lunes, 17 de enero de 2022

Ejercicio 1C- Rocío de Juan

 CINCO AÑOS TE DARÉ

Lino Valverde tenía cinco años cuando su madre se fue de casa. Fue corriendo a la fragua donde trabajaba su padre.

Mamá se fue.

El hombretón levantó la mirada un momento del yunque y miró hacia delante, como si hubiera una gran esfera invisible que le indicase el tiempo. Dio un suspiro y le explicó a su hijo:

Mi madre también se fue cuando yo tenía tu edad. Y la de mi padre. Vete a casa de la tía a que te dé la merienda.

Aceptado este extraordinario acontecimiento, Lino, que no tenía más hermanos, creció gracias a los cuidados de su padre y de su tía, y un día le llegó el momento de pensar en tener su propia familia.

Una chica de la misma aldea, Teresa, le hacía ojitos desde hacía tiempo y a él también le gustaba, pero solo pensar lo que ocurriría si tuvieran un hijo le impedía dar un paso. «¡No quiero que me abandone».

¿Y quién te ha dicho que no puedas evitar los niños? Su amigo Pepín estaba más ducho que él en esas lides y le cuchicheó cómo debía prevenirlos.

A las pocas semanas Teresa y Lino se casaron y durante los tres primeros años su vida transcurrió con muchas carantoñas y mimos, pues eran jóvenes y se atraían de verdad. Hasta que un día Lino vio que de la casa salía una vecina con fama de curandera.

¿Te ocurre algo, Teresa? ¿Por qué ha venido esa mujer?

La joven lloraba, tendida en el lecho de matrimonio.

—No lo entiendo, Lino. Soy joven, sana, tengo mis… ya sabes, todos los meses van bien, pero no consigo quedarme embarazada. ¡Y tengo tantas ganas de ser madre! ¡De darte un hijo!

Somos muy jóvenes, Teresa, ¿por qué no esperas un poco más? Quizá dentro de un año o dos, cuando no lo ansíes tanto, vendrá…

Tienes razón, tienes razón. Eres el mejor marido, tan paciente, tan comprensivo…

Y pasaron dos años, en los que la joven se tragó su deseo, y Lino se acostumbró al egoísmo de tenerla solo para él, de modo que siguió evitando la concepción gracias a los recursos de su amigo Pepín. Hasta que un día, regresó a su casa, y se encontró con la curandera, que casi no quería mirarle a los ojos.

¿Qué ha sucedido? ¿Dónde está mi mujer?

Ella negaba con la cabeza, medio escondiendo algo a la espalda.

La sospecha pasó por la cabeza de Lino. Con un fuerte empellón, le obligó a enseñarle lo que guardaba. Era la prueba de sus mentiras a Teresa.

Una vez más, otro Valverde había perdido a su mujer.

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