domingo, 30 de enero de 2022

Ejercicio 3C - Iluminada


Poliedro 2 - Ejercicio 3 C                                                                         Iluminada                                                         


A partir de ideas recogidas en comentarios sobre programas de consejeros radiofónicos y consultas telefónicas

 

Cerrando el círculo

Marichu, eligió el seudónimo “Mar de dudas” y escribió en una hoja todo lo que quería contarle al asesor espiritual que seleccionó en una página de anuncios: “Gurú Solucionador: el camino que no vislumbras se llenará de luz”. El anuncio, que además decía: “Le atenderé en persona. Soy Ernesto James Ruiz de Souza, anglo-brasileño formado en astrovidencia bioenergética en Bohemia y Juazeiro do Norte”, le inspiró confianza.

Cuando todos marcharon, se acomodó en el sillón de la oficina donde desempeñaba su labor de administrativa y marcó el número con prefijo 806.

Una locución con voz masculina grave y bien modulada le habló mientras se oía una relajante música de harpa simulando gotas de lluvia: “En breves momentos se le atenderá. Le recuerdo que este es un teléfono de tarifa especial”

—Dígame, estoy para ayudar.

—Hola, buenas… estoy atormentada por lo que le voy a contar; lo leeré para asegurarme de que se lo cuento bien. – Y narró su preocupación por su suegra ninfómana que se iba a fugar a una isla griega para dar riendas a su pasión con el hermano menor de ella.

—Querida Mar de dudas, ¿Le parece que siga en adelante llamándola Mar?

Bueno,… veamos… la he escuchado muy-muy atentamente. Entiendo sus dudas y su desazón. No se preocupe más, todo se va a resolver. Veo muy claro lo que Ud. tiene que hacer.

Lo primero, relájese que yo estoy para ayudarla y todo se va a solucionar favorablemente, pero claro, si hace e-xac-ta-men-te lo que yo le diga; le parezca bien o le parezca raro. Yo sé de qué hablo. Más de seis millones de consultantes satisfechos me avalan, como ya sabrá. ¿O es la primera vez que me llama? Su voz no me hubiese pasado inadvertida, tiene Ud. un tono precioso, sonoro como una melodía…

—Muchas gracias.

Sí, es la primera vez. Me veo tan aturdida, tan asustada, toda la familia, la mía y la de mi marido, está al borde del precipicio. No puedo con la ansiedad que me consume. No sabía a quién acudir. Vi uno de sus anuncios y me decidí a llamar. Me pareció lo más discreto que podía hacer. ¿Ud. sabe qué es lo más indicado, lo mejor que puedo hacer ante lo que acabo de contarle?

— ¡Claro! ¡No se inquiete! Todo está ya en mis manos, todo va a solucionarse.

—Ay… me alivia tanto escucharle. Me calma. Dígame qué tengo qué hacer.

—Así está mejor, así, calmada, no se inquiete más. Le insisto que tiene que seguir paso a paso mis indicaciones. A ver… lo primero es encender la vela… en cuanto la tenga. Le explico: mire, yo acabo de encender la vela de la tranquilidad y ya hemos visto el efecto. Ahora voy a encender la del ordenamiento. Y Ud. tiene que hacer lo mismo,  La tiene que adquirir y se la enviamos. Sí la pide ahora, mañana la tendrá.

— ¿Y cómo lo hago?

—Muy sencillo. No se inquiete por nada. Entre en mi web y haga la solicitud. ¿Tiene Ud. internet a mano?

—Sí, aquí en el móvil.

—Estupendo. No cuelgue. Busque www.tugurusolucionador.com.

—… A ver… Sí… ¡Aquí está!

—Siga los pasos entrando en “velas del bienestar y soluciones”. Mientras, iré adelantando otras cosas que tengo que hacer para su situación.

— ¿Qué cosas?

—No se inquiete: tengo que centrarme y realizar unos rituales, pero me puede interrumpir cuanto necesite, estoy para ayudarla.

—Ya he entrado. Pero me parece un poco caro, no sé si es un error.

— ¿Cómo un error? ¿Qué pone?

—Dice que la vela del ordenamiento son ¡ciento cincuenta y ocho euros!

—Bueno, como es la primera vez no lo sabe. Le explico. Es natural que le parezca caro porque solo conoce las velas normales. A ver… decimos vela pero en realidad no es una simple vela. Es una vela muy especial; hay un trabajo de concentración y videncia astrolábica en su proceso de producción. Están hechas de una en una, con todo el esfuerzo de ensimismamiento y meditación, utilizando la energía cerebral conjugada con los alineamientos astrales. Cada vela lleva todo un proceso amplio y complejo donde cuentan muchos factores. Es muy laborioso. Y le diré más: no encontrará quien le pueda ofrecer esto. ¿En cuánto estima la solución de tamaño entuerto que me ha narrado? Es un precio mínimo teniendo en cuenta las horas que me lleva. Y hay otras mucho más complejas, como la vela del razonamiento desconflictuador, que también va a ser necesario en su caso. Esa son doscientos setenta euros, pero para que no le sume tanto, entre en “situaciones especiales” y verá que en ese caso le va a costar solamente doscientos treinta euros.

—Bueno, si es así, muchas gracias. Disculpe, no lo sabía. Pensé que sería diferente, que Ud. me diría qué hacer.

—Y se lo diré, pero mi decir tiene que ver con estas ayudas imprescindibles.

—De acuerdo. Ya puse los datos que requiere. Ya están compradas. ¡Ah! Pero hay un problema: ahora sale la vela con sus medidas y dice que la vela mide un metro y medio y que tiene un grosor de quince centímetros…

—No, mide exactamente un metro y cincuenta y ocho centímetros ¿Cuál es el problema?

—Pues que no puedo poner eso en mi casa, mi marido la vería y se extrañaría mucho. ¿Y cómo se lo explicaría? Él está en contra de este tipo de recursos. No, no, ¡imposible! ¡Además son dos!

—No se inquiete, Mar. Tranquila. En realidad tendrán que ser tres. Pero serenidad. Vamos paso a paso y le explico todo. Yo las pongo aquí en su nombre. No es lo ideal, pero en esos casos, las pongo aquí en un lugar que tengo para esas situaciones. Somos dos lados poniendo nuestras energías en la solución. Todo se va a resolver. Ahora mismo, las estoy cogiendo, he puesto su nombre; eso es importante. Ya están en activo. Ahora vamos a lo demás.

—De acuerdo. ¿Qué hago?

—Concéntrese en su suegra, vístala imaginariamente con unos hábitos de monja, los primeros que recuerde haber visto.

—Ya está. Como las de mi colegio, cuando pequeña. Las Esclavas. ¿Puede ser?

—Muy-muy bien. Concéntrese. Yo haré lo mismo, serán unos minutitos.

—Ya está. Ahora concéntrese en su hermano. Imagínele…

— ¿Cómo un cura con sotana?

—Mejor no. De esos vete a saber… no me fío.

¿Sabe Ud. lo que es un eunuco?

—Pues la verdad es que me suena la palabra, pero…

—No importa, veo que no es muy leída, eso es normal, tranquila. Imagínele como un hombre al que le han hecho una operación para no tener posibilidades de ejercer actos sexuales.

— ¡Qué horror! No, no, pobrecito.

—Mar, serenidad, amiga, es solo imaginación, no le va a pasar nada malo; le va a impedir estar con su suegra, nada más. Venga… Nos concentramos otro ratito.

—Vale

— ¡Ya está!

— ¿Ya está?

—Sí. Ahora solo esperar unos días y ver los efectos. ¿Tranquila?

—Sí, mucho

—Un par de cositas más y vamos completando todo lo necesario. Esta noche compre la vela del sosiego-león. Yo recibiré una notificación y se la enciendo aquí, como las otras.

— ¿Y eso?

—Ud. siempre tranquila.

—Estoy tranquila, pero…

—Muy bien, la vela de la calma la está ayudando ¿Ve? Pues de ese mismo modo ayudará a su marido.

— ¿¡A mi marido?!

—Sí, sí. Eso es para sosegar cualquier alteración negativa promovida por cualquier eventual filtración que pueda surgir de agentes externos incontrolables

— ¿Y le hablo de Ud.?

—Queridísima Mar, si le cuenta algo de estos tratamientos, se traicionará a sí misma a la vez que eliminará todos los efectos que van en cadena. La fuerza está en la concentración de nuestras energías: las suyas y las mías. Un tercero las rompería.

— ¿Está seguro de que esto resolverá tamaño problema?

—Segurísimo. Y una cosilla más… Me tiene que dar el teléfono de su suegra.

—Uy ¿qué le va a decir?

—Nada que ver con Ud. No se inquiete. Ni siquiera la llamaré. Es un medio simbólico de contacto. Verá, con las velas, mi concentración y unas palabras especiales que voy a decir en cuanto me dé su teléfono, todo-todo quedará en vías de resolución. Ud. no tendrá más qué hacer.

No obstante, cualquier cosa, me llama. El gurú del bienestar siempre la atenderá. Tenga en cuenta, que es mucho lo que hay que remover y recolocar y, además las velas necesitan su tiempo, por algo tiene cada una el tamaño que los elementos astrobiotetralógicos necesitan.

—Sí, cualquier cosa le volveré a llamar. No sabe qué alivio tengo. Muchas gracias, adiós.

—Jalakudilmur la acompañe.

Tres semanas más tarde:

—Hola sr. Gurú, soy Mar de dudas.

—Hola querida amiga ¿En qué la puedo ayudar?

—Solo llamo porque pensé que le gustaría saber los resultados de su ayuda

—Me agrada que me llame, pero ya sé que todo está bien, recuerde que tengo poderes, tengo videncias. Sé que todo sigue tranquilo; que su hermano se ha sentido despechado porque su suegra le abandonó y que ahora ella tiene un asesor que encauza sus ardores.

— ¡Caramba! ¡Cuánto sabe!

—Así es. Pero ya que llama,… veo que su suegra es un poco veletilla, ya me entiende ¿Qué le parece si aseguramos todo con la vela del “corazón estable”?

 

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6 comentarios:

  1. jajajajaja. Me encanta como has solucionado lo de la suegra. Este vidente es muy vivo. Buenísimo.

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  3. Sí que es listillo el Gurú, jajaja. Muy divertido el relato.

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  4. He corregido una errata del primer mensaje...

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  5. Qué divertido. Es un tema que me pone los pelos de punta.

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  6. Muy bueno Iluminada, y muy divertido.

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