PETA ZETAS
Siempre quisiste coleccionar trofeos,
trofeos con nombre de mujer.
Te daba igual el color de su pelo o de sus ojos,
la amplitud de su sonrisa o la largura de sus uñas.
Conquistabas, y marcabas una raya en la culata.
No pensabas si era por un muerto o un herido.
Tu eras así, sencillamente simple,
querías conquistar y conquistabas.
Utilizabas métodos sencillos,
requiebros galantes oportunos,
juegos del gato y el ratón poco aparentes,
te miro y no te miro, te toco y no te toco,
me acerco, me alejo.
En fin, cualquier recurso que utiliza Cupido.
Pero siempre hacías diana.
Han pasado los años y se cerró mi herida
Lo único que de ti recuerdo
es tu lengua amarilla, siempre amarilla
por los Peta Zeta de limón.
Las últimas palabras que dijiste
cuando el destino nos volvió a cruzar,
y, sonriendo, señalé tu lengua, fueron:
siempre deseé que los hubiera de plátano.
Me ha encantado
ResponderEliminarMe gusta mucho. El detalle de la lengua amarilla es genial y el remate del poema, redondo.
ResponderEliminarSiempre me sorprendes. Me encanta el Pera Zeta!
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