miércoles, 9 de febrero de 2022

EJERCICIO 4B.- Mariola Merino

 

EL REENCUENTRO

(Cena de antiguos alumnos. ELENA llega la primera al restaurante y se sienta, nerviosa. Todavía no han llegado los demás comensales. Mira el reloj, inquieta)

ELENA.- (Hablando consigo misma) Un ratito nada más. Me quedo un ratito nada más y me voy pronto.

(Entra MANUEL. Los dos se miran unos instantes. MANUEL se sienta frente a ELENA).

MANUEL.- ––¡Elena! ¡Cuánto tiempo! ¡Qué guapa estás!

ELENA.- ––Sí, es verdad, mucho tiempo. Gracias. Tú estás muy cambiado.

MANUEL. ––No te creas, sigo siendo el mismo de antes. Pero tú… mírate, estás espectacular. Claro que tú siempre fuiste muy guapa, Elena.

ELENA. (Agita la melena, coqueta) ––Y tú siempre fuiste un halagador, Manuel. Estoy como siempre. Con unos kilitos menos, unas mechitas más…

MANUEL. ––Guapísima, estás guapísima.

ELENA. ––Pues no puedo decir lo mismo de ti (Lo mira con altivez).

MANUEL.––Si, bueno, los años no me han tratado tan bien. Ya sabes, la vida de casado, que apalanca mucho… Además la calvicie no me favorece mucho.

ELENA. ––No te favorece para nada.

MANUEL. ––Pero soy el mismo, te lo aseguro. Y cuéntame, ¿en qué trabajas? ¿A qué te dedicas?

ELENA. (Vuelve a agitar la melena). ––Ah, son cosas que no entenderías. Me dedico a la física, la física cuántica, para ser más exacta. Ya sabes que siempre fui muy buena en ciencias.

MANUEL.––Desde luego, eras la mejor de la clase. Me ayudaste tanto en los exámenes de matemáticas cuando éramos novios... No lo olvidaré nunca.

ELENA. ––¿SÍ? Pues fíjate, yo no lo recuerdo.

MANUEL. ––¿Cómo no te vas a acordar, mujer? Si no repetí tercero de BUP fue por ti. ¡Pues anda que no eras dura, ni un besito mientras estudiábamos podía darte! Eso sí, repetir, no repetí.

ELENA. ––Bueno, de eso hace ya mucho tiempo, Manuel. (Mira el reloj). Y tú, ¿sigues de camionero? Ya me enteré por las chicas que no terminaste la carrera de Empresariales…

MANUEL. (Se sonroja) ––Sí, ahí sigo. En los estudios no me fue bien, como ya no te tenía a mi lado… Las matemáticas volvieron a atravesárseme. (Se pone bien recto). Pero vamos, que conducir un camión es una profesión tan digna como cualquier otra. Y muy sacrificada.

ELENA. –¡Ja! Sacrificada, dices. Pero si a ti solo te gustaba la fiesta y emborracharte…

MANUEL.–– Elena, eso era de joven. Ahora es diferente…

ELENA.–– ¿Pero no decías que sigues siendo el mismo? Aclárate, Manuel.

MANUEL. ––¡Siempre con ese humor tan fino, me encanta! (Ríe). No he cambiado en lo esencial, Elena. Lo de las fiestas es cosa de juventud. Aunque a ti se te ve tan joven, tan radiante… y además, ¡científica! Nunca tuve duda de que llegarías lejos.

ELENA.––Pues bien que me dejaste en la cuneta a la primera de cambio. Me duró dos años recuperarme de lo nuestro. No te lo perdonaré nunca, Manuel.

(Entra LOLA en el restaurante. Mira a ELENA de arriba abajo y se sienta junto a MANUEL, dándole un sonoro beso en los labios. Posa la mano en el hombro derecho de MANUEL, con aires posesivo).

LOLA. ––Vaya, vaya, quién tenemos aquí. Si es Elenita en persona.

ELENA. (Agita su melena, esta vez visiblemente alterada). ––Elena, si no te importa. No me gustan los diminutivos.

MANUEL. –Bueno, chicas, ¿qué queréis tomar? Voy a buscar al camarero. (Hace amago de levantarse)

LOLA. ––No, tú de aquí no te mueves. No me vas a dejar con esta.

ELENA. ––Desde luego, las hay con clase, y luego estás tú, Lola. No entiendo qué pudo ver en ti Manuel.

LOLA. ––¿Ah, no? Pues yo te lo diré. Un par de tetas bien puestas. (Se lleva las manos a los pechos, y alza la voz). Vamos, lo que no encontraba contigo.

MANUEL. ––Lola, por favor, contrólate. No formes un escándalo, que no has hecho más que llegar.

ELENA. ––Manuel, no sé cómo pudiste dejarme por esta…  No tengo palabras. Eso sí, tienes mi más sentido pésame, Manuel. Tu mujer, con el tiempo, se ha vuelto todavía más vinagre, si cabe.

(LOLA la mira con furia. Manuel se levanta para defenderla).

MANUEL.—(Con voz débil). Eso sí que no te lo perdono, Elena. A mi mujer me la respetas.

ELENA. ––¿Igual que me respetaste tú a mí? ¿Acostándote con ella? ¿Dejándola embarazada mientras todavía éramos novios? No me hagas reír. ¡Una pelandrusca no merece ningún respeto!

(Llega un camarero. LOLA se levanta, toma de la mano a Manuel y se dirigen a la puerta).

LOLA. (Mirando una última vez a ELENA, con desprecio). Por mucho que te esfuerces en esconderlo, siempre serás una frígida y una estirada, Elena. Vámonos, Manolo.

(ELENA queda sola en escena. Se apagan las luces, despacio).

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario