EJERCICIO 2 C) CUENTO RELATO BARROCO Aurora Palomo
LAS AVENTURAS DE TEKKI
Llegabas al cuartelillo, cruzando varios patios traseros, al final de las cuadras, del palacio imperial. Era una casa pequeña, aunque refulgía de limpia y alegre que se encontraba, con las flores en las ventanas y arriates. Allí vivía el ser más bello y feliz del mundo. Se llamaba Tekki y era el hijo pequeño del cuidador de las cabras. Era muy especial para la familia. Para empezar el color de sus cabellos eran azulados con tintes índigo en la frente, el resto era rebelde e hirsuto, con remolinos refulgentes en la coronilla donde los pelos estaban enmarañados. Desde que despertaba, la sonrisa estaba en sus labios y reía y cantaba todo el día. Todos los animales se acercaban para que los acariciara. Hacía muchos de años que el clan de los Aírgela residían en esta zona del palacio. Cuidaban a las cabras, recogían la leche, realizaban quesos y mantequilla con la leche para las despensas de palacio.
Por ser esta zona la más apartada se sentían seguros. Había varias habitaciones y la sala donde cocinaban y comían, todo ello amueblado con la colección de muestras de diferentes clases de muebles que habían traído de lo que tiraban en palacio. El bosque al que llevaban a las cabras, era un espacio en el que encontraban todo lo que necesitaban, leña, vegetales, animales pequeños, los grandes estaban prohibidos por decreto del rey. Tekki disfrutaba perdiéndose por la espesura del bosque, sus aventuras le llevaban a veces hasta los dominios de caza del rey, un vasto territorio que ocupaba varias montañas que estaba vedado a los aldeanos. Ahora la fauna estaba desapareciendo.
El rey estaba preocupado pues los grandes animales como ciervos, venados, osos, lobos se habían esfumado. Reunió al consejo del reino que decidieron enviar a tres caballeros para que recorrieran el vasto territorio de caza y trajeran noticias de lo que ocurría.
Bien temprano aparecieron los caballeros. El caballero Ligarto Blanco, con un atuendo níveo como una nube y un postizo bisoñé, que amasaba para que la pelambrera reluciera entre tanta oscuridad. Montado a caballo, parecía que dormía, pero vigilaba todos los movimientos y rincones del patio de armas.
El caballero Rotca Negro, era cetrino, con cara fosca y descarada, se paseaba orgulloso por todo el patio de armas con la pluma de su sombrero levantada. Su presencia se notaba al momento que entraba en cualquier lugar, vestido todo de negro. Trataba con altanería a todas las personas. El rey lo miraba con recelo.
El caballero Birchet Rufo, hizo las delicias de todo el personal del palacio, con sus carantoñas y fruslerías, saliendo de él, envuelto en corpiños y enaguas de varias damas. Estaba bien alimentado y no sentía la necesidad de cazar. Sus terrenos eran las zonas oscuras y silenciosas del palacio, donde en cualquier rincón encontraba una dama dispuesta a reír con él. Aún no conocía al rey. Era como un gato callejero.
A la orden del rey se pusieron en camino, al llegar a la entrada del bosque, cada uno escogió una dirección.
Ligarto fue al norte, en medio de la espesura y frondosidad del bosque, encontró una senda tortuosa por la que era difícil cabalgar, desmontó y siguió a pie por peligrosos vericuetos, después de un tiempo, se sentó a descansar, comió una exquisita manzana que le habían envuelto en un lienzo aterciopelado y sacó un delicado cuchillo, con el que la cortó en minúsculos pedacitos. Cuando terminó de comer, se quedó dormido. Al despertar, descubrió que estaba desnudo. El terreno de arcilla caliza le daba una patina blancuzca a los matorrales que crecían y crecían hacia él, se levantó gritando e intentó correr, una liana le enredó el bisoñé, al buscarlo los matorrales de zarza y jara lo envolvieron quedando de pie como un pino, en el que se convirtió.
Rotca se dirigió al oeste. Después de cabalgar unas horas, el terreno comenzó a cambiar, ya no había árboles, el suelo era áspero como si estuviera pisando cristales, el caballo cojeaba y se apeó para mirarle las patas, no le vio nada especial. Al volverse a montar volvió a cojear, así que bajo de la montura y caminó con las bridas en las manos. El terreno era inestable, había grandes oquedades con una ínfima partícula de agua oscura en el fondo. La altanería del caballero era tal que le gritaba al caballo y lo fustigaba para que fuera más rápido, bordeando las zanjas por las que se resbalaban. En estas que el caballero resbaló y cayó. Quedó colgado de las riendas del caballo, este encabritado de miedo tiro fuerte, pero unas raíces sujetaron los pies de Rotca y lo arrastraron al fondo del légamo cenagoso. Caballero y caballo fueron engullidos con un ruido ensordecedor.
Birchet enfiló el camino del sur, pronto se dio cuenta que estaba introduciéndose en un pantano. Ordenó a su caballo dar la vuelta y su sonrisa desapareció, ya no se vislumbraba ningún camino, todo era una gran ciénaga llena de matorrales y ramajes que serpenteaban hacia los árboles. Solo podía ir hacia delante. De improviso, a la altura de sus ojos, sentada en una enredadera vio un lagarto de color verde y rojo que le hablaba.
—¿Qué? ¿Perdido?— le dijo—moviendo coqueta las pestañas
—Me dijeron que estabas por aquí y he venido a conocerte.
—¿Quieres salir de este entramado impenetrable de matorral, hojas y cieno?
Brichet asintió con la cabeza
—Yo también. Espero que lleguemos a un acuerdo en beneficio de ambos.
—¿Cual es tu propuesta?
—Te indicaré el camino con dos condiciones: una que me des un beso antes de salir del pantano y dos que nos casemos. Ah! Si crees que vas a engañarme, estás equivocado, muchos han pasado por aquí y lo han intentado sin éxito y han perecido en el pantano. Soy muy vengativa con las personas que me traicionan y me abandonan.
Brichet consideró en el laberinto en el que estaba y acepto las condiciones.
Mientras tanto Tekki había pedido la bendición de su padre para salir a buscar la solución de lo que ocurría. Cogió tres cabras del rebaño y se internó en el bosque hacia el este. Como buen conocedor de la floresta por la que caminaba a diario, pronto encontró la forma de dirigirse hacía su destino, al reino de los Seres Sintientes. En tres jornadas atravesó valles, ríos y montañas, dejando una cabra como peaje en los sitios convenidos.
Estos seres vivían entre ríos y cascadas, sus casas eran de cristal tallado que relucían con el sol con irisaciones de múltiples colores.
Tekki presentó sus respetos a la audiencia de ancianos. Estos le otorgaron el beneplácito para escuchar lo tenía que decirles, si lo que les dijera no fuera de su agrado, tendría una respuesta furibunda.
Tekki expuso lo que estaba ocurriendo en los bosques del rey, los animales habían desaparecido y ni él, que conocía la floresta, como si fuera su propia casa, encontraba alguno. Se habían volatilizado de un día para otro.
Uno de los anciano, después de consultar con los otros le dijo.— Tendrás que ir a las montañas Áureas y encontrar la cueva del dragón Esmeralda, sentarte y esperar. Allí encontrarás la respuesta.
—¿Cómo llegaré allí?
—En lo alto de las cascadas hay un ser que te llevará.
Cuando llegó, encontró un caballo alado del mismo color que su pelo, acercaron sus frentes y Tekki le indicó dónde ir. En lo alto de la cabalgadura con las melenas al viento, ascendieron en el firmamento rumbo a las montañas Áureas. Con un vuelo raudo, sutil y dinámico llegaron a su destino, planearon por las cumbres hasta que encontraron la cueva y posó su etérea presencia en una roca verdosa. Desmontó del caballo y observó como se elevaba con elegancia majestuosa el vuelo.
Allí se encontraba Tekki solo, descendió hasta la cueva que era de esmeraldas y se internó en ella. Salas y salas verdes con brillos intensos fue lo único que encontró. Ya cansado se sentó a esperar, abrió el zurrón que llevaba y comenzó a comer pan y queso que llevaba, el cansancio pudo con él y entró en un letargo, en un ensueño en el que el dragón Esmeralda le enseñaba la solución del conflicto en los bosques del rey.
En la placidez y serenidad de la cueva, antes de abrir los ojos, Tekki se sintió en paz con lo que tenía que realizar y con la fuerza y el poder de llevarlo a cabo, con la aquiescencia del rey o no.
Despertó, se sentó de golpe, estaba en el bosque que tan bien conocía y comenzó a recordar lo que tenía que realizar.
Salió del bosque y atravesó todos los patios del palacio y llegó al patio de armas. Los soldados no lo dejaron pasar y comenzaron a reírse de él cuando les dijo que necesitaba hablar con el rey para solucionar el problema de la desaparición de la fauna de la floresta. Pero Tekki no se movió un centímetro de dónde estaba, empezaron a arremolinarse alrededor de él todo el personal del palacio y un gran murmullo subía hasta que llegó a la estancia en la que se encontraba el rey.
—¿Qué está ocurriendo?
—Señor, un molzabete quiere hablar con vos, dice que tiene la solución para que los animales vuelvan al bosque.
—¡Traedlo a mi presencia!
Los soldados escoltaron a Tekki hasta el rey, que se había sentado en el trono.
TEKKI.—¡Majestad!
REY.—¿Quién eres tú? ¿Cómo osas interrumpir los asuntos de estado?
TEKKI.— Soy Tekki, el hijo del cuidador de las cabras de palacio. Estoy habituado a recorrer los bosques con las cabras y me di cuenta como desaparecían la fauna de ellos. Así que fui en la dirección en la que los tres caballeros no quisieron ir.
Me dirigí hasta el reino de los Seres Sintientes, un lugar muy alejado de aquí. Les explique la situación y me enviaron a las Montañas Áureas, allí tenía que esperar que el Dragón Esmeralda se pusiera en contacto conmigo.
Después de mucho tiempo esperando, un sopor cerro mis ojos y quedé dormido. El Dragón llegó a mi lado y me dio las instrucciones para solucionar el problema que vuesa merced tiene en los bosques.
REY.—¿Y cuál es esa solución?
TEKKI.— El Dragón me dejó muy claro que si estas directrices no eran acatadas, los animales no volverían.
REY.—¿Y cuales son esas directrices?
TEKKI.— No más batidas de caza.
No más trampas.
La caza será solo para alimentarse.
Podrán cazar tanto el Rey como los vasallos.
Solo podrán ver a los animales que están dispuestos a dar
su vida para alimentaros, cuando lleven un arma.
Dar las gracias al animal cuando haya sido abatido, uniendo
la frente con la de él.
Podrán recorrer el bosque y admirar la belleza y elegancia
de los animales, pero si un arma apareciera ante ellos
desaparecerían.
Si un arma es disparada en la distancia sin que el animal lo
apercibiera, el resto de los animales se esfumarían.
REY.—¿Y estas directrices son de obligado cumplimiento?
TEKKI.— Si
Entonces el rey enfurecido, mandó encarcelar a Tekki, le quitó la concesión de cuidador de las cabras a su familia y los expulsó de palacio y envió a los soldados a cazar salvajemente al bosque.
Solo encontraron silencio y oscuridad, nada se movía, nada sonaba, el silencio eran tan inmenso que los soldados decidieron volver.
El rey se puso a la cabeza de su ejercito y entró en los bosques, no encontró ni siquiera un escorpión, el silencio era sepulcral, el sol estaba oculto por unas nubes negras que oscurecían aún más el bosque.
Al final del día volvió al palacio y decretó en un bando las consignas del dragón que le había transmitido Tekki.
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