martes, 8 de marzo de 2022

EJERCICIO 8C - Esperanza

 

FOGÓN

Con un leve roce de mi dedo te enciendes y rauda alcanzas la temperatura marcada. Aceleras mi ritmo, me tengo que dar prisa en echar el aceite antes de que quemes el cazo. Al ajo apenas tres cortes le hago, cuando el olor del aceite me empuja a echarlo. Otra vez mi dedo, ahora acude rápido, para bajar los grados. La cebolla aún no está preparada y luego hay que cortar el pimiento, mejor que se hagan a fuego lento. Ya no hay prisa, puedo rallar el tomate con ritmo pausado mientras, justo al lado, en otro fuego más vivo, frío las albóndigas envueltas en blanco trigo. Cada fuego con su ritmo, devuelve un aroma distinto. Olores de infancia que nunca se olvidan, recuerdos de una vida que se renueva cada día.  

Has dorado las albóndigas que esperan en un plato cerca del refrito. El tomate burbujea salpicando los bordes de la olla. Una copa de vino apagará este fulgor y entretanto evapora el alcohol, añado pimienta y sal. Qué delicia de olor que atraviesa muros e invade los dormitorios. Es el aroma en el que naufragan las albóndigas hasta ahogarse en él. Es en ese momento cuando mi dedo te apagará, para que con el calor concentrado y la olla tapada el guiso se asiente. Pronostico que si freímos unas patatas para acompañarlas, vamos a tener éxito y mañana, que cocine otro.

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