HAMBRE
Dientes postrados en mandíbulas deshabitas.
Jornadas aciagas de lamentable continencia,
Aproximan indecentes una noche inexistente.
Cuando un extinto descanso
Estalla en empellones montaraces
De vísceras que braman
anhelantes.
Se convierte en ansiado destino,
Cualquier esponjoso nutriente.
Aunque si de manjar se tratase,
Ennoblecida quedaría la gesta.
No hay cosa que envilezca más a un hombre
Que no tener bocado a su alcance.
Porque ante tamaña adversidad,
El estómago empieza a temblar,
Las piernas a flaquear y
El pensamiento a alucinar,
Con asados humeantes.
Ante los que las viscosas fauces
Se contorsionan goteantes.
Y con este hartazgo soñado
Toco la lira y extiendo la mano.
Imágenes con mucha potencia. Enhorabuena.
ResponderEliminarBuen trabajo. Cuidado con la rima. La primera mitad del poema nada en un barroquismo más abstracto, mientras que la segunda mitad se hace más tangible.
ResponderEliminar