RELATO 5.- MAR.
Los pies se hunden en la arena fina y caliente, pero voy hacia la arena húmeda y fresca. El aire me da en la cara y respiro con ansia. Inspiro llenando los pulmones y exhalo con fuerza.
Llego a la orilla y el mar me besa los tobillos, la espuma me hace cosquillas entre los dedos de los pies. El agua llega y se retira. Salpico y me dedico a dar vueltas sobre mi misma con los brazos abiertos. Intento alcanzar con la mirada donde se une el mar con el cielo y no puedo distinguirlo. Todo se funde en un verde-azulado profundo.
El océano inmenso, el cielo inabarcable, la luz brillante del mediodía, la cúpula de la catedral, amarilla como las mimosas, destella como un globo dorado. Huele a sal, a plenitud, a algas, a estrellas de mar, a intensidad, a inmortalidad.
Las gaviotas vuelan sobre mi cabeza y cantan a su manera, luego, se posan a una distancia prudente, y buscan alimento, mirando con descaro mis movimientos.
Avanzo y doy pasos vacilantes hacia el mar que me llama, murmura mi nombre, entre ola y ola, he de cruzar esa barrera y entrar de lleno. Al principio me rechaza, intenta que calibre mis decisiones, mis pensamientos, intenta no hacerme daño, pero viéndome decidida, se dulcifica, el oleaje me mece, y sigo avanzando. Sigo sin ver el horizonte pero sé que está ahí, en alguna parte más allá, y esa es mi meta, fundirme con el infinito, con el Misterio, y me ofrezco al mundo fantástico que se encuentra en el otro lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario