EL REENCUENTRO
(Cena de
antiguos alumnos. ELENA llega la primera al restaurante y se sienta, nerviosa.
Todavía no han llegado los demás comensales. Mira el reloj, inquieta)
ELENA.- (Hablando
consigo misma) Un ratito nada más. Me quedo un ratito nada más y me voy
pronto.
(Entra MANUEL.
Los dos se miran unos instantes. MANUEL se sienta frente a ELENA).
MANUEL.- ––¡Elena!
¡Cuánto tiempo! ¡Qué guapa estás!
ELENA.- ––Sí, es
verdad, mucho tiempo. Gracias. Tú estás muy cambiado.
MANUEL. ––No te
creas, sigo siendo el mismo de antes. Pero tú… mírate, estás espectacular.
Claro que tú siempre fuiste muy guapa, Elena.
ELENA. (Agita
la melena, coqueta) ––Y tú siempre fuiste un halagador, Manuel. Estoy como
siempre. Con unos kilitos menos, unas mechitas más…
MANUEL.
––Guapísima, estás guapísima.
ELENA. ––Pues no
puedo decir lo mismo de ti (Lo mira con altivez).
MANUEL.––Si, bueno,
los años no me han tratado tan bien. Ya sabes, la vida de casado, que apalanca
mucho… Además la calvicie no me favorece mucho.
ELENA. ––No te
favorece para nada.
MANUEL. ––Pero soy
el mismo, te lo aseguro. Y cuéntame, ¿en qué trabajas? ¿A qué te dedicas?
ELENA. (Vuelve
a agitar la melena). ––Ah, son cosas que no entenderías. Me dedico a la
física, la física cuántica, para ser más exacta. Ya sabes que siempre fui muy
buena en ciencias.
MANUEL.––Desde
luego, eras la mejor de la clase. Me ayudaste tanto en los exámenes de
matemáticas cuando éramos novios... No lo olvidaré nunca.
ELENA. ––¿SÍ?
Pues fíjate, yo no lo recuerdo.
MANUEL. ––¿Cómo
no te vas a acordar, mujer? Si no repetí tercero de BUP fue por ti. ¡Pues anda
que no eras dura, ni un besito mientras estudiábamos podía darte! Eso sí,
repetir, no repetí.
ELENA. ––Bueno,
de eso hace ya mucho tiempo, Manuel. (Mira el reloj). Y tú, ¿sigues de
camionero? Ya me enteré por las chicas que no terminaste la carrera de Empresariales…
MANUEL. (Se
sonroja) ––Sí, ahí sigo. En los estudios no me fue bien, como ya no te
tenía a mi lado… Las matemáticas volvieron a atravesárseme. (Se pone bien
recto). Pero vamos, que conducir un camión es una profesión tan digna como
cualquier otra. Y muy sacrificada.
ELENA. –¡Ja! Sacrificada,
dices. Pero si a ti solo te gustaba la fiesta y emborracharte…
MANUEL.–– Elena,
eso era de joven. Ahora es diferente…
ELENA.–– ¿Pero no
decías que sigues siendo el mismo? Aclárate, Manuel.
MANUEL. ––¡Siempre
con ese humor tan fino, me encanta! (Ríe). No he cambiado en lo
esencial, Elena. Lo de las fiestas es cosa de juventud. Aunque a ti se te ve
tan joven, tan radiante… y además, ¡científica! Nunca tuve duda de que
llegarías lejos.
ELENA.––Pues bien
que me dejaste en la cuneta a la primera de cambio. Me duró dos años recuperarme
de lo nuestro. No te lo perdonaré nunca, Manuel.
(Entra LOLA en
el restaurante. Mira a ELENA de arriba abajo y se sienta junto a MANUEL,
dándole un sonoro beso en los labios. Posa la mano en el hombro derecho de MANUEL,
con aires posesivo).
LOLA. ––Vaya,
vaya, quién tenemos aquí. Si es Elenita en persona.
ELENA. (Agita
su melena, esta vez visiblemente alterada). ––Elena, si no te
importa. No me gustan los diminutivos.
MANUEL. –Bueno,
chicas, ¿qué queréis tomar? Voy a buscar al camarero. (Hace amago de
levantarse)
LOLA. ––No, tú de
aquí no te mueves. No me vas a dejar con esta.
ELENA. ––Desde
luego, las hay con clase, y luego estás tú, Lola. No entiendo qué pudo ver en
ti Manuel.
LOLA. ––¿Ah, no?
Pues yo te lo diré. Un par de tetas bien puestas. (Se lleva las manos a los pechos,
y alza la voz). Vamos, lo que no encontraba contigo.
MANUEL. ––Lola,
por favor, contrólate. No formes un escándalo, que no has hecho más que llegar.
ELENA. ––Manuel,
no sé cómo pudiste dejarme por esta… No tengo
palabras. Eso sí, tienes mi más sentido pésame, Manuel. Tu mujer, con el
tiempo, se ha vuelto todavía más vinagre, si cabe.
(LOLA la mira
con furia. Manuel se levanta para defenderla).
MANUEL.—(Con
voz débil). Eso sí que no te lo perdono, Elena. A mi mujer me la respetas.
ELENA. ––¿Igual
que me respetaste tú a mí? ¿Acostándote con ella? ¿Dejándola embarazada
mientras todavía éramos novios? No me hagas reír. ¡Una pelandrusca no merece ningún
respeto!
(Llega un
camarero. LOLA se levanta, toma de la mano a Manuel y se dirigen a la puerta).
LOLA. (Mirando
una última vez a ELENA, con desprecio). Por mucho que te esfuerces en
esconderlo, siempre serás una frígida y una estirada, Elena. Vámonos, Manolo.
(ELENA queda
sola en escena. Se apagan las luces, despacio).
No hay comentarios:
Publicar un comentario