Cosas que nos cambian la vida
Un adolescente sentado en el suelo y
mirando a la pared, explica el día de su primera cita.
Adolescente.-
Recuerdo a la chica rubia que me presentaron la semana pasada, ella está en
segundo de la ESO. Por casualidad me la he encontrado esta mañana y al
saludarla ha aceptado acompañarla a clase. Durante todo el camino no he parado
de hablarle y ella no dejaba de mirarme a los ojos con esa sonrisa en todo
momento. Llegamos a su clase y sin dejarme de decir una palabra más, me ha dado
un beso y aún siento el calor de sus labios. Recuperado del momento entro a
clase, me siento en el pupitre y…. esa no era mi clase, era la clase de párvulo.
Entre caritas de asombro, salí de la clase
en dirección a la mía. Por fin me siento en mi asiento, pero la profe me hizo
levantarme y me pidió explicaciones de porque había llegado tarde. Al no
dárselas, me puso una falta por llegar tarde.
En el recreo
regale mi sándwich de jamón y queso a unos pequeñajos que no dejaban de mirarlo
(por cierto, era mi preferido). De
regreso a casa en el autobús, no paraba de darle vueltas a mi cabeza pensando
en lo que había ocurrido. Mis compañeros de viaje me miraban durante todo el
trayecto extrañados ya que suelo estar siempre implicado en cualquier tumulto.
Nada más
llegar, mi mamá agitó los remolinos de mi cabeza y me mando a mi cuarto a
estudiar toda la tarde. Acabada la cena, ayude a mi mamá a recoger los platos
de la mesa, introducirlos en el lavavajillas y sacar la basura. Al depositarla
en el contenedor y con una luna resplandeciente que opte por tumbarme en el
porche mirando cómo se desplazaba en el cielo.
Pasado un
buen rato salió mi mamá con una sonrisa y una frase lapidaria, “¿qué te pasa
hoy? estas un poco idiota hijo mío” y me mando a mi habitación. Y en ella me
encuentro, pensando como quitarme este virus que he cogido.
FIN
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