8C.- Monologo
Me levanto cansada de pensar cómo organizar el día. Para
colmo se me acaba de estropear el despertador. Podría recuperar la media hora
si no fuera porque no encuentro los pantalones que van a juego con este jersey.
Buf, ¡Vamos! ¿Dónde estás?
Mi madre me enseñó una oración para encontrar las cosas
perdidas, creo que la recuerdo:
“San Antonio se levantó cuando el despertador tocó. San
Ildefonso que no tenía, con el primer gallo del día. Si les rezas tres Ave María
te dan lo que querías”.
Me olvidé de la parte de rezar, allá voy: Dios te salve
María, llena eres de gracia… (reza a velocidad supersónica sin que se
entienda nada). ¡Y tres! Buscaré de nuevo en el armario, la caja con ruedas
debajo de la cama.
¡Por Dios! Tengo prisa, santos y santos del día, ayudadme
con las tres Ave María. ¿Qué os cuesta darme esta alegría? Si lo encuentro,
todas las noches os rezaría. San Cucufato líbrame de este martirio que me está
dando flato.
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