7B.- Monologo
Maite
Me caigo. Me
caigo de sueño. La pierna derecha me avisa que los ojos pretenden cerrarse, mientras
la posición sentada me tortura. Semejante a escuchar a Maite, mi amiga
del alma. Le prometí este par de horas para aliviar su desconsuelo por el
enfrentamiento con la familia.
El párpado derecho pesa, parece cosido, me esfuerzo, lo abro, pero cae de nuevo, espero que no lo note. Cerca del oído izquierdo siento el mismo sonido que un abejorro queriéndome picar. Si asiento con la cabeza y me encojo de hombros, de vez en cuando, tal vez, crea que le dedico toda la atención.
Ahora es la pierna izquierda la que se mueve sola, ¡menudo fastidio!
Moveré el culo. Pobrecilla, lo mal que lo está pasando con su familia. ¡Ala! Pregunta
que si me pasa algo porque me muevo mucho. Le diré que me pica la espalda por
una alergia.
Abrir los ojos es un suplicio al igual que dejar de mover
las piernas sin control. Me rasco la nariz, el ojo. Ya no me importa que la
mascara de ojos los contornee y parezca un oso panda. Prefiero estar hecha un
adefesio y dormir. Delante de ella no. He de aguantar como sea, se lo prometí.
Su primo le ha robado la herencia. Cosas peores se ven. Yo ni veo ni oigo, ¡lucho! Abanico las rodillas, entorno los ojos y sueño con
descansar. Si se va me tumbo en el sofá un rato. Pobre chica, ha sufrido un robo, que más da si aún tiene cama.
Me rasco la cabeza tanto para disimular el bostezo que mira raro, pensará que tengo piojos. Mejor me levanto a beber algo,
claro, si tuviera fuerzas para salir de aquí. ¿Levantarme ahora? Buf ¿Y si me
duermo mientras ando?
¡Claaro! El móvil me salvará. Lo miro en mil ocasiones,
guiño los ojos y parecerá que me falta un poco de vista. Ni fuerzas para leer WhatsApp,
aún así, disimulo y puedo cerrar un instante los ojos. ¿Parará de hablar alguna
vez? Me duermo, es que me duermo.
¡Qué cruz! Incapaz
de seguir la conversación no puedo continuar con los movimientos de hombros y
cabeza de antes. Debieron engordar mil kilos en una hora. Me quedan
fuerzas para responder ¡uhm! ¡uhm! Porque vocalizar ya es otra historia.
La mirada perdida y, cree que no la escucho. Le respondo
que reflexiono sobre su problema para ayudarla. ¿De qué estará hablando ahora?
Me da igual, yo quiero dormir. Todo el cuerpo me pica, vuelvo a rascarme la
cabeza para cerrar los ojos otro poquito.
Ains, vete ya, porfi. Mañana me cuentas todo, en resumen.
Mi sofá, mi cama, mi colchón. ¿Quién es su primo? Lo conozco dice. Dejé de
pensar hace hora y media o más. El labio superior lo tengo agarrotado de tanto
morderlo para que no se abra en un bostezo.
Me llora el ojo derecho, quiere dormir y no puede. El pie
izquierdo salió disparado contra la mesita de apoyo delante del sofá. Piernas inquietas lo llaman. Entraré
en trance si no calla de una vez.
Que estoy muy fea hoy ¡Vete, mañana nos vemos!,
odio ser observada con este aspecto. Por suerte, he encontrado la escusa
perfecta y se marcha. ¡Que no! Charla que te charla. Paso, me transformo en el león de la Metro. Q boca tan grande tengo y, se abre sin control. Iré delante para encender la luz, así vendrá hasta la salida conmigo. Ahí cierro y
a dormir.
¡Cinco metros desde el sofá a la puerta en media hora! ¡Récord
Gines! Nada, que me toca salir a la calle con el frío que hace. Saludaré a mis
vecinos, a esos que nunca les hablo porque me caen fatal.
Por fin Maite se va. Los muermos estos me han salvado. A mi casita a dormir, si puedo. Estoy congelada. ¿Maite quién es?
No hay comentarios:
Publicar un comentario