Formas de lotería.
Personajes: Anacleta (madre soltera), Custodia (madre
con hijo y marido). Jaime (marido de Custodia). Amigas desde el
instituto se encuentran en una cafetería. No se ven desde más de diez años y
deciden sentarse juntas. El resto …
ANACLETA. — Holaa, Custodia!
CUSTODIA. — ¿Cómo estás? Casi no te reconozco con ese
cambio de look.
ANACLETA. — Hace unos años me sentía decaída y decidí dar
un cambio. Corté y pinté. Dicen que parezco más joven.
CUSTODIA. — Pareces otra.
ANACLETA. — Otra más joven ¿dices? Tú, sin embargo…
CUSTODIA. — Yo ¿qué?
ANACLETA. — Eso, que tampoco te había reconocido.
CUSTODIA. — ¿Porque te parezco más joven o más vieja?
ANACLETA. — Diferente
CUSTODIA. — Aclárate. ¿Diferente en qué sentido?
ANACLETA. — Con el tiempo todos evolucionamos. Es normal
que la imagen que teníamos antes era diferente después de más de diez años.
CUSTODIA. — ¿Cómo me veías antes? Y ¿Cómo me ves ahora?
ANACLETA. — Te veo bien
CUSTODIA. — ¿Bien que significa?
ANACLETA. — Bien, es bien y punto. No seas tan pesada, da
igual.
CUSTODIA. — ¡Me ves peor! Por eso evitas decirme lo que
piensas. De otro modo elogiarías mi estilo. Siempre fui más moderna que tú.
ANACLETA. — Chica, te vi diferente, lo normal con los años.
CUSTODIA. — Si pensaras que parezco más joven lo hubieras
dicho.
ANACLETA. — Buf. Hablemos de otra cosa, por favor.
CUSTODIA. — Me acuerdo cuando estudiábamos juntas.
ANACLETA. — Hacíamos buen equipo: lo que se le daba mal a
una, lo hacía bien la otra. Así nos ayudamos y aprobamos todo.
CUSTODIA. — Me acuerdo que salías
con el delegado de clase. ¿Te casaste?
ANACLETA. — Aquello fue amor adolescente. Lo dejamos. No
tengo pareja.
CUSTODIA. — ¡Qué pena!
ANACLETA. — ¿Porqué?
CUSTODIA. —Una mujer sola, con esta edad… ¿Hijos no habrás
tenido no?
ANACLETA. — Tengo uno adolescente.
CUSTODIA. — El mío debe ser de esa edad, pero tiene un
padre, que es mi marido. Buenísimo. Cuando tengamos oportunidad coincidimos
para que se conozcan los dos. ¿Tu hijo no ve a su padre?
ANACLETA. — No quiso saber de él, así que no he insistido.
Cuando él quiera que pregunte quien es.
CUSTODIA. — Espero a mi
marido para ir a tratar de una burocracia. Te lo presento.
(Detrás de Anacleta aparece Juan)
JUAN. — Buenas tardes.
CUSTODIA. — Mira, Juan, esta es Anacleta. Fuimos al
instituto juntas. Es madre soltera.
JUAN. —Ah, ok
CUSTODIA. — Que soso estás hoy. Salúdala, hombre.
ANACLETA. — Disculpa,
no me gustan los besos.
CUSTODIA. — ¿Cómo? Pues a mí me lo has dado al vernos. Si
es porque es muy guapo, no te preocupes. No eres su estilo
ANACLETA. — Debo irme. Allí viene mi hijo.
CUSTODIA. — Espera mujer, el mío está cerca y así se
conocen.
JUAN. — Si tiene prisa, déjala ir. Otra vez será.
CUSTODIA. — Juan, debe estar hoy agobiado, parece algo
raro. Bueno, dime donde conociste al padre de tu hijo. ¿Lo conozco yo?
ANACLETA. —Puede
JUAN. — Que preguntona estás. Da igual
CUSTODIA. — Quiero saber quién es.
JUAN. — ¿Para qué?
CUSTODIA. — Por si me lo cruzo, hacerle la vida imposible.
No querer saber de un niño, qué culpa tendrá. Aunque tampoco sé que le pudo ver
a esta que siempre fue una cateta.
ANACLETA. — ¿De qué vas?
CUSTODIA. — Acabo de darme cuenta. ¿Os creéis que soy
imbécil? La reacción que ha tenido él ha creado un ambiente peor que cuando lo
has reconocido.
ANACLETA. — No me volváis a hablar ninguno de los dos el resto
de vuestras vidas. Y tú, Juan, si quieres saber algo de nuestro hijo, habla con
los abogados o espera que sea mayor de edad, total, para lo que falta.
CUSTODIA. —Digo lo mismo, ni me habléis. Y abogado al canto.
JUAN. —Ala. Tarde triunfal: dos ex, dos hijos y dos
abogados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario