1.-Relato
Pensé en huir. Lo hice en muchas ocasiones cuando oía el
chasquido de la baldosa despegada del jardín. Al salir del trabajo de la
empresa de limpieza, compraba el pan y me dirigía a casa alrededor de las dos. Era
siempre la primera en llegar. Varias horas después oía la misma pisada en el
mismo lugar como si necesitara anunciar su llegada.
Desde ese instante tenía varios minutos para tomar una
decisión. Al cabo de tres años no había decidido nada. Un minuto por cada día
del año suponían más de dieciocho horas en las que seguía dándole vueltas a la
posibilidad de escapar.
Hablé con un experto que expresaba sus dudas ante la idea
de alejarme de los sueños. Aún ignoraba la veracidad de lo ocurrido. ¿Por qué a
las cuatro de la tarde me despertaba aquel azulejo roto? Cansada, decidí pegarlo
con fuerza al suelo.
No funcionó. Todo volvió a la misma hora. Me armé de valor,
corrí ligeramente el borde derecho de la cortina blanca y miré tímidamente
hacia afuera para evitar ser descubierta. La verja seguía cerrada tal como la
había dejado. Encima de la baldosa, permanecía la silla vieja que coloqué para
evitar que alguien la pisara mientras continuaba húmeda.
Volví a recostarme en el sofá, sin reflexionar. O tal vez
sí. ¿Quién pisaba cada día con tanta fuerza? ¿Me quedaba dormida? ¿Quién me
despertaba? ¿Porqué quería huir? Lo cierto es que todo volvía a la normalidad
sobre las seis de la tarde.
Al día siguiente compré una cámara de seguridad y la
instalé en la puerta. El sonido recurría sin que quedara grabado nada. Empecé a
tener miedo a los fantasmas, a los espíritus. El siguiente paso sería
informarme de los antiguos habitantes de la casa. Llamé al vendedor de la
inmobiliaria que me llevó hasta sus anteriores dueños. Éstos hacia los
anteriores y, así, sucesivamente.
Nada extraño, salvo una escritora solitaria que publicaba libros
sobre los sueños. Investigó sobre el origen de los ellos, la intensidad de los
mismos, la necesidad de tenerlos o no, sin dejar escrita ninguna conclusión.
Yo soñaba, sí, sobre todo despierta. Siempre me gustó soñar
despierta, porque cazo ideas, por eso me cuesta dormir. Seguiré divagando en la
creatividad y así podré imaginar, o soñar, o huir.
Un fantasma que te visita. ¡Qué miedo!.....Lo mismo tienes que dejar el trabajo y cambiar de casa.
ResponderEliminarBuen párrafo de apertura. Ten cuidado con la palabra azulejo que remite a pared, no suelo (¿losa, loseta?). Mira esta frase: "Investigó sobre el origen de los ellos". Personalmente no nombraría a los fantasmas, dejaría que el lector sacara sus concusiones, no brindaría esa solución. Mejor muestra por qué la protagonista piensa en fantasma, como haces al hacerla investigar a los antiguos habitantes. Pero está muy bien. Enhorabuena.
ResponderEliminarDe los ellos es errata, se coló el artículo plural. Azulejo... Sí lo vi pero no se me ocurría sinónimo, debí buscar. Gracias jefe2
ResponderEliminarEstoy con Agustín en que omitiría la palabra fantasma y dejaría que el lector lo interprete. Yo por mi parte interpretaría que el ruido de la loseta en el sueño le hace olvidar su soledad.
ResponderEliminarPero realmente suena la loseta? El último párrafo es clave
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