Una clase de religión
Me encuentro
viendo la televisión muy relajado en el sofá, a pesar de no hacerle ningún caso a la televisión,
pero el run run de la tele me entretenía. Algo desvió mi atención, Virginia mi
compañera no paraba de entrar y salir de la habitación. Mirándole a la cara le
pregunto.
-Oye Virginia. ¿Me puedes decir que te
preocupa? no paras de entrar y salir de la habitación.
-Es algo que quiero contarte, pero no me
atrevo.-Me contesta.
-Llevamos treinta años juntos y no te atreves
a contarme lo que te inquieta “desembucha cariño”.
-De acuerdo te lo contare. Ayer recibí una
invitación para pasar un fin de semana, en Toledo o Córdoba. Pero hay que
reunir una serie de requisitos, y la verdad cariño siempre he tenido ganas de hacer este viaje.
-¿Y en que consiste esos requisitos? Me
tienes en ascuas –Le pregunto a Virginia todo intrigado.
-Es un retiro para matrimonios, que se
llama: proyecto amor conyugal. Iríamos a un hotel donde tendríamos reuniones
con otros matrimonios y nos explicarían sus experiencias religiosas
-Me explica
con todo detalle.
-De acuerdo Virginia. Como veo que tú
entiendes más sobre este tema me tendrás
que ir ayudando para no meter la pata. Si te soy sincero estoy un poco nervioso
y también me está
gustando la
idea. Me recuerda cuando era niño, mis padres me llevaban a misa y nos salíamos
antes de acabar, porque me dedicaba a pasearme con otros niños por debajo de
los bancos y la gente no paraba de decir “estos niños”. Esos días acababa
siempre castigado. ¿Dime cómo has
pensado que lo hagamos?
-Yo estoy con tus padres “cariño”. Visitar
esos sitios es algo serio, debes de compartir y escuchar lo que
allí se dice. Por lo que te comento si decidimos ir, tal vez nos toque asistir
a algún tipo de celebración. ¿Tú de pequeño y de mayor no has sido muy
religioso?
- Estoy de acuerdo contigo pero yo pienso
que no es tarde para aprender y tal vez esta oportunidad que se nos presenta,
cambie nuestra forma de pensar y de ver la vida y nos hagamos unos católicos,
apostólicos y romanos, como recuerdo que eran mis padres. Por cierto ¿sabes si
se sigue dando esa galleta mojada en vino?
-No lo sé, eso es lo que vamos a averiguar
juntos con este encuentro. Lo que si te voy a comentar, debemos invitar a nuestros amigos: Julián y Enriqueta. Ellos
siempre que se enteran de alguna novedad, la comparten con nosotros y no
deberíamos ser menos. –Me dice Virginia un poco alterada e ilusionada a la vez,
con el nuevo proyecto.
-Me parece una idea genial. Creo que estarán encantados con nuestra idea. He pensado que seas tú la
les llames por teléfono y les digas todo lo que hemos pensado, sueles tener un
tacto especial para ese tipo de cosas. Enriqueta y tú soléis tener puntos muy
afines. Virginia cogió el móvil y se dispuso a llamar a
Enriqueta.
Cuando mi móvil comenzó a sonar, miré quien llamaba y era Julián.
-Dime Julián. Ahora mismo estábamos tratando de comunicarnos con
vosotros, lo pondré en manos libres y podremos escucharte Virginia y yo. –Le
dije.
-Hola pareja. Se me ha ocurrido llamaros,
porque Enriqueta y yo llevamos todo el día discutiendo como pasar este fin de
semana y hemos decidido alquilar un piso en la playa. Si os apuntáis seriamos
cuatro, ¿sino habéis pensado otra cosa?
-No, aún no hemos decidido nada, nos parece
una buena idea. Pero por cierto ¿qué tipo de evento realizaremos? –Le pregunto
a mi amigo Julián.
-Lo clásico, tomar el sol y cuando nos
calentemos, al chiringuito a beber cerveza.
-Por mí de acuerdo, ¿tú qué opinas
Virginia?
-Yo también veo una idea genial. Llamare a
Enriqueta y concretaremos la hora de salida. –Responde Virginia muy
entusiasmada ante un nuevo reto para este fin de semana de sol y playa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario