6B.- Teatro.- Frío
Alberto (camino de la tercera edad, moderado),
Carmen (espontanea, cariñosa veinte años menor). Son dos amigos a los que les
gusta hablar de sus cosas mientras pasean.
ALBERTO. — ¡Buenos días!
CARMEN. — ¿Desde cuándo no nos vemos?
ALBERTO. — Tomamos café hace 3 meses
CARMEN (coge su mano mientras caminan). — ¿Qué
tal todo?
ALBERTO. —Vamos a examinar ciertas situaciones en la que
solemos perder, en mayor o menor medida, la paz del corazón.
CARMEN. — ¿tu compañero de trabajo te molesta?
ALBERTO. — Pasaremos revista a la situación en la que
intentamos afrontar y conservar la paz interior.
CARMEN. — Esa no te falta a ti. Lo relativizas todo, vives
feliz. Yo, en cambio, me agobio por todo y me afecta todo. Cualquier simple comentario
hace que mi día sea complicado.
ALBERTO. —“El Señor es mi pastor, nada me falta. Me hace
recostar en verdes praderas y me lleva a frescas aguas…”
CARMEN. — El horario de trabajo cada vez me viene peor.
Paso la vida allí metida.
ALBERTO. — Sed dócil y flexible en las manos de Dios.
CARMEN. — Sabes que soy buena, pero estoy cansada.
ALBERTO. — Señor, tú conoces mi situación en este momento,
por eso confío en ti, no me abandones.
CARMEN. — Pensaba que tu situación laboral era favorable.
ALBERTO. — El chino de la esquina vende unos guantes muy
bonitos. Vamos a verlos
CARMEN. — Solo me apetece charlar un ratito contigo.
Guantes me sobran.
ALBERTO. — Imagino que en casa.
CARMEN. — ¿Dónde quieres que los tenga?
ALBERTO.— Señor, bendice mis manos para que sepan
acariciar sin aprisionar, para que…
CARMEN. — Como en una prisión me encuentro todo el día
encerrada entre cuatro paredes.
ALBERTO. — ¿Has leído las oraciones de San Marcos de León
para casos difíciles?
CARMEN. — No ¿Por qué?
ALBERTO. — “Si manos tengan no me palpen, que con las
cadenas que tengan a mí no me lesionen...”
CARMEN. — Algunas frases religiosas no las entiendo bien. Te
noto poco receptivo a lo que te hablo. Podemos dejar el paseo para otro día.
ALBERTO. — En invierno la lumbre se apaga y las manos se
quedan frías.
CARMEN. — Me callo. Mejor cuéntame tú.
ALBERTO. —¿A tu novio lo coges de la mano?
CARMEN. — Con frecuencia. La costumbre la cogí contigo. Al
ir por la calle así no parece que le hable a una pared.
ALBERTO. — Muy bien
CARMEN. — ¿Por qué me lo preguntas?
ALBERTO. — ¿En invierno también?
CARMEN. — Sí, ¿por qué?
ALBERTO. — Curiosidad.
CARMEN. — Si hace mucho frío metemos las manos en el
bolsillo del abrigo.
ALBERTO. — Aprenderé a ponerlos en los jerséis.
CARMEN. — ¿Bolsillos en los jerséis?
ALBERTO. — Sólo la sabiduría puede producir obras divinas.
CARMEN. — Coser bolsillos no creo que sea cosa de otro
mundo.
ALBERTO. — “Esperar contra toda esperanza” (Romanos
4,18)
CARMEN. — Ni idea que los romanos cosieran tantos.
ALBERTO. —Isaías escribe: “Porque no son mis
pensamientos vuestros pensamientos…”
CARMEN.— ¿El nuevo? Lo conocí el otro día cuando pasé por
la puerta de tu oficina.
ALBERTO. — “No tienen necesidad de médico los sanos,
sino los enfermos…”
CARMEN. —Obvio. Pediré cita, creo si no me trato
desarrollaré enfermedad mental.
ALBERTO. —Esta temporada los guantes son muy bonitos.
CARMEN.— De acuerdo, vamos a ver.
ALBERTO. —¡Aleluya!
CARMEN. — (Suelta la mano de Alberto). — Hace más frío
hoy.
ALBERTO. —¡Aleluya! (Después habla bajito) Gracias,
Dios, por soltar mi mano.
CARMEN. — Aleluya, gloria a Dios. Hijo, me lo dices y ya.
Metida en mi mundo no me di cuenta.
ALBERTO. — Por evitar que le hables a las paredes.
CARMEN. — Era un decir. Dentro quince días es mi cumpleaños
ALBERTO. — Señor, danos sabiduría para tomar las mejores
decisiones
CARMEN. — Para el tuyo te espera una sorpresita
ALBERTO. — Volvamos. Debo realizar unas llamadas.
CARMEN. — Los guantes son ideales
ALBERTO. — De lejos parecían, ahora no tanto.
CARMEN. — Haré una fiesta de cumple como siempre. Cuento
contigo
ALBERTO. —Si no surgen imprevistos, iré.
CARMEN. —¿Te gusta cómo me quedan estos?
ALBERTO. — Geniales.
CARMEN. — Creo que los rosas mejor
ALBERTO. — Muy bien
CARMEN. — ¿Me llevo también los grises?
ALBERTO. — Los que más te gusten
CARMEN. —¿quieres verlos y probártelos?
ALBERTO. — Me da pereza
CARMEN. — ¿Cómo? Eras tú el que quería verlos
ALBERTO. — Ya no
CARMEN.— El día parece complicado
ALBERTO. — Solo frío
CARMEN. — Sí, bastante
ALBERTO. — Pues eso
CARMEN (intenta cogerle la mano de nuevo). — ¿Nos
vamos mejor?
ALBERTO. — Pruébate el guante!
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