domingo, 13 de febrero de 2022

Ejercicio 5 B - Teatro Espacio - Iluminada

                                                                                            

                                                                                                                  Iluminada

Teatro 5 - Espacio

(Dos ancianos se encuentran en un banco de un parque)

ANCIANO 1 – Buenos días, no encuentro ningún banco a la sombra, ¿le importa que me siente aquí?

ANCIANO 2 – Buenos días, por supuesto, faltaría más, siéntese con toda tranquilidad, mejor acompañado ¿No le parece?

ANCIANO 1 - ¡Y que lo diga! ¡Ya lo creo! ¡Por supuesto! A mí, la soledad, la justa: para leer el periódico, pensar en mis cosas y poco más. (Ríe)

ANCIANO 2 – Veo que tenemos los mismos pareceres. Yo prefiero la compañía, siempre y cuando, claro, no sea un tormento (ríen los dos)

ANCIANO 1 – ¡Desde luego! ¡Importante aclaración! (Ríen) ¿Acostumbra a venir por aquí? Yo vengo a menudo, sobre todo en los últimos años, nunca le había visto.

ANCIANO 2 – Llevo pocos días en la ciudad. Hace poco que enviudé y mi hija ha insistido en que me venga a su casa, al menos una temporada.

ANCIANO 1 – Quizás le cueste adaptarse, lo digo porque yo vivo aun en mi casa, mi hijo vive cerca, prefiero estar en lo mío, con mis costumbres. Antes venía cada día con mi nieto; este parque nos pilla cerca. Vivo en ese edificio de allí, ese donde está la frutería, en el tercero. Mi hijo vive en la calle del otro lado del parque, donde está la plazuela. Hace unos años, recogía el niño temprano, me lo llevaba a casa y pasaba la mañana con nosotros. Yo me lo traía aquí a media mañana y así mi mujer se ocupaba de las cosas de casa y la comida. ¡Qué buenos tiempos! Recién jubilado, viendo crecer al chico; por la tarde, de paseo con mi mujer. Eso se acabó. El chico creció y mi mujer murió hace ya ocho años.

ANCIANO 2 – Le entiendo muy bien y es cierto lo que dice sobre lo difícil que es dejar lo de uno, adaptarse. Uno tiene sus costumbres, sus manías, sus gustos. Mire, yo viví aquí muchos años hasta que me jubilé. Luego, nos volvimos al pueblo mi mujer y yo. Pero antes, a este parque venía cada tarde con mi hija, mi niña, era muy juguetona. Siempre trabajé en banca y tenía las tardes libres. Cada vez que vengo, recuerdo esas tardes aquí con ella y con mi mujer, que también venía. Había que hacer un recorrido: primero dar de comer a los patos, luego darle pan a las palomas, después a los columpios y al tobogán. Más tarde paseíto, alguna chuche de ese kiosko y a casa. Sus padres venían a por ella después de darle la cena. Sí, estoy con ud, buenos tiempos… Vivíamos también cerca, no tanto como ud.; en la calle cercana a la vía, subiendo por esta suya. Mi hija vive en otro barrio, en la parte nueva de Garrido, pero me vengo aquí, es un poco como estar en lo mío.

ANCIANO 1 – Ay… los patos, las palomas… ¿Sabe lo que me ha recordado? Le echábamos también, pan a las palomas, y ¿qué hacía mi niña? Al verlas todas juntas, la muy truhana, le encantaba dispersarlas dando un zapatazo, se moría de risa y corría tras ellas, quería coger alguna. Una vez, dio un zapatazo y le pilló la cola a una, la reganábamos cuando las asustaba.

ANCIANO 2 – ¡Qué trastos son! Aquí fue donde conocí a mi mujer. Al lado del templete. La veo como aquel día. Estaba allí con sus amigas, una de ellas era una prima mía y aprovechando eso, me acerqué y empecé, junto con un amigo a quedar con ellas. ¿Qué le pasa? (ANCIANO 1 sacó un pañuelo y tenía los ojos enrojecidos)

ANCIANO 1 - ¿No se llamará Ud., por casualidad, Julián?

ANCIANO 2 – Pues sí… ¿Cómo lo sabe?

ANCIANO 1 – Pues porque escuchándole he ido recordando cuando también venía por aquí, también aquí conocí a mi mujer con sus amigas; solo que ellas tenían una pandilla, yo la conocí en ese puesto de helados, un día de verano y empezamos a quedar a parte. Nos íbamos a la Plaza Mayor donde había más ambiente; a ella le encantaba. Mi mujer tenía una amiga cuyo primo, dos años mayor, se enamoró de una de sus amigas. Ella me confesó que antes de conocerme, estaba enamorada de ese chico. Se me quedó su nombre grabado a fuego, Julián. ¡Cómo es la vida! Ahora me emociona y me alegra conocerle. Entonces, estuve muy celoso y me la traje a mi pandilla, para que no se relacionara con los otros. Cosas de mozalbetes.

ANCIANO 2 - ¿Cómo se llamaba su mujer?

ANCIANO 1 – Catalina. La llamábamos Cata.

ANCIANO 2 – No la recuerdo, lo siento.

ANCIANO 1 – Después de tantos años, es natural.

ANCIANO 2 – ¡Hay que ver...! La vida no deja de sorprender, juntarnos, alejarnos, volvernos a juntar… ¡Y en este mismo sitio! (Ríen) ¿Y Ud. cómo se llama?

ANCIANO 1 -  Me llamo Cipriano, Cipri, para los amigos (Se dan la mano)

 

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