sábado, 19 de febrero de 2022

EJERCICIO 6B - Esperanza

 

DESAHUCIO

 

ESCENARIO: (El salón de una casa con dos muebles sencillos desnudos. La televisión sobre una mesa. Un sofá y una mesa de centro también desnuda.  Una lámpara de pie y dos que cuelgan del techo.  Algunos cuadros en las paredes. Acaba de amanecer, el sol entra por la ventana)

PERSONAJES: marido, mujer  (ambos de cuarenta y tantos años, vestidos con vaqueros y camiseta. Ella lleva el pelo recogido con una pinza, de la que escapan algunos mechones. Calzan deportivos) Transportista 1 y Transportista 2 (De unos treinta años, visten ropa de trabajo) Hija (solo voz en off)

ESCENA: El marido y la mujer pasean por el salón nerviosos, serios, sin mirarse.

 

MARIDO: Ha llegado el día

MUJER: El día

MARIDO: Nos espera una nueva vida (sonrisa forzada)

MUJER: Lo dices con alegría, como si fuera un triunfo. No he pegado ojo en toda la noche.

MARIDO: Mujeres, mujeres…

MUJER: Hombres que se embarcan en deudas inasumibles, multas impagables, irresponsables…

MARIDO: ¿A cuántos hombres has conocido? Te veo puesta.

MUJER: Contigo me basta cariño, reúnes los mejor del género.

HIJA: (No se la ve, se escucha su voz en off)¿Dónde está el lavabo?

MUJER: No me digas que… (furiosa y con los ojos desorbitados)

MARIDO:  Cariño, lo único constante en esta vida es el cambio.

HIJA: Papá… papá el camión ya está en la puerta. (grita desde fuera del escenario)

TRANSPORTISTA 1: ¿Por dónde empezamos?

MUJER: por el lavabo.

MARIDO: (al transportista) Vamos arriba para cargar los dormitorios.

MUJER: A mi marido la lucidez le sale por los poros: lo primero los dormitorios, como si fuera lo último que vamos a necesitar. (con sorna)

MARIDO: Si hubiera metido tus opiniones en el banco, hoy, con los intereses, hubiéramos pagado la hipoteca.

MUJER: Para eso tendrías que ser previsor, inteligente… en fin…

MARIDO: Mi mujer le dará las indicaciones. (dirigiéndose al transportista 1, después se da la vuelta)

MUJER: (al marido) Puedes seguir desmontando los baños y cuando termines, los azulejos de la cocina.

TRANSPORTISTA 1: (mirando alternativamente al marido y a la mujer) A ver, pónganse de acuerdo y díganme por donde empiezo que se nos va a hacer de noche. Lo digo por ustedes que tendrían que irse a un hotel.

MUJER: (Al transportista) ¡Ayyy señor! Eso se quedó en otra época, ahora me veo en la calle sobre una manta (se echa a llorar. El transportista se acerca a ella, la mira apenado y le tiende un pañuelo que ella coge)

MARIDO: Vaya, un espabilao (El transpsortista atónito lo mira con enfado)

TRANSPORTISTA 1: Díganme por donde empiezo que yo solo he venido a hacer una mudanza.

MARIDO: Si a mi mujer le parece bien, por el salón, no hay más que decir.

MUJER: Solo el sofá y ese mueble que está ya vacío (señala los muebles) el resto no nos cabe en el pisito. (gime acercándose a la nariz el pañuelo del transpsortista).  Ya me he encargado de llenar cajas con lo poco que nos podremos llevar.

TRANSPORTISTA 1: (mirando hacia fuera) Ehhh, ven pa cá (El transportista 2 entra en escena, dirigiéndose a él) Vamos a desmontar este (saca un destornillador y entre los dos empiezan a desmontar el mueble)

MARIDO:  Las cumbres más altas, por naturaleza, atraen los rayos. Eso es lo que nos ha pasado.

MUJER: Tu atraes la ruina igual que la miel a las abejas. El banco es el único que gana contigo.

MARIDO: ¿Los bancos? Ya quisiera Drácula para sí tener esa ambición de sangre. Cuando solicitas un préstamo te dan una pluma atada a una cadena.

MUJER: Quisiste dar un salto y nos has llevado al charco.

MARIDO: Si no sabemos perdonar un pequeño tropiezo…

MUJER: ¿Pequeño?

MARIDO: El futuro nos tortura, el pasado nos encadena. Vivamos el presente.

MUJER: No pienso en otra cosa.

MARIDO: (enciende un cigarro) Unos fuman, otros se emborrachan, algunos se drogan y otros hasta se enamoran.

MUJER: Cada uno se destruye a su manera. ¡Qué mal ojo tuve! Pero eso sí que te lo debo: tantas veces me dejaste caer que he aprendido a volar.

MARIDO: Qué buena suerte tengo, una mujer que sabe volar.

MUJER: Bonita forma de contestar. ¿Sabes que te digo? Que no aguanto más, que no quiero seguir contigo, que para mí y para mis hijas quiero otra vida. Que estoy harta de tus negocios, de tus cuentos, de nadar un mes en la abundancia y al siguiente en la miseria. Que no quiero ser testigo, ni participar, de este desahucio. Que voy a recoger mis cosas y las de las niñas. Esta noche dormiremos en casa de mi madre y mañana, volaremos hacia un nuevo rumbo.

 

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