DESAHUCIO
ESCENARIO: (El salón
de una casa con dos muebles sencillos desnudos. La televisión sobre una mesa.
Un sofá y una mesa de centro también desnuda. Una lámpara de pie y dos que cuelgan del
techo. Algunos cuadros en las paredes. Acaba
de amanecer, el sol entra por la ventana)
PERSONAJES: marido,
mujer (ambos de cuarenta y tantos años, vestidos con vaqueros y camiseta.
Ella lleva el pelo recogido con una pinza, de la que escapan algunos mechones.
Calzan deportivos) Transportista 1 y Transportista 2 (De unos
treinta años, visten ropa de trabajo) Hija
(solo voz en off)
ESCENA: El marido y la
mujer pasean por el salón nerviosos, serios, sin mirarse.
MARIDO: Ha llegado el día
MUJER: El día
MARIDO: Nos espera una nueva vida (sonrisa forzada)
MUJER: Lo dices con alegría, como si fuera un triunfo. No he
pegado ojo en toda la noche.
MARIDO: Mujeres, mujeres…
MUJER: Hombres que se embarcan en deudas inasumibles, multas
impagables, irresponsables…
MARIDO: ¿A cuántos hombres has conocido? Te veo puesta.
MUJER: Contigo me basta cariño, reúnes los mejor del género.
HIJA: (No se la ve, se
escucha su voz en off)¿Dónde está el lavabo?
MUJER: No me digas que… (furiosa
y con los ojos desorbitados)
MARIDO: Cariño, lo
único constante en esta vida es el cambio.
HIJA: Papá… papá el camión ya está en la puerta. (grita desde fuera del escenario)
TRANSPORTISTA 1: ¿Por dónde empezamos?
MUJER: por el lavabo.
MARIDO: (al
transportista) Vamos arriba para cargar los dormitorios.
MUJER: A mi marido la lucidez le sale por los poros: lo
primero los dormitorios, como si fuera lo último que vamos a necesitar. (con sorna)
MARIDO: Si hubiera metido tus opiniones en el banco, hoy,
con los intereses, hubiéramos pagado la hipoteca.
MUJER: Para eso tendrías que ser previsor, inteligente… en
fin…
MARIDO: Mi mujer le dará las indicaciones. (dirigiéndose al transportista 1, después se
da la vuelta)
MUJER: (al marido)
Puedes seguir desmontando los baños y cuando termines, los azulejos de la
cocina.
TRANSPORTISTA 1: (mirando
alternativamente al marido y a la mujer) A ver, pónganse de acuerdo y
díganme por donde empiezo que se nos va a hacer de noche. Lo digo por ustedes
que tendrían que irse a un hotel.
MUJER: (Al
transportista) ¡Ayyy señor! Eso se quedó en otra época, ahora me veo en la
calle sobre una manta (se echa a llorar.
El transportista se acerca a ella, la mira apenado y le tiende un pañuelo que
ella coge)
MARIDO: Vaya, un espabilao (El transpsortista atónito lo mira con enfado)
TRANSPORTISTA 1: Díganme por donde empiezo que yo solo he
venido a hacer una mudanza.
MARIDO: Si a mi mujer le parece bien, por el salón, no hay
más que decir.
MUJER: Solo el sofá y ese mueble que está ya vacío (señala los muebles) el resto no nos cabe
en el pisito. (gime acercándose a la
nariz el pañuelo del transpsortista). Ya me he encargado de llenar cajas con lo poco
que nos podremos llevar.
TRANSPORTISTA 1: (mirando
hacia fuera) Ehhh, ven pa cá (El
transportista 2 entra en escena, dirigiéndose a él) Vamos a desmontar este (saca un destornillador y entre los dos
empiezan a desmontar el mueble)
MARIDO: Las cumbres
más altas, por naturaleza, atraen los rayos. Eso es lo que nos ha pasado.
MUJER: Tu atraes la ruina igual que la miel a las abejas. El
banco es el único que gana contigo.
MARIDO: ¿Los bancos? Ya quisiera Drácula para sí tener esa
ambición de sangre. Cuando solicitas un préstamo te dan una pluma atada a una
cadena.
MUJER: Quisiste dar un salto y nos has llevado al charco.
MARIDO: Si no sabemos perdonar un pequeño tropiezo…
MUJER: ¿Pequeño?
MARIDO: El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. Vivamos
el presente.
MUJER: No pienso en otra cosa.
MARIDO: (enciende un cigarro) Unos fuman, otros se emborrachan,
algunos se drogan y otros hasta se enamoran.
MUJER: Cada uno se destruye a su manera. ¡Qué mal ojo tuve!
Pero eso sí que te lo debo: tantas veces me dejaste caer que he aprendido a
volar.
MARIDO: Qué buena suerte tengo, una mujer que sabe volar.
MUJER: Bonita forma de contestar. ¿Sabes que te digo? Que no
aguanto más, que no quiero seguir contigo, que para mí y para mis hijas quiero
otra vida. Que estoy harta de tus negocios, de tus cuentos, de nadar un mes en
la abundancia y al siguiente en la miseria. Que no quiero ser testigo, ni
participar, de este desahucio. Que voy a recoger mis cosas y las de las niñas. Esta
noche dormiremos en casa de mi madre y mañana, volaremos hacia un nuevo rumbo.
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