Mnemósine,
divina madre de las divinas musas,
que bordas en el tiempo
con hilos de fuego y hielo
los silencios y los arrullos
de mis labios rotos.
Mnemósine,
yo te invoco
en estas horas de bruma y confusión,
de desolación y desesperanza.
Yo te suplico que no sueltes mi mano helada
y sacies mi sed con el liquido dulce de aquello que fue.
Mnemósine
concédeme el retorno
de los años azules y de los ocres,
de los días rumorosos y salados,
de las palabras tiernas
y de las amargas también
Mnemósine,
divina madre de las divinas musas,
te espero
estatua de sal inmóvil
en el triste páramo
de lo perdido.
Buenísimo, Amelia. El tema del barroco me pareció horrible y pensé que los ejercicios iban a se, igualmente, un horror, y resulta que estáis escribiendo cosas impresionantes. La tuya me encanta a pesar de ser claramente barroca. ¡¡¡ Muy buena!!!
ResponderEliminarUn tema terrible Amelia. Y qué bien lo tratas. Me ha parecido sensacional. Aplausos.
ResponderEliminarQué bonito!!! Enhorabuena!
ResponderEliminarufff, precioso, qué poema más bello
ResponderEliminarConmovedor y muy bello poema oración.
ResponderEliminar¡Una maravilla de poema, Amelia! Emociona, deslumbra, transporta...Y se cierra de forma magistral. ¡Enhorabuena!
ResponderEliminarQué bonito Amelia! Bonito y desolador al mismo tiempo
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