“Soy vidente tarotista, primero por vocación y luego porque me viene de herencia por mi madre, mi abuela, mi bisabuela”… (La Sexta, Equipo de Investigación, viernes 28 de enero de 2022) .
Soy vidente tarotista, primero por vocación y luego porque me viene de herencia por mi madre, mi abuela, mi bisabuela.
Veo las cosas sin buscarlas. Se me imponen y puede ser molesto porque veo demasiado y hay cosas que preferiría ignorar. Por ejemplo soy incapaz de ver una página en blanco. Esto, a los escritores, les atormenta. A mí me encantaría. La rellenaría con todo lo que quiero contar pero no puedo, porque todo ya está escrito. Y me agobia. ¿Dónde está la sorpresa cuando suceden los acontecimientos? Esto de conocer lo que te va a pasar le quita la gracia a cada minuto que transcurre. Es como ahora con el tiempo. Antes tenía su encanto observar la forma de las nubes, distinguir las que anunciaban viento de otras que prometían tiempo perfecto o lluvia, ver si la luna se rodeaba de un halo lleno de misterio, que auguraba día soleado; había incertidumbre y poesía pero ahora, lo prevén todo, hora por hora. Pues lo mismo me pasa con la videncia. Para mí y para los demás. Además, ¿hasta dónde le tengo que contar la verdad al que me consulta? En el fondo el cliente solo quiere saberla si es buena. El otro día me pregunta una señora si su gato siamés, que se escapó por un descuido de ella, iba a volver… ¿Cómo le digo que el minino está espachurrado a menos de un kilómetro de su casa? Le doy esperanzas pero mentirle me agobia. Porque la imagen del gato aplastado como una galleta vuelve una y otra vez y termino “engatada” y casi maullando. Es que es muy duro cargar con todas las desgracias. Algunas realidades también resultan molestas: saber si alguien se ha lavado los dientes o me manda sus miasmas sin higienizar, si lleva las bragas limpias u otras intimidades que enturbian mi vista. He probado a quitarme las gafas pero ni por esas. Lo veo todo, de cerca, de lejos, en la oscuridad, tras una pared… No tengo escapatoria. Hasta pensé en darme un respiro, retirarme en el campo a criar cabras… Pero la verdad es que de cuernos estoy hasta las narices porque los veo todos, los propios y los ajenos. Así que, ¡al cuerno las cabras!
Está claro que la situación no tiene arreglo: debo cargar con esta cruz porque me viene de herencia por mi madre, mi abuela y mi bisabuela.
Muy bueno, Sonia. Me encanta cuando dices que ha probado a quitarse las gafas.
ResponderEliminarSi. Tiene mucha gracia. Y lo de si lleva limpia las bragas. Muy divertido.
ResponderEliminarMuy bueno, sí señora.
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