CINCO AÑOS TE DARÉ
Lino Valverde tenía cinco años cuando su madre se fue de
casa. Fue corriendo a la fragua donde trabajaba su padre.
—Mamá se fue.
El hombretón levantó la mirada un momento del yunque y miró
hacia delante, como si hubiera una gran esfera invisible que le indicase el
tiempo. Dio un suspiro y le explicó a su hijo:
—Mi madre también se fue cuando yo tenía tu edad. Y la de
mi padre. Vete a casa de la tía a que te dé la merienda.
Aceptado este extraordinario acontecimiento, Lino, que no
tenía más hermanos, creció gracias a los cuidados de su padre y de su tía, y un
día le llegó el momento de pensar en tener su propia familia.
Una chica de la misma aldea, Teresa, le hacía ojitos desde
hacía tiempo y a él también le gustaba, pero solo pensar lo que ocurriría si tuvieran
un hijo le impedía dar un paso. «¡No quiero que me abandone».
—¿Y quién te ha dicho que no puedas evitar los niños? —Su
amigo Pepín estaba más ducho que él en esas lides y le cuchicheó cómo debía
prevenirlos.
A las pocas semanas Teresa y Lino se casaron y durante los
tres primeros años su vida transcurrió con muchas carantoñas y mimos, pues eran
jóvenes y se atraían de verdad. Hasta que un día Lino vio que de la casa salía
una vecina con fama de curandera.
—¿Te ocurre algo, Teresa? ¿Por qué ha venido esa mujer?
La joven lloraba, tendida en el lecho de matrimonio.
—No lo entiendo, Lino. Soy joven, sana, tengo mis… ya sabes, todos
los meses van bien, pero no consigo quedarme embarazada. ¡Y tengo tantas ganas
de ser madre! ¡De darte un hijo!
—Somos muy jóvenes, Teresa, ¿por qué no esperas un poco
más? Quizá dentro de un año o dos, cuando no lo ansíes tanto, vendrá…
—Tienes razón, tienes razón. Eres el mejor marido, tan
paciente, tan comprensivo…
Y pasaron dos años, en los que la joven se tragó su deseo, y
Lino se acostumbró al egoísmo de tenerla solo para él, de modo que siguió
evitando la concepción gracias a los recursos de su amigo Pepín. Hasta que un
día, regresó a su casa, y se encontró con la curandera, que casi no quería
mirarle a los ojos.
—¿Qué ha sucedido? ¿Dónde está mi mujer?
Ella negaba con la cabeza, medio escondiendo algo a la
espalda.
La sospecha pasó por la cabeza de Lino. Con un fuerte empellón,
le obligó a enseñarle lo que guardaba. Era la prueba de sus mentiras a Teresa.
Una vez más, otro Valverde había perdido a su mujer.
Me ha encantado ese aire de cuento tradicional. Bienvenida!
ResponderEliminar¡Gracias! Ya sabes que yo soy muy de cuentos ;-)
EliminarEs magnífico, un gustazo leer este cuento con un sabor tan de antaño.
ResponderEliminar¡Gracias, linda!
EliminarEscueto y directo, genial Rocío.
ResponderEliminar¡Gracias! :-) Perdóname, pero no sé quién eres, ay
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