sábado, 15 de enero de 2022

EJERCICIO 1B Andrea Sanz.

 EXPOSITOR DE BEBIDAS



Nina entra en una cafetería de comida rápida y se sitúa enfrente de un expositor de bebidas

Deja caer el bolso y la chaqueta sobre una silla  y se sienta, abatida, sobre otra.


A la mierda mi jefe y mi trabajo. No aguanto más. Como es posible que para el proyecto más ambicioso de mi vida, me coloquen de compañero al inútil de Alfredo. Es mi antítesis. Todos mis trabajos de interiorista se caracterizan por su armonía, y la armonía se fundamenta en la simetría y el equilibrio. El gilipollas de Alfredo es la anarquía personificada y en los ambientes que crea, solo pueden sentirse a gusto trastornados , desequilibrados y psicópatas.

Decididamente, si me obligan a compartir el proyecto, dimito.


Nina se queda mirando, absorta, el expositor de bebidas , se levanta bruscamente, y se enfrenta a él.


Está claro que hoy todo se pone en mi contra. ¿Quien cojones habrá colocado estas vitrinas?

Perfectamente podría haberlo hecho Alfredo. A ver, ¿cómo es posible que en esta estantería superior, las latas de refresco estén tan mal colocadas? No forman un conjunto armonioso, si no que mezclan colores al alimón sin tener en cuenta una gradación estética basada en sus longitudes de onda, en su intensidad cromática, en la gama de colores propuesta por la industria textil para este verano… o en lo que sea, pero no así, sin ton ni son.


Nina no para de cambiar de sitio los envases del expositor


Y en esta segunda estantería, el agua mineral está peor. El desorden me ofende más, si cabe. Que aparezcan mezcladas botellas de plástico y cristal, quizá es lo más aberrante. No se puede presentar a nadie, como opciones similares, cosas tan radicalmente diferentes. Hay muchos clientes que no saben la cantidad de agentes cancerígenos que puede haber en un plástico, algunos de los cuales se han detectado en el contenido de las botellas. No puedes ponerlas junto a un agua embotellada en cristal, como diciendo: " elija una u otra, da lo mismo". ¡No da lo mismo!. Pero, además, hay desorden de tamaños, ¿por qué? ¿Cuesta tanto seguir un orden , por ejemplo, descendente? Este orden, por supuesto, debe ir de izquierda a derecha y de atrás a delante, ya que tengo que retirar un Vichi Catalán para encontrar un Solán de Cabras, que es más pequeña. 

¡Menos mal que es tarde y ya no hay mucha gente que venga a comer, porque llevo diez minutos colocando botellas de agua!


Un señor de mediana edad se acerca al expositor y Nina le deja pasar para no retrasarle. Susurran algo entre ellos.


Aunque no os lo creáis —dice Nina volviéndose de cara al público— antes de irse, me ha preguntado: <<Señorita, ¿podría decirme si alguna de estas botellas es con gas?, es que me he dejado en la mesa las gafas de cerca y no lo puedo leer>> ¡Casi me desplomo! ¡Ni se me había ocurrido pensar en el gas! Tengo que volver a colocarlo todo. A ver, a la derecha con gas, a la izquierda sin gas, y, en cada grupo, orden de tamaño descendente de izquierda a derecha y de atrás a delante. Lo único que no acabo de resolver es cómo separar en diferente grupo las botellas de plástico de las de cristal. Estoy pensando que quizá pueda sugerir al encargado que retire todas las botellas de plástico, no están a la altura de este establecimiento.



 Tampoco se va a llevar ningún premio la tercera estantería, que aloja las cervezas. Están mezcladas latas con botellas, de ambas hay ejemplares de distinto tamaño y, aunque no destacan fuertes estridencias en el color, tampoco forman un conjunto estéticamente equilibrado. ¡Uff!

No sé cómo meter mano en este desorden, necesito muchos datos que no saltan a la vista, fundamentalmente la graduación de cada botella, sería la clasificación más lógica, pero es que de la misma graduación hay latas y botellas, botellas de diferente tamaño 1/3, 1/4, 1/5,  y de cada tipo  diferente color según la marca.

Podría recolocarlo todo nuevamente, pero no sé qué opción elegir. Puedo poner en la primera estantería todas las latas, en la segunda botellas de cristal y en la tercera botellas de plástico. Luego en cada estantería tendría que decidir si ordenar por colores o por tamaño. Creo que el tamaño es lo más adecuado. Si está bien hecho, a nadie le cabrá la menor duda de ello, mientras que con los colores pueden producirse muchos equívocos. Por ejemplo, un 9 % de los varones tiene algun grado de daltonismo, por lo que ya tenemos un buen número de personas que no comprenderán la corrección del orden que hemos establecido. Pero, aún teniendo una visión cromática normal, no todo el mundo establecería como correcto el mismo orden, probablemente aún sin saber nada sobre longitudes de onda, la mayoría de la gente tomaría como ejemplo la gradación cromática del arco iris para hacerlo, aunque es posible que muchos elijan otro orden, incluso aleatorio. Definitivamente, prefiero el orden por tamaño.

Me siento un poco nerviosa, incluso un poco mareada, porque no me parece un buen resultado haber mezclado en las estanterías diferentes productos. Ya no puedo dirigirme a una estantería concreta para buscar una cerveza, porque puede haber cerveza en la estantería de las latas o en la de las botellas, ahora tengo que revisar dos estanterías completas para elegir la que quiero. Me  sudan las manos… Pero tengo que seguir intentándolo. 

¿Cómo voy a conseguir que me dejen sola en el nuevo proyecto si no consigo colocar debidamente un triste expositor de bebidas?


2 comentarios:

  1. Yo soy muy de reordenar, no hay nada que me relaje más, jajajaja

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  2. Ay, Andrea¡Qué bueno! en parte me he visto reflejada. No hasta ese extremo pero sin orden no puedo trabajar. Buenísimo.

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