Poliedro 2 - Ejercicio
3 C Iluminada
A partir de
ideas recogidas en comentarios sobre programas de consejeros radiofónicos y consultas telefónicas
Cerrando el círculo
Marichu,
eligió el seudónimo “Mar de dudas” y escribió en una hoja todo lo que quería
contarle al asesor espiritual que seleccionó en una página de anuncios: “Gurú Solucionador:
el camino que no vislumbras se llenará de luz”. El anuncio, que además decía:
“Le atenderé en persona. Soy Ernesto James Ruiz de Souza, anglo-brasileño
formado en astrovidencia bioenergética en Bohemia y Juazeiro do Norte”, le
inspiró confianza.
Cuando
todos marcharon, se acomodó en el sillón de la oficina donde desempeñaba su
labor de administrativa y marcó el número con prefijo 806.
Una
locución con voz masculina grave y bien modulada le habló mientras se oía una
relajante música de harpa simulando gotas de lluvia: “En breves momentos se le
atenderá. Le recuerdo que este es un teléfono de tarifa especial”
—Dígame, estoy para ayudar.
—Hola, buenas… estoy atormentada por lo
que le voy a contar; lo leeré para asegurarme de que se lo cuento bien. – Y
narró su preocupación por su suegra ninfómana que se iba a fugar a una isla
griega para dar riendas a su pasión con el hermano menor de ella.
—Querida Mar de dudas, ¿Le parece que
siga en adelante llamándola Mar?
Bueno,… veamos… la he escuchado muy-muy
atentamente. Entiendo sus dudas y su desazón. No se preocupe más, todo se va a
resolver. Veo muy claro lo que Ud. tiene que hacer.
Lo primero, relájese que yo estoy para
ayudarla y todo se va a solucionar favorablemente, pero claro, si hace
e-xac-ta-men-te lo que yo le diga; le parezca bien o le parezca raro. Yo sé de
qué hablo. Más de seis millones de consultantes satisfechos me avalan, como ya
sabrá. ¿O es la primera vez que me llama? Su voz no me hubiese pasado inadvertida,
tiene Ud. un tono precioso, sonoro como una melodía…
—Muchas gracias.
Sí, es la primera vez. Me veo tan
aturdida, tan asustada, toda la familia, la mía y la de mi marido, está al
borde del precipicio. No puedo con la ansiedad que me consume. No sabía a quién
acudir. Vi uno de sus anuncios y me decidí a llamar. Me pareció lo más discreto
que podía hacer. ¿Ud. sabe qué es lo más indicado, lo mejor que puedo hacer
ante lo que acabo de contarle?
— ¡Claro! ¡No se inquiete! Todo está ya
en mis manos, todo va a solucionarse.
—Ay… me alivia tanto escucharle. Me
calma. Dígame qué tengo qué hacer.
—Así está mejor, así, calmada, no se
inquiete más. Le insisto que tiene que seguir paso a paso mis indicaciones. A
ver… lo primero es encender la vela… en cuanto la tenga. Le explico: mire, yo
acabo de encender la vela de la tranquilidad y ya hemos visto el efecto. Ahora
voy a encender la del ordenamiento. Y Ud. tiene que hacer lo mismo, La tiene que adquirir y se la enviamos. Sí la
pide ahora, mañana la tendrá.
— ¿Y cómo lo hago?
—Muy sencillo. No se inquiete por nada. Entre
en mi web y haga la solicitud. ¿Tiene Ud. internet a mano?
—Sí, aquí en el móvil.
—Estupendo. No cuelgue. Busque www.tugurusolucionador.com.
—… A ver… Sí… ¡Aquí está!
—Siga los pasos entrando en “velas del
bienestar y soluciones”. Mientras, iré adelantando otras cosas que tengo que
hacer para su situación.
— ¿Qué cosas?
—No se inquiete: tengo que centrarme y
realizar unos rituales, pero me puede interrumpir cuanto necesite, estoy para
ayudarla.
—Ya he entrado. Pero me parece un poco
caro, no sé si es un error.
— ¿Cómo un error? ¿Qué pone?
—Dice que la vela del ordenamiento son
¡ciento cincuenta y ocho euros!
—Bueno, como es la primera vez no lo
sabe. Le explico. Es natural que le parezca caro porque solo conoce las velas
normales. A ver… decimos vela pero en realidad no es una simple vela. Es una
vela muy especial; hay un trabajo de concentración y videncia astrolábica en su
proceso de producción. Están hechas de una en una, con todo el esfuerzo de
ensimismamiento y meditación, utilizando la energía cerebral conjugada con los
alineamientos astrales. Cada vela lleva todo un proceso amplio y complejo donde
cuentan muchos factores. Es muy laborioso. Y le diré más: no encontrará quien
le pueda ofrecer esto. ¿En cuánto estima la solución de tamaño entuerto que me
ha narrado? Es un precio mínimo teniendo en cuenta las horas que me lleva. Y
hay otras mucho más complejas, como la vela del razonamiento desconflictuador,
que también va a ser necesario en su caso. Esa son doscientos setenta euros,
pero para que no le sume tanto, entre en “situaciones especiales” y verá que en
ese caso le va a costar solamente doscientos treinta euros.
—Bueno, si es así, muchas gracias.
Disculpe, no lo sabía. Pensé que sería diferente, que Ud. me diría qué hacer.
—Y se lo diré, pero mi decir tiene que
ver con estas ayudas imprescindibles.
—De acuerdo. Ya puse los datos que
requiere. Ya están compradas. ¡Ah! Pero hay un problema: ahora sale la vela con
sus medidas y dice que la vela mide un metro y medio y que tiene un grosor de
quince centímetros…
—No, mide exactamente un metro y
cincuenta y ocho centímetros ¿Cuál es el problema?
—Pues que no puedo poner eso en mi casa,
mi marido la vería y se extrañaría mucho. ¿Y cómo se lo explicaría? Él está en
contra de este tipo de recursos. No, no, ¡imposible! ¡Además son dos!
—No se inquiete, Mar. Tranquila. En
realidad tendrán que ser tres. Pero serenidad. Vamos paso a paso y le explico
todo. Yo las pongo aquí en su nombre. No es lo ideal, pero en esos casos, las
pongo aquí en un lugar que tengo para esas situaciones. Somos dos lados
poniendo nuestras energías en la solución. Todo se va a resolver. Ahora mismo,
las estoy cogiendo, he puesto su nombre; eso es importante. Ya están en activo.
Ahora vamos a lo demás.
—De acuerdo. ¿Qué hago?
—Concéntrese en su suegra, vístala
imaginariamente con unos hábitos de monja, los primeros que recuerde haber
visto.
—Ya está. Como las de mi colegio, cuando
pequeña. Las Esclavas. ¿Puede ser?
—Muy-muy bien. Concéntrese. Yo haré lo
mismo, serán unos minutitos.
…
…
—Ya está. Ahora concéntrese en su
hermano. Imagínele…
— ¿Cómo un cura con sotana?
—Mejor no. De esos vete a saber… no me
fío.
¿Sabe Ud. lo que es un eunuco?
—Pues la verdad es que me suena la
palabra, pero…
—No importa, veo que no es muy leída,
eso es normal, tranquila. Imagínele como un hombre al que le han hecho una
operación para no tener posibilidades de ejercer actos sexuales.
— ¡Qué horror! No, no, pobrecito.
—Mar, serenidad, amiga, es solo
imaginación, no le va a pasar nada malo; le va a impedir estar con su suegra,
nada más. Venga… Nos concentramos otro ratito.
—Vale
…
…
— ¡Ya está!
— ¿Ya está?
—Sí. Ahora solo esperar unos días y ver
los efectos. ¿Tranquila?
—Sí, mucho
—Un par de cositas más y vamos completando
todo lo necesario. Esta noche compre la vela del sosiego-león. Yo recibiré una
notificación y se la enciendo aquí, como las otras.
— ¿Y eso?
—Ud. siempre tranquila.
—Estoy tranquila, pero…
—Muy bien, la vela de la calma la está
ayudando ¿Ve? Pues de ese mismo modo ayudará a su marido.
— ¿¡A mi marido?!
—Sí, sí. Eso es para sosegar cualquier
alteración negativa promovida por cualquier eventual filtración que pueda
surgir de agentes externos incontrolables
— ¿Y le hablo de Ud.?
—Queridísima Mar, si le cuenta algo de
estos tratamientos, se traicionará a sí misma a la vez que eliminará todos los
efectos que van en cadena. La fuerza está en la concentración de nuestras
energías: las suyas y las mías. Un tercero las rompería.
— ¿Está seguro de que esto resolverá
tamaño problema?
—Segurísimo. Y una cosilla más… Me tiene
que dar el teléfono de su suegra.
—Uy ¿qué le va a decir?
—Nada que ver con Ud. No se inquiete. Ni
siquiera la llamaré. Es un medio simbólico de contacto. Verá, con las velas, mi
concentración y unas palabras especiales que voy a decir en cuanto me dé su
teléfono, todo-todo quedará en vías de resolución. Ud. no tendrá más qué hacer.
No obstante, cualquier cosa, me llama.
El gurú del bienestar siempre la atenderá. Tenga en cuenta, que es mucho lo que
hay que remover y recolocar y, además las velas necesitan su tiempo, por algo
tiene cada una el tamaño que los elementos astrobiotetralógicos necesitan.
—Sí, cualquier cosa le volveré a llamar.
No sabe qué alivio tengo. Muchas gracias, adiós.
—Jalakudilmur la acompañe.
Tres
semanas más tarde:
—Hola sr. Gurú, soy Mar de dudas.
—Hola querida amiga ¿En qué la puedo
ayudar?
—Solo llamo porque pensé que le gustaría
saber los resultados de su ayuda
—Me agrada que me llame, pero ya sé que
todo está bien, recuerde que tengo poderes, tengo videncias. Sé que todo sigue
tranquilo; que su hermano se ha sentido despechado porque su suegra le abandonó
y que ahora ella tiene un asesor que encauza sus ardores.
— ¡Caramba! ¡Cuánto sabe!
—Así es. Pero ya que llama,… veo que su
suegra es un poco veletilla, ya me entiende ¿Qué le parece si aseguramos todo
con la vela del “corazón estable”?
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jajajajaja. Me encanta como has solucionado lo de la suegra. Este vidente es muy vivo. Buenísimo.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarSí que es listillo el Gurú, jajaja. Muy divertido el relato.
ResponderEliminarHe corregido una errata del primer mensaje...
ResponderEliminarQué divertido. Es un tema que me pone los pelos de punta.
ResponderEliminarMuy bueno Iluminada, y muy divertido.
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