Aparece la vida.
Conocí el choque de calor infantil agua colonia,
un sudor mezclado con madera vieja,
probables liendres y miles de guarismos,
seres pluricelulares encargados de mis acciones.
Las mañanas duraban sesenta mármoles horas,
ante la sorprendente capacidad para aprender el cero.
Conocí la ventaja de soñar bacteria despierta o,
despertar mientras soñaba con treinta y cinco mil millones
de años.
Encontré fuentes inimaginables de nutrientes comestibles,
escondidas al amanecer con maternal amor y sutileza,
que estimulaban jóvenes células nerviosas surgidas
entre amenazas hereditarias y animales fascinantes.
Ocasionalmente superada por estipes de organismos que
reaccionaban con respuestas más adaptadas.
Miraba los cuervos con capacidad cuantitativa,
superior a mi propio cerebro de hormiga.
Con el paso de los años y la yuxtaposición de las puertas
aumenté la complejidad del propio sistema nervioso,
en un avance crucial adoptado para la supervivencia,
impropio de una abstracción matemática.
Dócil hazaña agrupadas de dos en dos,
mayores y menores enriquecidos impares
de procesionarias urticantes,
sin perder esencia los dedos de la mano
No entendí nada, pero de eso se trataba el ejercicio, no? Bravo
ResponderEliminarSi, se lo leí a un amigo y le pareció incomprensible hasta q se lo explique y le encantó jj
ResponderEliminarEstá muy logrado! Aplausos!
ResponderEliminarMe parece muy interesante el uso de los términos científicos. No lo veo tan absurdo como tú esperas, yo creo que lo he desentrañado. Esa aparente falta de sentido lo produce el que metas palabras inconexas que rompen el ritmo de significación, pero si fueras un poeta consagrado diríamos que es genial, porque es un ejercicio de la estética por la estética.
ResponderEliminarCreo que entiendo algo, pero no estoy segura. A mi es que me encanta tu estilo neobarrocosurrealista
ResponderEliminarGracias
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