Leyenda
Él llegó el día once del mes quince del año olvidado a la hacienda amarrada al brocal del pozo. En el pretil se encontraba la enérgica madre mientras saboreaba el tierno brazo de su hermano pequeño entre lágrimas caídas por el polen de las flores.
Cortó un ramo azul en lugar de regalarle un beso. Evitaba el estrujón continuo que quebraría la decima costilla junto al esternón para hacer la sopa. Ella, al intentar seducirlo traumatizó su espesa cabellera contra la piedra que hacía de escaleras.
En esta época olvidada, cualquier sendero hacia
la perfección era considerada un despecho. Si bien, el hijo primogénito de la
madre con calvicie anticipada, en un alarde de compasión, la llevó a un
hechicero que pretendió negociar con el pequeño.
Éste de brazo tierno, al oír la maldad que ante
su alma ingenua se pretendía, huyó despavorido al monte, lejos de la hacienda.
Durante un año se escondió, cual fantasma asustado en medio de la nada. Sin
nadie a quien asustar y asustado de ser fantasma.
Pasaron doce días y, ya, en el mes dieciséis,
creyendo que de hambre había perecido, desistieron de procurar. Siguió su
camino fantasmal hacia la locura, hasta que ocho días después regresó al
brocal. Viendo su reflejo cristalino en el fondo no reconocido, decidió bajar.
Eso pretendió, si no hubiera sido porque el
polen de las flores le recordó la pelada cabeza de la madre y, sintió pena.
Acordándose del negocio insucedido, armado de valor, se dirigió al brujo y robó
con sus dedos parte de los mejunjes. Ante la posibilidad de ser descubierto,
los escondió en su jugosa boca.
Al volver cerca de su progenitora, ante la cara
de espanto, sintió como entre sus manos y lengua abundaba una gran cabellera. El
primogénito de ella pensó que no había sido la piedra, sino el despecho del
pequeño quien se había quedado con la mata de pelo.
La amenaza por su vida lo hizo regresar al
monte. Y así es como surgió la leyenda del fantasma hombre lobo con pelos, que
con el paso de los años se convirtió en el de sin pelos en la lengua. Aquel del
que todos hablaban, pero al que nadie nunca oyó decir nada.
Surrealismo puro con destellos brillantes.
ResponderEliminarIba a hacer un comentario similar a Agustín, me parece su realismo puro, me encanta.
ResponderEliminarQué bien se te da el género de lo extraño! Bravo!
ResponderEliminarGracias. El problema es que debería ser barroco
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