sábado, 12 de febrero de 2022

EJERCICIO 4C ALFONSO

                                        

GRITO DE LIBERTAD

    Hoy estoy  de celebración. Mi primer día libre, mi primera noche que nadie te despierte y te diga “que roncas”, mi primer día que dejo las cosas por donde quiera, puedo decirles a mis amigos “que soy libre”. Ayer firme los papeles del divorcio, he conseguido dejar a mi mujer.  Para ser sincero es ella la que me ha dejado, pero mi psicólogo me dice que lo venda como una victoria mía.

 Hoy a pesar de ser domingo, trabajo. Soy guía de safari por África, dando a conocer a los animales de la sabana. Hoy  llevo a una familia al completo. Pero antes de acercarme a recoger a esa familia,  hay algo que debo de averiguar ¿con quién se ha liado mi ex mujer?

    Me coloco detrás de unas adelfas, justo enfrente de la casa de mi ex, a estas horas debe de salir a trabajar (aunque comentó que quería dejar el trabajo) pero lo dudo, ella necesita más dinero que  yo le voy a suministrar. Que sería la mitad de mi sueldo (es el acuerdo que llegue con su abogado) y para ella es poco dinero. Advierto para mi sorpresa, que llega en este momento con un par de bolsas. Suena mi móvil, miro quien es, ¡es mi jefe! a estas horas debería de estar recibiendo a la familia Robinson. Cojo el jeep y sin descolgar el móvil me dirijo al centro de recepción. Nada más llegar me presentan a los nuevos clientes.

    -Hola Alberto. –Estos son el señor y la señora Robinson, y esto dos  sus hijos: Fran y Dener. Aunque llegas tarde. –Me dice mi jefe.

    -Encantado de conocerles, cogemos provisiones, agua y partimos de inmediato, el día es largo.

Yo siempre conduzco el vehículo y mi jefe siempre se sienta a mi derecha de copiloto y los participantes del safari van alojados en la parte de atrás del vehículo (un coche que es capaz de llevar diez personas). Paramos en un llano, donde existen unas pequeñas elevaciones. Un sitio perfecto para realizar fotografías, la fauna por allí suele ser abundante, por la cercanía de unas pequeñas charcas.

 Nos dirigimos a uno de los montículos en fila india. El mayor de los hijos de los Robinson se colocó a mi lado  

    -Señor explorador ¿se han encontrado muchos tesoros por esta zona?   –Me pregunta el joven, dejándome un poco desconcertado.

    -Llevo quince años por aquí y nunca  he tenido noticias de ningún tesoro. ¿Deberíamos de haberlos encontrado joven?

     -La verdad es que sí. Esta zona es idónea, un rio que lleva al mar, donde se encuentra vuestro campamento el rio se  ensancha. Yo si fuese un vikingo haría allí mi campamento y escondería los tesoros que  obtuviese de mis conquistas. –Me cuenta el joven.

    -Y a ti ¿quién te ha contado todas esas historias? –Joven Robinson.

    -Un amigo mío. Que conoce muy bien este tema. Los vikingos fueron por todos sitios, incluso llegaron a América antes que Colon. –Me contesta.

    Nos detenemos, aconsejo que se oculten entre la matas para no molestar a los animales y no perciban nuestra presencia. La señora Robinson se me acerca sigilosamente y sin dar tiempo me pregunta.

   -Alberto. ¿Dónde se encuentra el cuarto de baño? Llevo queriendo ir desde que salimos esta mañana y creo que ha llegado el momento.

    -Señora Robinson. No hay cuartos de baño, esto es la sabana y aquí no hay cuartos de baño, vallase detrás de unas matas y tenga cuidado con las serpientes.

    -Creo que tratare de aguantarme un ratito más. –Me contesta.

El día trascurrió como empezó. Normalmente debo de estar pendiente de los clientes pero en este caso, fue un extra (hay días en los cuales te ganas el sueldo con creces)

Regresamos al campamento, pero no dejo de acordarme las palabras  del joven Robinson sobre el tesoro, es una idea descabellada pero ¿podía ser cierta? Ahora  me dirijo a casa de mi ex mujer debo de averiguar que eran esas bolsas y quién es su amante, esto me está carcomiendo por dentro.

Me vuelvo a colocar detrás de mis adelfas donde se puede seguir viendo la casa de mi ex, donde se distingue, todas las luces encendidas de las habitaciones.

Un vehículo para justo a mi lado. Es el jefe de policía ¿Qué querrá?

    -Alberto. ¿Qué haces  tan silencioso? –me pregunta.

    -Estoy dando un paseo. No pensaras que estoy espiando a Sara mi ex.

    -No... No lo pensaba, me imagino que es casualidad que estés paseando por la casa de Sara. Yo quería preguntarte, por el juez Héctor. Como es amigo tuyo.

    -No sé decirte, jefe Martin. –Desapareció, se llevó todo su dinero. Pero eso ya lo sabes, te entregue la carta que él supuestamente me mando.

    -De acuerdo. Si te enteras de algo más, me lo dices Alberto. -Me dice mientras sube al coche y se marcha y yo continúo con mi vigilancia.

    -“Señor explorador”.

Giro la cabeza. Se Trata del joven Robinsón, que por casualidad también  está dando un paseo.

    -¿Eres Fran? El hijo mayor de los Robinsón. –Le pregunto al joven  

    -Sí señor. Yo solo quería decirle, que he encontrado un sitio idóneo, donde puede estar enterrado el tesoro vikingo.

    -Pues dime ese sitio.

    -Se encuentra.  A cien metros de una iglesia, hay una elevación en el terreno, donde se encuentra un árbol enorme. –Me explica.

    -Conozco el sitio. Lo tendré en cuenta joven

    -De acuerdo, señor explorador.  Regresare al hotel, tal vez me estén buscando. Pero le recuerdo una cosa, si consigue encontrar el tesoro, me debe una parte. –me dice el joven mientras se marcha.

Me vuelvo a quedar solo, junto a mis adelfas, esperando  quien será el próximo en pasar por allí. Por lo que decido coger el coche y marcharme.

Me dirijo en dirección a mi apartamento. Paso por el árbol que comentaba el joven (una enorme acacia de treinta metros de alto) Paro el vehículo, cojo una pala y decido empezar a cavar. Cuando me tomo cuenta llevo medio metro de un enorme hoyo, en busca del ansiado tesoro. Un golpe seco me indica que he llegado a algo, tal vez el tesoro, limpio la zona y aparece una caja de madera,  no lo veo muy vikingo ¿tal vez pirata? Levanto la tapa lentamente  y no aparece el tesoro “aquí hay un muerto”

Me retiro un metro y una luz me busca acercándose lentamente.

    -Alberto. Llevas una noche movidita, se te escucha en todo el pueblo el ruido que haces ¿Qué has encontrado en ese enorme hoyo? -Me pregunta el jefe de policía, haciéndose visible tras la luz de la linterna

    -Un muerto. Creo que es mi amigo Héctor. Parece que no se ha ido de viaje.

    -Me lo imaginaba. Sé que no ha salido del pueblo. También he llamado a Sara, quiero que me aclare algunas dudas y esta del muerto también. –Me dice el jefe Martin. Mientras vemos de acercarse a Sara acompañada de dos agentes, portando las bolsas que vi esta mañana en manos de Sara.

    -hemos realizado el registro como no has dicho y hemos encontrado estas bolsas con dinero. –No es capaz de decirnos donde las ha sacado. –Dice uno de los agentes.

    -Sara creo que debes de explicarnos todo esto. La carta que mandaron a Alberto la escribiste tú, las bolsas del dinero y el muerto. –Dice el jefe Martin.

    -Sara creo que ¿volver a estar juntos? – le pregunto a Sara.

    -No lo creo.

 

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