LA TERAPIA DEL PULPO
La acción sucede en la
orilla de una playa del norte de España, un paisaje de contraste con arena y la
pared vertical de un acantilado. También hay rocas desprendidas que, por efecto
de la erosión, ya están pulidas.
Un hombre en bañador flota
boca abajo entre esas rocas, lleva aletas, un esnórquel y gafas de bucear.
Lleva un rato en esa posición, de vez en cuando da unas suaves brazadas, pero
se mantiene buceando en esa zona rocosa.
Al rato, se acerca una
mujer en traje de baño con escaso escote y bajo de muslo. Lleva gafas de bucear
y la misma boquilla. Calza unas cangrejeras pero, aun así, hace aspavientos cada
vez que pisa la arena. Se encarama a la roca con cuidado, y prueba el agua con
un pie. De inmediato, lo retira. El hombre ha visto su maniobra y se incorpora.
ÉL- Creí que ya no vendrías.
ELLA- Me aburría. ¿Has visto algún pulpo?
ÉL- Aún no. Pero sí que es verdad que me he acostumbrado a
la temperatura. Anda, métete. Tampoco es tan terrible.
(Ella vuelve a meter un pie y él aprovecha para tirar de
ella hasta el agua).
ELLA- (finge enfado) ¡Eh!
ÉL- Si no te decides, nos volvemos sin ver nada. Mira
(señala con una mano). Eso que se ha movido es un pez.
(Después de varios intentos, por fin ambos consiguen
ponerse a bucear boca abajo, moviendo las manos con suavidad. Al cabo de unos
minutos, él le da un toque en el hombro a ella y vuelven a incorporarse, se
quitan las gafas y el esnórquel. El agua les llega por la cintura).
ELLA- Aún no me lo creo.
ÉL- ¿A qué es adictivo?
ELLA- Tiene otro… color. Es como ver una película de Cousteau.
ÉL- Ya podías haber buscado alguna referencia que no
delatara tu edad.
ELLA- (le ignora) No me imaginaba que esto fuera la
terapia del pulpo.
ÉL- Aún no has empezado con la terapia. Dime qué has visto.
ELLA- (pensativa). No se trata de lo que he visto, sino
de que era… diferente. Las algas, por ejemplo, con el asco que me dan. Pues
parecían estar bailando (cierra los ojos, y comienza a mover las manos y las
caderas en un suave movimiento ondulatorio).
ÉL- (observa su cuerpo con interés) Sigue.
ELLA- (se da cuenta de su mirada) ¿Quieres que baile?
ÉL- No, mujer, que sigas diciendo lo que has visto.
ELLA- Es tu turno, quiero saber cómo lo percibes tú.
ÉL- (se toca el mentón). Allí abajo todo brilla.
ELLA- ¿Qué quieres decir?
ÉL- Ese cardumen de peces rojos que ha aparecido de repente…
era como un letrero de neón de un puticlub. ¿No te parece? Cada vez que se
giraba: encendido-apagado-encendido…
ELLA- No me lo puedo creer, es lo más bonito que hemos visto
y mira con qué lo comparas. ¿También las conchas lisas y rosadas te parecieron
vulvas?
ÉL- Pues…
ELLA- ¡Estás enfermo! (se le queda mirando un momento).
¿Para qué querías que viniera aquí?
ÉL- (se echa a reír). Te estaba tomando el pelo. Eres
demasiado…
ELLA- ¿Qué?
(Él no contesta, solo señala de arriba abajo su traje de
baño).
ELLA- ¿Qué?
ÉL- Creo que no has entendido la intención de la terapia.
ELLA- Debe ser porque me estoy congelando de frío aquí de
pie, sin movernos.
Ella sonríe. Él la mira y parece comprender. Se acerca y
la abraza, ella se aprieta con fuerza a él. Se sumergen juntos.
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