus encantos y no con mis ideas.
ANA. —Toma, toma. ¿Ya estás tranquilo? Haz un buen sofrito.
Adiós
BRAULIO. — Si, todo en orden. Adiós, Ana.
que divertido al final se quedo sin papel, muy bueno
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